Lunes, julio 26, 2021

En el barro bruñido, la tradición es primordial pues es la herencia cultural de los antepasados, afirman artesanas

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Para Dina Vera Medina, sexta generación de mujeres alfareras en Los Reyes Metzontla, en la artesanía, la juventud está innovando sin dejar la técnica tradicional “que es lo más bonito”, porque es lo que recuerda que se tiene una herencia cultural legada por los antepasados. 

Al participar en la mesa de diálogo Mujeres: artesanías, tradición, familia y pandemia que organizó el Fondo Nacional para el Fomento de Artesanías (Fonart) en el marco del Día internacional de la mujer, la joven artesana dijo que está orgullosa “de ser parte del barro y de la tierra”. 

“Le voy a enseñar el barro a mi niña para que no se pierda el barro. Soy la sexta generación, viene mi hija que será la séptima. Mientras yo esté presente voy a enseñar a mi hija y si puedo a mis nietos, para que esto siga y no se acabe”, afirmó en la charla virtual moderada por Martha Loya Sepúlveda que reunió a madres e hijas artesanas de Jalisco, Campeche, Hidalgo, Michoacán y Puebla. 

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En su caso, Silvia Medina Hernández, mamá de Dina Vera Medina, expuso que ella también es una artesana desde su niñez. “Aprendí a trabajar por mis padres, mis abuelos y mis antepasados. Soy la quinta generación, mi hija la sexta, esto va a seguir porque es nuestro pensar y nos lleva a la necesidad de aprender y seguir trabajando”, refirió la reconocida artesana. 

Agregó que el barro bruñido, es una artesanía que se elabora en Los Reyes Metzontla, al sur del estado de Puebla, y que en su caso ha sido una labor que les “ha dado la vida”, a la par que se reconocen a las piezas -tanto utilitarias como decorativas- como “una artesanía elegante”. 

Expuso que con la llegada del Covid-19 se han afectado sus ventas, aunque no han cerrado su taller ni han bajado el ritmo de su trabajo. 

“Nos controlamos en la familia, no todos van a la compra, sólo Dina y su esposo van a comprar. El trabajo siguió normal, somos como 10 personas, tres familias trabajando”, contó la artesana. 

Acotó que todos los miembros de la familia trabajan y participan. Los hombres, por ejemplo, participan en lo pesado, pero también en lo sencillo, pues lo primordial es la organización para sacar el trabajo. 

Medina Hernández expuso que, desde hace un año, con la llegada del nuevo coronavirus, lo que si afectó fue la cancelación de las ferias o la llegada compradores, quienes ya no arriban a Los Reyes Metzontla.  

“Vamos un año de epidemia y ahí vamos, aunque sea de jalones ahí vamos trabajando. Como mujeres es difícil porque nos levantamos muy temprano y somos las últimas en dormir. Es doble trabajo: el de la casa y el de la artesanía”, refirió. 

En ello coincidió su hija Dina Vera, para quien a las labores de la casa y la del taller se suma una nueva: la de ser las maestras de sus hijos, ahora que los niños no van a la escuela por la contingencia sanitaria.  

“Tenemos que estar ahí, con los niños, siendo la mamá y la maestra. Nos resta tiempo para la artesanía y la casa. Es mucho trabajo. Tenemos dos papeles. Es difícil y no sabemos cuánto tiempo vamos a estar así, pero seguimos”, dijo sin desánimo. 

De paso, mencionó que como miembros de una cooperativa oaxaqueña les ha ayudado a la venta y comercialización de las piezas. “Vamos sobreviviendo y estamos fuertes aquí, trabajando”.

Para cerrar, Silvia Medina afirmó que se considera una maestra artesana no sólo para sus hijos sino para otros jóvenes, como cuando dio talleres de barro bruñido a estudiantes. Animó a artesanos de otras ramas a enseñar su labor a sus hijos. En su caso, dijo que a sus 61 años está orgullosa y animada a seguir trabajando. 

Para cerrar, dijo que espera que la juventud siga creando artesanías, aprendiendo a conservar esta, que es una labor heredada, “en la que no se depende de un patrón sino que es una forma de vivir”. 

De igual forma, Dina Vera llamó a los jóvenes a no dejar la herencia que les han legado padres y abuelos. “Podemos aprovechar muchas experiencias de la gente mayor, que nos dan conocimientos. Podemos hacer de la artesanía algo grande, darlo a conocer con las redes sociales, con la administración, con el comercio, con conocimientos que traemos y las ganas, hay que hacerlo aquí en la artesanía, en nuestro pueblo y en nuestra cultura, sin avergonzarnos de ella”, consideró. 

Concluyó que, en su caso, el barro la hace ser libre, volar, salir. Incluso, consideró que eso le pasa a todos los artesanos: “somos libres, no tenemos alguien que nos diga qué hacer, plasmamos lo que sentimos, lo que vivimos, nos adaptamos a las circunstancias, al modo de vivir”. 

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