Agricultura y alimentos ante contingencia sanitaria

La contingencia sanitaria mundial está en plena batalla. La estrategia que antepone la preservación de la salud y la vida a la ganancia empresarial, enfrenta en México, un sector empresarial pudiente, chantajista, avaro, mezquino y promotor del consumismo, dispuesto a no perder ni un solo peso; acompañado de cinco gobernadores de tinte conspirador; algunos seudoperiodistas mercenarios y una derecha mezquina golpista y desesperada por hacer leña del árbol que nunca verá caído. Sin embargo, nuestro gobierno sigue impulsando acciones encaminadas a reducir los riesgos y preservar la salud pública.

La crisis sanitaria coincide con una crisis económica, en la cual solo los países con economías sólidas saldrán adelante más rápidamente. Las limitantes del intercambio comercial entre los continentes, el cierre de fronteras, las restricciones de vuelos nacionales e internacionales, de tráfico terrestre y movilidad de mercancías, el cierre temporal de empresas en áreas no esenciales, y la confinación de las familias en sus hogares atendiendo al llamado #Quédate en casa, están arrastrando despidos y desempleo masivos, ajustes financieros de empresas, cancelación de programas gubernamentales no prioritarios, cierre temporal o definitivo de empresas micro, pequeñas y medianas y personas auto empleadas lanzadas al olvido.

Las compras de pánico, especulación, incremento y abuso en el precio de los alimentos de la canasta básica, espantan. En otros tiempos el alza en el precio de los combustibles motivaba al incremento de las mercancías; esta vez, con precios de hasta 13.49 pesos por litro de gasolina, es la avidez mezquina de los comerciantes la responsable.


México va al día en cuanto abasto alimentario, no cuenta con reservas estratégicas alimentarias, las hubo, pero fueron eliminadas por Carlos Salinas, junto con todo el aparato productivo agropecuario. Hoy el país tiene una dependencia de 60 por ciento de alimentos importados. La pobreza supera los 60 millones de personas, con 27 millones en pobreza alimentaria; por lo que, esta crisis agudizará la situación de este segmento, sumado a los millones de desempleados.

La entrega de despendas es un buen gesto humanitario para apoyar a las familias más necesitadas en momentos de crisis, pero el pescado pronto se acabará y no habrá dinero que alcance, menos con una economía estancada. Si algo se ha aprendido de la situación actual, es que México debe impulsar una política alimentaria sostenible basada en la producción para el consumo interno que garantice alimentos accesibles y asequibles para todas las familias, política acompañada de la regulación de los precios de los alimentos y sanciones a los abusos.

Los gobiernos neoliberales siempre apostaron a la importación de alimentos de dudosa calidad, en vez de producirlo aquí para garantizar que sean sanos, nutritivos e inocuos. Hoy, esta crisis le da la razón a los pueblos del mundo que impulsan el derecho y la autodeterminación para producir sus alimentos culturalmente aceptables.

La alimentación es un derecho humano, por tanto, no debe intervenir el mercado. El Estado mexicano debe asumir su rectoría en la autoproducción de insumos, abasto, producción y protección alimentaria para su población, tan esencial como la salud.

México tiene que retomar la agricultura, ganadería, pesca y acuacultura, y todo su sistema alimentario como estrategia de desarrollo, de autosuficiencia alimentaria y seguridad nacional. Diversos sectores productivos y de servicios podrán hacer pausa, pero no el alimentario.