Domingo, mayo 26, 2024

Biestro, el primer diputado que deja un fuerte malestar en la Legislatura que le sucedió

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Una tradición en Puebla es que siempre ha prevalecido la civilidad, el respeto y la prudencia entre los diputados locales que se van y los que llegan a una nueva Legislatura, sin importar los signos partidistas. El único que ha roto con esa tendencia es Gabriel Biestro Medinilla, por el enorme malestar que dejó sembrado en el Congreso local en el trienio pasado, por su conducción errática, autoritaria y desorientada de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Poder Legislativo.

De manera inusual, Biestro se ha convertido muy rápido en una figura en dos aspectos muy relevantes:

Es un ejemplo de lo que no se debe hacer en el Congreso del estado, pues dejó una estela de malos resultados legislativos y, sobre todo nunca antes el Poder Legislativo había enfrentado tantas controversias ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación por la aprobación de proyectos carentes de soporte jurídico.

Y ahora es un prototipo de como echar a perder tan rápido una carrera política que parecía prometedora. En 2018, Biestro apuntaba a convertirse en uno de los principales líderes de Puebla y encabezar el momento estelar de la 4T. Su mal desempeño legislativo lo llevó a que no se pudo reelegir como diputado local, no logró ser candidato de Morena a la alcaldía de Puebla, no concluyó los trabajos de la anterior legislatura y ahora quedó fuera de todo cargo o responsabilidad pública.

Se quedó en “en la banca”, tal como se dice en el argot político, luego de haber incursionado en su primera responsabilidad de peso.

Esta es una lista de seis yerros imperdonables de Biestro, que siguen teniendo repercusión en el presente:

Primero: en el proceso electoral de 2018, la principal bandera política que utilizaron todos los candidatos de la 4T era acabar con los abusos del morenovallismo. El agravio principal, el más relevante, el más urgente y el más rentable, era revertir la privatización del servicio de agua potable en la capital, que cayó en manos de la insufrible empresa Concesiones Integrales.

Biestro ya instalado como presidente del Congreso del estado prometió que a finales de 2019 que se iba a iniciar el proceso de echar abajo el contrato de Concesiones Integrales, promesa que nunca se intentó llevar a cabo.

Por el contrario, acabó aprobando una ley de su autoría –y de la legisladora Nora Merino Escamilla—que autoriza, regula y apresura los cortes de agua y drenaje de los usuarios de Concesiones Integrales.

Es decir, se puso del lado de los abusadores y le dio la espalda a los que sufren los abusos de un pésimo, ineficiente y ventajoso servicios público.

Fue un acto clásico de “los patos tirándole a las escopetas”. El electorado el pasado 6 de junio se cobró en las urnas esa burla con el tema del agua y esa fue una razón de peso por la cual Morena perdió abrumadoramente en la capital.

Segundo: aprobó un protocolo autoritario de atención a manifestantes en el Congreso local que en los hechos se usó para frenar protestas.

Como si fueran los tiempos de Gustavo Díaz Ordaz en que había una obsesión por el control social, Biestro autorizó un reglamento que permite usar la fuerza policiaca contra quien haga una crítica, dentro del recinto legislativo, contra algún diputado. Ni Moreno Valle se atrevió a tanto.

Tercero: rodearse de asesores que no tenían experiencia en materia legislativa

Cuarto: colocar en puestos clave –como la Secretaría General y la Dirección Jurídica del Congreso local– a personas que no tenían los conocimientos o la capacidad para desempeñarse en esas áreas.

Un diputado no está obligado a dominar técnicas jurídicas, a saber de derecho constitucional, a conocer todo sobre políticas públicas. Pero si se puede rodearse y dejarse ayudar de quienes si dominan esos temas. Eso fue lo que Gabriel Biestro hizo, pero de manera inversa.

Quinto: no escuchó sugerencias de la oposición para mejorar los proyectos votados por el pleno del Poder Legislativo. Si hubiera sido un poco tolerante, habría evitado múltiples tropiezos.

Sexto: incumplió acuerdos y compromisos, como fue con la aprobación de una ley de desaparecidos, la cual pactó desde mediados de 2020 con familias de víctimas.

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