Viernes, junio 14, 2024

A 200 años de la Carta de Independencia de México

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La Nación Mexicana que, por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido. Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados, y está consumada la empresa, eternamente memorable, que un genio superior a toda admiración y elogio, amor y gloria de su Patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó al cabo, arrollando obstáculos casi insuperables”. Fragmento de la Carta de Independencia de México. 

La Carta de Independencia, suscrita en media cuartilla manuscrita, fue pronunciada por la Junta Soberana el 28 de septiembre de 1821, congregada en la capital del naciente país, se acompañó de la firma de sus treinta y cinco integrantes. Así, la independencia de México se consuma tras once años de lucha; sin embargo, aún persisten heridas y secuelas de la Colonia y la independencia todavía se subordina a nuevas formas de dominio.

La consumación de la independencia de México no fue un proceso aislado, formó parte de la crisis de la monarquía española, así como de las negociaciones que se llevaron a cabo entre Europa y Estados Unidos sobre América del Sur

A doscientos años de la carta de independencia, México enfrenta grandes retos, algunos de carácter global como el cambio climático, contaminación, escases de agua dulce, enormes brechas de desigualdad, endeudamiento externo crónico; mientras alimentos, agua, educación, vivienda, asistencia médica, no crecen al mismo ritmo del crecimiento poblacional; flujos migratorios, aparición de nuevas enfermedades, delincuencia organizada, y la actual pandemia que sigue azotando. Otros problemas adquieren indeseadas dimensiones: corrupción a todos los niveles de gobierno y sector privado, falta de crecimiento económico, pobreza, desempleo, inseguridad y crimen organizado, desconfianza en instituciones, deuda interna (Fobaproa), deterioro de recursos naturales, sistema educativo rezagado, sistema de salud deficiente, partidos políticos en crisis, sistema electoral obsoleto y altamente costoso, programas sociales insostenibles de enfoque asistencialista, ausencia de políticas sostenibles de pensiones, son retos nacionales que parecen no tener salida. 

Es claro que la independencia de México ha tenido sus límites, desde invasiones extranjeras con pérdida de grandes extensiones de territorio, instauración de un imperio, hasta la traición a la patria con la venta del patrimonio nacional por gobiernos neoliberales de las últimas décadas al capital nacional y extranjero e irracional, saqueo de su riqueza natural; una dependencia energética que se ha incrementado desde 2012, la abismal brecha tecnológica y científica, una dependencia alimentaria que supera el sesenta por ciento, dependencia de las remesas extranjeras, entre muchas opresiones nacionales que limitan el bien común, el desarrollo solidario y la felicidad.  En este contexto, México sigue sometido tanto a voluntades y caprichos del exterior, como a decisiones de grupos privilegiados minoritarios nacionales. Así, “La Patria es Primero”, máxima del último insurgente, Vicente Guerrero, sólo quedó plasmada en letras doradas, mientras se mancilló su causa desde el poder y se enarbolaba solo el 16 de septiembre para simular un patriotismo que no existía.

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