Biestro ignora a las estructuras de Morena en su camino de ser candidato a alcalde de Puebla

Es Imagen/ Jafet Moz

En la medida que pasa el tiempo el panorama se aclara, sólo habrá dos figuras de Morena que van a disputar la próxima candidatura a alcalde de Puebla: Claudia Rivera Vivanco, quien buscará ser la primera edil capitalina en reelegirse, y el líder del Congreso local, Gabriel Biestro Medinilla, quien intentará llegar a la nominación bajo el apoyo de las bases originales del movimiento lopezobradorista.

Sin embargo, lo que llama mucho la atención es que en la medida que pasa el tiempo, Gabriel Biestro aumenta su promoción en colonias y juntas auxiliares de la capital, pero sin buscar a los grupos, organizaciones y activistas de Morena y de fuerzas políticas aliadas al movimiento lopezobradorista.

Entre los grupos y estructuras electorales que Biestro ha ignorado, están los activistas que jugaron un papel importante en las campañas electorales de 2018 y 2019 a favor del actual gobernador del estado de Puebla, Luis Miguel Barbosa Huerta. Que se supone tendrían ser los cuadros de mayor identidad con el actual líder de la fracción morenista del Poder Legislativo.


Fuera de un operador base que tiene Gabriel Biestro, junto con el apoyo de algunos diputados locales de la capital, el equipo del coordinador parlamentario parece flaco y sin los tamaños necesarios para enfrentar a la edil Claudia Rivera Vivanco, que tiene una alta proyección en la prensa local y un nutrido grupo de seguidores morenistas.

Nadie duda que Biestro es muy conocido en las estructuras electorales de Morena, no sólo por ser fundador del movimiento lopezobradorista y haber sido presidente estatal de esta fuerza política durante los aciagos años del morenovallismo, que incluye el complicado año de 2018, en que un fraude electoral les arrebató a los morenistas la gubernatura del estado.

No obstante, entre el electorado en general el nivel de conocimiento del legislador no rebasa los 20 puntos, que es una medición –a estas alturas, faltando 9 meses para los comicios y 5 meses para la nominación– muy endeble.

Sobre todo cuando el grueso del electorado conocen –con opiniones positivas o muy negativas– a Claudia Rivera Vivanco, quien sería identificada por 8 de cada 10 electores.

O contra Eduardo Rivera Pérez, quien se perfila a ser el candidato del PAN a la alcaldía de Puebla y tiene un nivel de conocimiento de 90 por ciento, luego de que ya fue presidente municipal, es líder del panismo tradicional y en 2018 realizó una segunda campaña electoral.

Biestro ha basado su activismo en abrir algunas oficinas de gestión, en juntas auxiliares y colonias populares. En estar muy activo en sus redes sociales, supuestamente teniendo comunicación directa con los habitantes del municipio de Puebla.

Y con constantes ataques de él, otros diputados o regidores aliados contra Rivera Vivanco, que hasta el momento son esfuerzos insignificantes para posesionar al coordinador de los legisladores de la 4T.

Como fue el caso de la intervención de la diputada Nora Merino Escamilla –quien es muy cercana a Biestro–, que la semana pasada lanzó diatribas contra Claudia Rivera pero que reflejaban una pobre argumentación de la legisladora y hasta cierto extravío, pues culpó a la edil de ser la responsable por las muertes de Covid–19, cuando la edil es ajena a los servicios de salud o tener alguna incidencia directa en el estado de los enfermos de coronavirus.

Dentro de Morena, sobre todo entre los grupos que están desconcertados por la soberbia de Gabriel Biestro de no buscarlos para integrarlos a su proyecto, advierten que al líder parlamentario le podría acabar ocurriendo el fenómeno del priista Javier López Zavala.

En 2010 López Zavala era el hombre con más poder en Puebla por el control que tenía del Ejecutivo, su estrecha cercanía al entonces gobernador Mario Marín y el dominio que su facción –a través de Alejandro Armenta Mier– tenían del aparato oficial del PRI. El político tenía todo, menos dos factores: el ánimo del electorado y de las bases del tricolor, de los grupos que no eran afines al marinismo.

Esa condición, más la negociación que Mario Marín realizó con el entonces candidato opositor Rafael Moreno Valle Rosas, hicieron naufragar al candidato priista, que siempre se quedó esperando el apoyo de las fuerzas vivas del PRI, que al final lo vieron como alguien lejano porque nunca los tomó en cuenta.

Ahora a Biestro le podría pasar lo mismo. Tal vez las estructuras oficiales de Morena le puedan hacer ganar la postulación, pero no tiene el apoyo popular ni de amplios sectores de las bases morenistas.

Y el tiempo se le está agotando para construir una candidatura sólida y fuerte.