Lunes, septiembre 20, 2021

Abrazos, pero para los migrantes ¡no!

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«Fue Guatemala el primer laboratorio latinoamericano

 para la aplicación de la guerra sucia en gran escala.

¿Cuántos hombres serán arrancados de

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sus casas esta noche y arrojados a los baldíos

 con unos cuantos agujeros en la espalda?

¿Cuántos serán mutilados, volados, quemados?»

Eduardo Galeano

En tanto que se analiza el informe presidencial en la Cámara de Diputados federal y se confirman los records rotos en esta administración pública federal en materia económica y de asistencia social, en el sur de la nación, en la frontera con Guatemala, ocurre todo lo contrario a lo que las voces oficiales han pregonado en relación con la no violencia de su gobierno; pues se están viendo escenas del maltrato de las autoridades federales a los migrantes centroamericanos y del caribe, particularmente de Haití, ya sean niños, familias, madres, mujeres en cinta y, en general, inmigrantes que pretenden radicar en algún lugar que no sean sus propias tierras por los escenarios de terror que se viven en aquellas naciones. Son migrantes a los que en México se les trata como delincuentes, prófugos de la justicia, aunque lo único que están buscando es una esperanza de vida que no van a encontrar nunca en sus naciones.

Así, el trato que se ha dado a los migrantes en administraciones públicas federales anteriores es el mismo que se está presentando actualmente con las denominadas caravanas de migrantes, que son grupos muy numerosos de personas que salen de Honduras (uno de los países que más expulsa a su propia población; basta con considera que la ciudad de San Pedro Sula es considerada una de las más violentas del mundo) de El Salvador, Haití e, incluso, de países africanos, en cuyo camino se suman guatemaltecos. Contra ellos, México y nuestras instituciones públicas han funcionado como una barra de contención para que esas mujeres y esos hombres migrantes no lleguen a Estados Unidos de América.

Desafortunadamente, parece que nadie hace nada por estos migrantes, salvo la sociedad civil que, a veces conformada formalmente en organizaciones civiles, es la que se preocupa por estas personas, aunque muy poco sea lo que pueda hacer en la mayoría de los casos con alguna asistencia en cuestiones de abastecimiento de alimentos y de salud o denunciando en las redes sociales y en algún medio masivo de comunicación que, a veces, permita difundir los que sucede con los migrantes; pues, fuera de ello, esas organizaciones civiles no tienen muchas capacidades para hacer algo más por los migrantes, que son miles y que, por ello, por más buenas intenciones que haya, resulta imposible brindarles ayuda.

Pero los países que expulsan a su propia población no hacen nada por ella, en parte, porque están impedidos para hacer algo. Tienen que lidiar con la violencia en las zonas donde habitan grupos extorsionistas, el narcotráfico, la pobreza, el deterioro del medio ambientes (que provoca la pérdida de cultivos y sembradíos de tierras de las que, paulatinamente, la gente es desplazada). Todo ello evita que las instituciones de aquellos países puedan hacer mucho, salvo programas de concientización para que las personas no salgan de sus poblaciones, pero que no ayudan en nada si se tiene en cuenta que esos lugares son de terror más que de esperanza, como debería suceder.

En el caso de México, habría que preguntarse ¿qué otro papel las instituciones federales pueden llevar a cabo? En realidad, es muy poco lo que se puede hacer más que la represión total que se vive día a día, como sucede últimamente —según se puede ver en los medios masivos de comunicación— que agentes de la guardia nacional y del instituto nacional de migración se introducen en hoteles hasta las habitaciones para buscar a los migrantes que corren a las montañas para no ser agredidos en las carreteras. Lo cierto es que éste es un problema muy grave que, de entrada, contradice el discurso oficial de «abrazos y no balazos», porque aquí ocurre exactamente lo contrario. Lo cierto es que México no tiene muchas alternativas en cuanto al trato que se le da a los migrantes ni márgenes de opción ante los ojos y la presión de Estados Unidos de América.

(Web: parmenasradio.org).

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