Sábado, octubre 16, 2021

Aplicación deficiente   

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   Cartas a Gracia

El sistema híbrido se convertiría en un recurso al que recurrirían autoridades educativas, tal cual si fuese una panacea que aliviaría las penurias educativas agravadas por los casi 2 años que ha durado la pandemia y los 18 meses en los que estuvieran cerradas las escuelas, Gracia.

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En ese modelo se utilizarían diversas opciones escolares —presencial, a distancia, autónomo—. Por lo menos, eso es lo que se desprende de la lectura del Modelo Educativo Híbrido en el Estado de Puebla Educación, Básica y Media Superior, Ciclo Escolar 2021-2022, que se puede consultar en el sitio de la SEP Puebla http://sep.puebla.gob.mx; modelo que en la práctica coincidiría con el que se aplica en la CDMX, cuyo fundamento descansa en el Acuerdo número 23/08/21, por el que se establecen diversas disposiciones para el desarrollo del ciclo escolar 2021-2022 y reanudar las actividades del servicio público educativo de forma presencial,” publicado el pasado 20 de agosto en el DOF.    

Y, aunque en el acuerdo se estableciera la asistencia opcional para las y los estudiantes, el artículo segundo del Título Uno Disposiciones Generales, dispone Gracia, que “El servicio público educativo se brindará de forma presencial, responsable y ordenada en los términos que dispongan las Autoridades Sanitarias”. Pero, independientemente de la asistencia, obliga a la inscripción de niñas y niños para quienes decidiesen salvaguardar la salud de los menores (artículo décimo segundo), y la realización de una “valoración diagnóstica” al reincorporarse físicamente a su escuela.

El tercer parágrafo del artículo en cuestión dejaría a un lado el acompañamiento que maestras y maestros debiesen dar a quienes optaron por quedarse en casa derivando la responsabilidad a “Las Autoridades Educativas Locales, la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México, los Asesores Técnico Pedagógicos y los equipos técnicos, podrán, dentro de sus posibilidades, brindar seguimiento y atención a las y los educandos que optaron por no acudir al servicio educativo presencial, […]” privilegiando al estudiantado que se ubique en “zonas de alta y muy alta marginación”. 

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El Artículo Décimo Séptimo reitera la advertencia a las y los menores de edad, lo mismo que a “los propios educandos mayores de edad, que de forma voluntaria opten por no acudir al servicio educativo presencial”: serán sujetos de una valoración diagnóstica cuando, tal cual hijos pródigos, retornen al buen camino de la educación presencial, solo “con objeto de conocer su nivel de aprovechamiento escolar” y, de paso, culparles por el atraso académico que presenten. La admonición podría resumirse en una cuantas palabras: ¡ojo chamaca, chamaco!, si tu padre o tu madre optaron cuidar de tu salud, prefiriendo que te quedaras en casa, también deben asumir responsabilidad de instruirte porque la colaboración de las maestras y maestros, se limitaría a la entrega y recepción de cuadernillos didácticos y los ATPs y otras autoridades educativas te auxiliarían “cuando pudiesen”.   

Podría pensarse —aunque no es así— que otras autoridades locales, como las del Estado de Puebla, asumirían su responsabilidad pensando en el interés superior de las y los menores, y más, cuando publican textos como el abordado en las primeras líneas de la carta que recibirás el domingo 5 de septiembre ya iniciada la tarde, manual acompañado por la versión que aplicaría en Educación Superior. Y si el retorno a clases —voluntario para las y los menores— siguiera la tendencia que las autoridades educativas y personal docente y directivo, reportan, estaría destinado al fracaso: en el primer caso, la SEP reconocería que al inicio del ciclo escolar asistirían 11.5% de alumnas y alumnos, un 46% de las y los que estarían inscritos en educación obligatoria; mientras que personal docente y directivo estimaría —al cierre de la primer semana de clases la asistencia— tan solo de un 30 por ciento de su alumnado, de acuerdo a datos publicados (5 de septiembre) por Laura Poy en el periódico la Jornada. 

El remedio a la enfermedad —si se aplicara, Gracia— requeriría disposición y aprendizaje por parte de las y los docentes, colaboración de madres y padres de familia, responsabilidad de niñas, niños, jóvenes y adolescentes; pero sobre todo, de una gran inversión pública en infraestructura física y en equipo tecnológico -incluidos gadgets- que permitieran, enfrentar un reto que por el momento se percibe imposible para las autoridades; aun así, por definiciones y marco teórico no se para. El manual consultado define al Modelo Educativo Híbrido del Estado de Puebla, representación que la autoridad educativa local imaginaría “como el espacio de interacción presencial y a distancia que potencia el tiempo pedagógico a través de la generación de ambientes de aprendizaje que favorezcan la autonomía del aprendiente y la interacción sincrónica y asincrónica para garantizar el Derecho a la Educación”. No obstante, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, y las declaraciones de las y los docentes, que reproducen instrucciones emanadas de las autoridades educativas, incluidas las escolares y plasmadas en el acuerdo nacional que te mencionara, dejan toda la responsabilidad a los aprendizajes autónomos y a las madres y padres de familia. El sustento teórico es sólido; pero hasta ahora, la aplicación es deficiente. 

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