La mañana del pasado sábado aparecieron muertos 10 perros en el Jardín Central, el Pasaje Juárez y la calle Matamoros, todos sitios emblemáticos del municipio de Huauchinango. Grupos animalistas afirman que se trató de un envenenamiento y exigen que el Instituto de Bienestar Animal y la Fiscalía General del Estado que investiguen y sancionen a los responsables.
Testigos afirman que algunos de los canes agonizaban aún cuando los encontraron y que sacaban espuma de sus hocicos, pero no pudieron salvarlos.
Personal del ayuntamiento de Huauchinango acudió a retirar a los animales muertos, pero hasta ayer no se había informado si las pesquisas por lo sucedido ya se habían iniciado.
El incidente desató la indignación de grupos ambientalistas y animalistas, como la Fundación Esperanza Canina Huauchinango, que han solicitado el apoyo de la ciudadanía y las autoridades para identificar a los responsables.
La fundación señaló que, aunque vivieron en la calle, los perros envenenados estaban identificados y habían recibido atención veterinaria, alimento y esterilización.
Se intentó dar seguimiento legal al caso en el Ministerio Público de la Fiscalía de Investigación Metropolitana en Casa de Justicia, sin embargo, las oficinas se encontraban cerradas, lo que dificultó el proceso, dijeron los denunciantes.
El pasado 11 de agosto, la asociación animalista TAC “Una Protección al Entorno”, denunció en sus redes sociales que en la comunidad de Santa María Coapan, perteneciente al municipio de Tehuacán,los cinco integrantes caninos de una familia perecieron, tras haber consumido veneno proporcionado por personas desconocidas que, aparentemente se las ingeniaron para ingresar la sustancia al patio de la casa por la noche.
Además, con el respaldo de la organización Abogados Animalistas de Puebla, el dueño de un perro llamado Colmillo ha iniciado una batalla legal para que el ayuntamiento de Cuautlancingo, encabezado por Filomeno Sarmiento, le regrese con vida a esta mascota que desde hace años protege en la empresa en la que labora y de la que se volvió guardián.
Según la versión del denunciante, Colmillo fue capturado por la Dirección de Control Canino para ser sacrificado luego de que una servidora pública de nombre Rosario Cervántez lo acusó de ser peligroso por el solo hecho de haberle ladrado.