Lunes, julio 22, 2024

Calakmul Resort

¿Qué es lo importante para el ser humano?, ¿qué es lo importante para las culturas?, qué para los gobiernos?, ¿qué para los mercados? Dependiendo del lugar que ocupemos en el espectro ideológico del mundo de hoy, daremos respuesta a semejantes preguntas y lo haremos partiendo de lo que ya se encuentra establecido como verdades incontrovertibles en el pensamiento pretendidamente universal que es el occidental. Si se es de derecha, centro derecha, ultraderecha, la respuesta es clara: lo importante es la producción de mercancías y servicios, la acumulación de capitales en las manos apropiadas (generalmente en términos de raza, clase y formación en instituciones privadas) y la constitución de instituciones democráticas que sirvan como meros árbitros de estos procesos, ya sea que produzcan las normativas para ello, que las ejecuten o que las juzguen, pero siempre en beneficio de los capitales. Claro, clarísimo. Si se es de izquierda, centro izquierda, ultraizquierda, tradicionalmente, se diría que en el centro de todo se encuentra el proletariado. Sin embargo, hoy esto no está tan claro, no al menos en todo lo realizado por aquellos gobiernos que se autodenominan de izquierda o que provienen de movimientos y partidos tradicionalmente de izquierda. En efecto, muchos gobiernos de izquierda en los últimos 40 años han tenido que plegarse a las reglas del mercado para poder integrarse al, en su momento, denominado Nuevo Orden Internacional, hoy la globalización, y así adherirse a los bloques económicos regionales. Los partidos de izquierda en Europa son un claro ejemplo de lo que hablo: han resultado, en muchos casos tan o más neoliberales que los gobiernos de derecha. En nuestro país, la cosa puede ser similar, con algunas diferencias.

Me explico. Antes que nada, como lo he hecho en otras ocasiones, me declaro de izquierda y partidario de que se encuentre en el poder. En las pasadas elecciones voté por la continuidad del proyecto en la figura de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, no emití un cheque en blanco y he tenido mis reservas sobre varios aspectos de la 4T y los he ido externando poco a poco a lo largo del sexenio. En este sentido, desde este espacio he manifestado mi abierto rechazo al proyecto del Tren Maya por considerarlo asombrosamente neoliberal -proviniendo de la 4T- y porque contribuye, como lo han hecho otros proyectos turísticos, a la subordinación histórica de los pueblos mayas a los vaivenes capitalistas desde la Colonia. Sí, el tren maya, junto con muchos otros proyectos turísticos, representa una de las expresiones neocolonialistas del presente milenio. Muchos países del caribe, incluido el nuestro y otros del Pacífico, también incluido el nuestro, se encuentran indefectiblemente adheridos a una economía turística y responden a las necesidades y caprichos de una actividad tan volátil y superficial. Como afirma Alberto Díaz- Cayeros en una interesante reflexión sobre el Turismo y el Colonialismo publicado en el portal Medium en 2022, el “forastero [es decir, el turista] llega desde una posición asimétrica de poder, que hoy en día es producto del poder adquisitivo de sus dólares (o euros), ya no de la otrora superioridad militar en el proceso de expansión imperial del colonialismo. El turista exige que se le ofrezca un trato de excelencia en el servicio, donde todos los detalles de su estancia turística tienen que ser placenteros y acordes a sus expectativas. Las grandes cadenas hoteleras han perfeccionado sus procesos organizacionales para que la estancia se adapte al turista, en lugar de que el extranjero se adapte al país al que ha llegado. Esta es la diferencia fundamental, a mi modo de ver, respecto a un turismo no colonizante. Cuando un extranjero llega a tomar un café en Italia, por ejemplo, el barista no adapta su receta de café exprés a los gustos culinarios del extraño: el turista es el que tiene que aprender a comer y beber como un italiano. O como un español, francés, o japonés”. Esto es, sin duda, la subordinación del lugar y su población a los intereses del visitante. Lo podemos ver claramente en los cientos de “resorts” en la zona maya, en Oaxaca, en Guerrero, en Sinaloa, en Veracruz y un largo etcétera, espacios cuya actividad económica está prácticamente relacionada con el turismo. En el área maya, se agregan directamente las zonas arqueológicas y ello conlleva muchos otros elementos a tomar en consideración: el valor histórico y cultural de las zonas arqueológicas y el valor que tienen para las comunidades – en estos casos, mayas- que son herederas directas de estas ciudades y que, no en pocos casos, tienen en ellas espacios de culto y de convivencia. Sin embargo, en México tenemos ahora nuevos actores en este esquema: el Estado y el ejército, tan rocambolesco como suena.

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Escribo estas líneas a raíz de lo reportado en varios medios nacionales y locales con respecto a un hotel desarrollado en el contexto del Tren Maya en la reserva de la biósfera de Calakmul, en Campeche, y que no ha reportado su impacto ecológico y cultural a la UNESCO. Según una nota publicada por el medio Animal Político, “El hotel que construye el Ejército en la Reserva de la Biósfera de Calakmul ha sido excluido de documentos oficiales y la UNESCO no ha sido informada del proyecto, pese a que es patrimonio mixto de la humanidad (…) Las obras de SEDENA no respetan las disposiciones que el decreto prevé para este área, ya que determina que en la zona de amortiguamiento sólo están permitidas actividades de ‘turismo de bajo impacto ambiental’, que se pueden desarrollar si ‘se comprueba que fueron emprendidas por las comunidades que ahí habitan y son estrictamente compatibles con los objetivos, criterios y programas de aprovechamiento sustentable’, y en caso de que ‘su desarrollo no implique modificaciones de las características o condiciones naturales originales’”. Según otra nota publicada por La Jornada en abril pasado, la “Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) debe dar a conocer la Manifestación de Impacto Ambiental de seis hoteles que forman parte de las obras complementarias del Tren Maya en Palenque, Chiapas; Tulum, Quintana Roo; Calakmul y Edzná, Campeche; así como Nuevo Uxmal y Chichén Itzá, Yucatán, instruyó el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI)”. A la fecha, lo anterior no ha sucedido, aunque en diciembre pasado el presidente argumentó en una de sus “mañaneras” que no se está vulnerando la selva con la construcción de los hoteles. Como sea, planes más, planes menos, no se entienden las razones para no otorgar la información solicitada; de igual manera, considero necesario que se expliquen los impactos a largo plazo que una infraestructura como esa tendrá no sólo a nivel ecológico sino cultural. En principio se pensaría que habrá beneficios para el conocimiento y la exploración de una ciudad tan importante, gracias al interés que generará el turismo. Pero a la larga, ¿qué tanto importa el conocimiento como la derrama económica que generarán el tren y sus hoteles?

De todo esto me surgen varias preguntas y preocupaciones. Primero que nada, a nivel macro, desde hace tiempo me tiene atribulado la enorme presencia que tiene el ejército en todos estos proyectos y en otros aspectos de la vida nacional. Según se reporta en una nota publicada en el portal de la revista Forbes, la SEDENA es la encargada no sólo de la construcción de estos hoteles, sino también lo será de su administración. ¿Por qué construye? ¿Por qué ahora se dedica a la hostelería -ya lo hace en el Hotel de Santa Lucía en el nuevo Aeropuerto-? Esto genera suspicacias, sobre todo entre muchos de nosotros que tenemos memoria y que sabemos lo que sucede cuando un país es administrado por el ejército. De hecho, esa misma preocupación, el de la presencia del ejército, fue calificado como un pendiente de la 4T por Julio Hernández “Astillero” en un panel llevado por Inna Afinogenova llamado “CaféInna” para el Canal Red Latinoamérica. Como afirma Díaz- Cayeros, “contener las fuerzas del mercado turístico uniformizante, colonizante y de enclave es un reto mayúsculo, que requiere probablemente algo más que una historia de soberanía política y autonomía de pueblos originarios. También se requiere probablemente de cierta fortaleza en la identidad cultural que permite expresar un orgullo especial por ser miembro de una comunidad imaginaria, que no es la nación, pero que está ligada a los primeros habitantes (o cuanto menos a una versión mítica re-inventada quizá, sobre esos habitantes originarios)”, ello en cuanto a la importancia que tiene para los mayas el que todo esto se lleve considerándolos, sin vulnerar su identidad ni su cultura, ni la representación de su pasado. Pero, subyace otra pregunta: ¿qué sucede si esa fuerza del mercado está propiciada por el propio Estado, soportado por el ejército? Bueno, francamente no acabo de comprenderlo. ¿Qué planes tiene nuestra próxima presidenta sobre estos temas? Julio Hernández apunta algo sumamente interesante sobre ella: Claudia Sheinbaum proviene de la militancia de izquierda y ha sido formada en ese sentido, más que el mismo AMLO. Por tanto, ¿estará de acuerdo, primero, con la enorme presencia militar? Y, segundo, ¿considera que semejantes embates de tinte neoliberal continúen de la misma manera o buscará integrar a las comunidades en proyectos que tengan menor impacto ecológico y cultural? ¿Podrá? En verdad espero que lo haga. De hecho, una de las razones por las que voté por ella, es porque considero que no sólo se hará estas preguntas, sino tomará cartas en el asunto y creará los equilibrios necesarios que beneficien a la población, fin último del servicio público. Estoy convencido que de llegar su contraparte, Xóchitl Gálvez y la camarilla que la acompaña, tales proyectos no sólo no dejarían de existir, sino que estarían en manos de cuanto interés peregrino llegara y así sí, el interés sería construir un “Disney Maya” con parque de diversiones, resort, botargas y promocionales. Ojalá en verdad nos libremos de eso.

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