Autosuficiencia: una oportunidad en la turbulencia

Es posible, y quizá esperar, que después de la contingencia del Covid-19, el mundo será distinto, los países enfrentarán enormes retos y tendrán que hacer ajustes ante el nuevo escenario de la economía global. El aparato productivo mundial, está paralizado y las inversiones en materia sanitaria se desbordaron, las consecuencias inmediatas son: contracción del PIB, alarmantes niveles de desempleo, países endeudados, economías locales y familiares asfixiadas.  Se esperan cambios estructurales a nivel mundial, y solo los países que sepan adaptarse al nuevo entorno económico, saldrán rápidamente adelante.

La crisis vino a agudizar la globalización financiera de las últimas décadas y a poner en evidencia las desigualdades e injusticias del sistema económico actual, con un Estado mínimo, que deja todo, incluida la salud, al libre juego del mercado, que no funciona; por tanto, tiene que haber un replanteamiento de éste y una revaloración del papel del Estado, en la economía y como proveedor de bienestar social.

En 1994 se dijo que el TLCAN, como instrumento de la política económica neoliberal, contribuiría a la modernización del país; sin embargo, los únicos sectores beneficiados fueron, el automotriz, las grandes empresas extranjeras con inversión en México y un segmento agrícola empresarial adaptado a la lógica del mercado. Para el año 2013, el 80 por ciento de los principales productos de agro exportación y la industria del tequila y la cerveza, estaban en manos de empresas extranjeras; por tanto, el impacto del TLCAN en la economía mexicana ha sido leonino, limitándose a la exportación, consumo y maquila con mano de obra barata, hoy se habla maravillas del T-MEC que entrará en vigor el 1 de junio. Veremos.


La contingencia ha mostrado la cara débil de México en materias de salud y alimentación, un sistema de salud precario y saqueado por los gobiernos neoliberales; por otro lado, una política alimentaria basada en la importación de alimentos y un campo en total abandono.

México, como muchos otros países,  sufrirá la cuesta financiera y sin afán de apostar a la autarquía, tendremos una oportunidad para modificar paulatinamente las cadenas globales de abasto y distribución en algunos sectores de la economía, como la industria de equipo médico y farmacéutica, y la producción de alimentos e insumos para la agricultura por mencionar dos sectores estratégicos.

El rol de México como país maquilero no es despreciable; sin embargo, las cosas pueden cambiar con sus recursos humanos y científicos, y la priorización de presupuestos a la academia, la ciencia y tecnología en materia de salud; tan solo el Instituto Politécnico Nacional muestra su enorme potencial desarrollando proyectos de equipos médicos ante las exigencias actuales. En materia alimentaria, es oportuno privilegiar la autoproducción, los recursos naturales son suficientes para impulsar modelos agroecológicos sostenibles, recuperar suelos, bosques y acuíferos, producir semillas e insumos a partir de la biodiversidad, con un legado grandioso con identidad a la tierra, el trabajo rural y profesionales del campo comprometidos. Si México no hace un esfuerzo por modificar su sistema de proveeduría global y transitar a la autosuficiencia y consumo local, la soberanía y seguridad nacional seguirá de rodillas.