A 20 días del primer año, el principal reclamo contra alcaldes de Morena es que no hicieron nada

A punto de cumplirse el primer año de las actuales administraciones municipales, los estudios de opinión pública que miden la percepción que se tiene de los principales alcaldes de Morena en el estado de Puebla han registrado un cambió radical en sus resultados: el tema de la inseguridad y la violencia ha pasado a un segundo lugar, quedando desplazado por la crítica de que no hay obras o servicios públicos que sean destacados en los últimos 11 meses y medio de gestión de los ediles morenistas.

Dicho de otra manera, en la ciudadanía hay la idea de que el primer año de los ayuntamientos de Morena ha sido un año perdido.

Y no se trata de un asunto de una mala lectura de la población o de procesos de desinformación de la prensa, tal como argumentan la mayoría de los alcaldes, sino efectivamente cuesta mucho trabajo enumerar los proyectos de infraestructura pública que emprendieron las autoridades municipales morenistas que están a 20 días de cumplir su primer año de gobierno.


Esa mala calificación se ubica en los municipios de Puebla, Tehuacán, San Martín Texmelucan, San Pedro y San Andrés Cholula, así como Amozoc y Cuautlancingo. En unos es más agudo el juicio ciudadano y en otros no tanto. El problema es que en esos centros urbanos se concentra más del 60 por ciento de la población, hay una mayor atención mediática y es donde se encuentra el grueso del electorado de la entidad.

El principal argumento que han esgrimido los alcaldes de esos municipios para ofrecer magros resultados en su primer ejercicio anual de gobierno es que la veda electoral de este año los limitó en tiempos y presupuestos para emprender proyectos destacados de obras públicas. Los que conocen del tema sostienen que no es un argumento válido, ya que en otras gestiones municipales en años electorales se obtuvieron mejores resultados que en las presentes administraciones morenistas.

Pareciera que el factor de la soberbia de los alcaldes, la falta de cohesión en los gobiernos y la tentación de hacer negocios desde el poder, junto con la inexperiencia, fueron los factores claves para que en todos los ayuntamientos antes mencionados se tenga un saldo muy negativo al llegar al primer tercio de su periodo constitucional.

Esa impresión de que ha sido un año perdido se entiende si se hacen algunos comparativos. Por ejemplo, el caso de Puebla:

La edil de Puebla, Claudia Rivera Vivanco, lleva un conteo de 103 obras públicas en lo que va de su primer año, con una inversión de 185 millones de pesos y un avance de apenas 58 por ciento. Estos números contrastan con el subejercicio presupuestal que el ayuntamiento enfrenta por más de mil millones de pesos.

La mayoría de estas obras, de acuerdo con la estadística oficial, son proyectos menores de bacheo, pavimentación de calles pequeñas, cambio de luminarias y de pintura a guarniciones. Es decir, son trabajos de bajo impacto social.

Esos números del gobierno de Rivera se ensombrecen si se compara que, en sus primeros 100 días de gestión, José Antonio Gali como alcalde de Puebla pavimentó con cemento hidráulico el bulevar Norte, remodeló tres centros de salud con una inversión de 167 millones de pesos, pavimento calles con un presupuesto de 79 millones de pesos, dio mantenimiento a 707 planteles educativos, se colocaron 4 mil 401 techos de fibrocemento y se destinaron 224 millones de pesos a atender necesidades de los siete centros escolares de la capital.

Es cierto que hay muchas dudas sobre la transparencia y honestidad con que se hicieron esos proyectos de obra, pero al final de cuentas deban una fuerte impresión de trabajo a la gestión de Gali.

Con los gobiernos de Morena no se percibe ni obras ni trabajo. Solo tiempo perdido.

Si esa situación no cambia en 2020, Morena entrará en una zona de alto riesgo de cara a las elecciones intermedias.