Sábado, abril 17, 2021

¡A quitarse las tecatas!

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El baño en México es una costumbre ancestral que afortunadamente, para todos, se mantiene en buena parte de la población, aun en aquella que no dispone de agua corriente ni forma alguna de calentarla fácilmente. Las fuentes históricas que tratan de la antigüedad mesoamericana, de las cuales la más importante es la obra de Sahagún, aluden a esta costumbre en el México antiguo y nos hablan del aseo corporal —que estaba extendido a toda la población— y que practicaban en los canales, arroyos, lagos y ríos y para el cual se servían de saponinas; es decir, de hierbas que contienen las substancias que producen jabonadura y que se usaron y aún se siguen usando para asearse el corpachón como para enjabonar y limpiar las “garritas”.

Algunas personas piensan que el temazcal o baño de vapor era el único recurso higiénico para que el hombre mesoamericano se bañase, aunque ciertamente era muy usado en forma ordinaria para el aseo habitual, se utilizaba también para ocasiones especiales como para ayudar a la recuperación de las mujeres en el puerperio fisiológico bañando a las recién paridas, también era empleado para baños rituales de los cautivos que se sacrificaban a Huitzilopochtli durante las fiestas del mes Panquetzaliztli (que correspondía a la 15ª veintena, del 13 al 22 de diciembre) en las que algunos ancianos acudían por agua a la fuente de Huitzílatl dentro de una caverna del lugar llamado Huitzilopochco (Churubusco como lo renombraron los conquistadores). Soustelle[1] hace notar que la ausencia de baño era un sacrificio que los comerciantes o pochtecas observaban durante todo su viaje. En la siguiente veintena, llamada Atemoztli (23 de diciembre al 11 de enero) se bañaban sin usar “jabón” ya que eran las fiestas de Tláloc y no había que ensuciar el agua.

Fray Alonso de Molina en su “Vocabulario”, impreso en el año de 1571, incorpora 15 entradas relacionadas con el baño y el xabon[2] en las que distingue claramente entre el baño habitual, nealtiliztli; el lugar donde este se practica, tetemaloyan, que probablemente sea un lugar abrigado en el patio de las casas y el baño de vapor, temazcalli, que se realiza en una construcción especial; incluye a los bañadores (hoy bañeros de los baños públicos); a quienes elaboran el jabón, amolchiuhqui, y también a los que lo venden, amolnamacac. El jabón tenía el nombre genérico de amolli o tlapaconi, que se ha identificado como perteneciente a algunas hierbas diversas que contienen saponina como el chichicamole, llamado indistintamente chichi o amole, que se usaba hasta hace unas décadas para el lavado de la ropa de cama y prendas “delicadas”.

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Para el baño terapéutico o higiénico del temazcal hay toda una selección herbolaria que corresponde a 55 plantas identificadas que se emplean desde la aromatización del ambiente vaporoso, el uso de ese ambiente para suministrar medicamentos para los bronquios y las reumas, la estimulación de la circulación mediante ramilletes con los que se “hojean” los bañistas, el uso de preparados vegetales para la piel y el cabello y para los convalecientes de diversas enfermedades, traumatismos y estados fisiológicos; todas estas maniobras eran y siguen siendo acompañadas por oraciones y conjuros, de religiones mesoamericanas y provenientes del catolicismo. Hoy día, están desapareciendo los temazcales de los barrios periféricos de las ciudades y sólo quedan en algunas poblaciones rurales, a veces sin un uso frecuente y quedan solamente como elementos de un paisaje cultural en extinción.

Sin embargo, el baño sigue siendo un elemento importante para el mexicano y los baños públicos, en la ciudades, son una alternativa más o menos asequible para algunas familias que acuden regularmente a estos sitios cumpliendo un ritual contemporáneo que consiste, para los señores, en ingerir una “polla” que es un preparado con supuestas propiedades energéticas y tonificantes con jugo de naranja, jerez dulce, huevos crudos y un toque de vainilla, hasta memelas, cocteles de camarón y otros platillos pa´l antojo. Las señoras, que tienen la tarea de bañar a los chamacos, llevan su equipo que consiste en una cubeta grande de lámina galvanizada que se usa como contenedor con toallas, estropajos, piedra pómez pa´ tallar los “carcañales” y eliminar la callosidad, alguna navajita de rasurar, peines y cepillos, cremas grasosas, champús, brillantina y alguna pomada para curar a las criaturas que tienen algún padecimiento de la piel. La familia sale del baño limpia y con chapas en las mejillas.

Seguramente que casi todos somos practicantes del baño regular, con la excepción de algunos “acedos” que le tienen miedo al agua y por eso huelen a chivo correteado; sin embargo, en estos tiempos de frío hay que tomar precauciones para no quedar expuestos a las bajas temperaturas o las corrientes de aire que pueden afectar nuestra salud. Así que, entre usted al baño con alegría, ya sea en tina, en regadera o a jicarazos; lávese bien todos los rinconcitos, especialmente el güichi güiriachi, el traspuntín y las “alitas” que son los sitios donde se concentran las tecatas; así como el resto del cuerpo para que evitar que se formen metlapiles, “zoquetes” o algún “gamborimbo” o “cascarria”, pero por favor no olvide abrigarse el “pechito”, porque ya sabe usted que “de limpios y de tragones, están llenos los panteones”.

 

[1] SOUSTELLE, Jacques. La vida cotidiana de los aztecas en la víspera de la conquista. México: fce, 2ª ed. 1970, 283 págs.

[2] •   Molina, Alonso fray: Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana. México: Ed. Porrúa, Colec. Biblioteca Porrúa, No. 44, 1970, xlv-121 fol.-[3 fol.]-161 fol.

 

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