¡Ah, se mueren, uh!

Ah, se mueren los celosos,

los posesivos, los que envidian,

los sobrecargados de culpas y ambiciones


y es que sus mujeres,

sus hijas, sus asalariados,

sus alumnos

dejan de ser mujeres, hijas,

asalariados y alumnos suyos

-Drumond de Andrade escuchó la fusilería-,

porque hoy las personas eligen

bailar, trabajar, aprender a vivir

por ellas. -¡Cambiar la vida!- Propuso Rimbaud.

Ah, se mueren. Su autoridad

declina en cada fisura y símbolo

de familia, trabajo, amor y escuela.

Se mueren, ah, desilusionados

de la libertad ajena.

¡Uh, mueren de miedo! ¡Quién lo dijera!

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