Martes, enero 18, 2022

Al pie del cañón

-

- Anuncio -

Es una de esas frases hechas en las que ya casi no pensamos al usarlas, y ni siquiera sé si se sigue usando mucho en realidad; pero “al pie del cañón” está el que no deja su puesto ni en la situación más apurada, y mis abuelos y padres empleaban la expresión con un dejo de resignada tristeza, o a lo mejor de triste resignación, y con un suspiro que se aplicaba igual a la crisis económica, al cuidado de los hijos, al aburrimiento en el trabajo y a la existencia en general. “Cómo estás”, saludaba un incauto, y ellos respondían: “Aquí, al pie del cañón”. En seguida verán a dónde quiero llegar, déjenme primero que les cuente que algunos no podemos evitar que frases como la anterior nos hundan en largas meditaciones sobre el origen de las palabras y las formas de expresión, meditaciones de ésas en las que la mirada se pierde en el infinito y la boca se abre, y que llevan al prójimo a pensar pero qué cara de bobo tiene éste, qué cara de menso, de lelo, qué cara de pazguato, de memo, de opa, de obtuso, según en qué punto de la geografía esté el que piensa, y siempre que lo haga en español, ya se irán dando cuenta de lo que quiero decir.

Al pie del cañón se siente uno, por ejemplo, cuando le proponen que escriba un blog sobre libros y uno dice que sí y luego se da cuenta de que en el fondo no quiere escribir sobre libros, y mucho menos en un blog, y luego entiende que en realidad no está muy seguro de lo que es un blog, pero sí de que, en el diccionario personal que lleva dentro, “blog” y “escribir” no están en la misma página, y ni de lejos se conciben en la misma frase, al menos a juzgar por lo que suelen hacer con la venerable lengua española los que escriben en blogs (que es, dicho sea de paso, una palabra horrorosa, como un bloque pronunciado por un borracho o un francés, como el gorgorito previo al vómito, o como uno de esos monstruos informes y pegajosos que salían en las películas de ciencia ficción de los años setenta).

- Anuncio -

Hay excepciones, por supuesto. La Real Academia Española tiene un blog. O a lo mejor es una “página”, o un “sitio”, bastante seguro estoy de que no es un e-mail. Como sea, la RAE tiene eso donde, por ejemplo, podemos informarnos de que una de las primeras apariciones públicas de la frase “al pie del cañón” se debe al poeta argentino Hilario Ascasubi, que en 1853 escribió de cierto pobre campanillero

“que como buen artillero se aguanta al pie del cañón”

(Más vieja, de 1830, es la que se debe a la pluma del poeta español Juan Arolas Bonet, que por las resonancias del nombre puede haber sido un ganador del premio Nobel de literatura, pero ésa no cuenta porque habla de un artillero, que, como tal, no hacía nada extraordinario ni metafórico estando donde estaba).

- Anuncio -

Al pie del cañón se siente uno, decía, y luego al mismo uno le da por pensar que tampoco quiere decirlo así, al pie del cañón, porque es un lugar en el que uno, por suerte, no ha estado nunca, ni quiere estar, y porque tampoco ve ninguna necesidad de hablar de sí mismo, ni de ninguna otra cosa, en términos militares, sobre todo en estos tiempos en que se ha puesto tan de moda entre políticos, economistas y pedagogos, por no decir de los poetas, pues con los poetas ya se ha visto lo que pasa.

Ahí está. Fuera con los términos militares. Ni estrategia, ni táctica, ni al pie del cañón. Ni movimiento envolvente. Ni bagaje, ni escuadrón, ni garita. Ni el coño de la Bernarda, que también es muy común en el ámbito castrense. De modo que tras un momento de íntima reflexión se le ocurre a uno la frase “al pie de la letra”, que en su sentido habitual es otra cosa pero que ya combinada con esa otra frase que uno no quiere decir produce esta cosa nueva, esta sensación de ahora sí estar escribiendo hasta en la coyuntura más peliaguda, de cumplir con la palabra empeñada aunque haya en el fondo un dejo de triste resignación, o de resignada tristeza. Al pie de la letra, que incluso suena bien, mucho mejor que blog, por lo menos, y que en una de esas hasta puede darle nombre a estos comentarios, que ahora ya no tienen que ser sólo sobre libros sino que pueden alcanzar también a las revistas y los graffitti, y a las letras de las canciones, y a los viejos carteles de la Guerra Civil española (allí podremos incluso usar términos militares, ya empezaba uno a preocuparse por las limitaciones autoimpuestas). Al pie de la letra, decía, que se parece a nota al pie, a pie de página y pie de imprenta; que tiene la palabra letra, mucho más bonita que blog; que a uno le recuerda, por ejemplo, las viejas máquinas de escribir Olivetti, ésas que se llamaban Lettera, Olivetti Lettera, que eran las laptops de su época y en las que fueron escritos tantos de nuestros más hermosos libros, de la mano de señores que se llamaban Cortázar, Onetti o Fuentes.

Al pie de la letra, que suena a tarea rigurosa y a cariño por las palabras, a paciencia y silencio y soledad, a monje irlandés inclinado sobre la copia minuciosa. Que suena a escriba y notario y contador, pero de los de antes, de los que salían en los libros y tenían nombres como Bartleby. Que suena a decir justo lo que uno quiere decir, sin excesos ni cortedades, sin tuits (otra palabra espantosa) ni guerras de tronos, ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.

Al pie de la letra, que además tiene, siempre según la Academia, ejemplos mucho más antiguos que el otro pie, incluso uno de 1411 en el que San Vicente Ferrer despotrica con gran sabrosura en contra de reyes y curas, a quienes trata, al pie de la letra, de “syn verdat, sin fe, sin justiçia, sin modestia e tenperança e sin karidat e sin misericordia e piedat e sin paz… corruptos e pervertidos e malvados… escandalosos e menoscabados… juradores e murmuradores, presunptuosos e scarnidores, ydiotas, ypocritas… avarientos e simoniaticos… luxuriosos e suzios e corronpedores de todo el mundo e duros e yertos en el bien, mas ligeros para correr tras el dinero”.

Al pie de la letra. Bien mirado es tan bonito que uno siente incluso que se le pasa la resignación, y hasta la tristeza. Y uno se queda esperando que al lector también.

Porque si leer no sirve para eso, ¿para qué sirve?

- Anuncio -
- Anuncio -

Últimas

IP y autoridades de turismo locales arrancarán nueva sanitización masiva en Atlixco 

Atlixco. Integrantes de la iniciativa privada (IP) local, de manera conjunta con autoridades de turismo,  volverán a sanitizar masivamente en el centro de esta...
- Anuncio -

Recomendamos

-