Lunes, julio 15, 2024

500 años de resistencia indígena México-Tenochtitlan

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El Sitio de Tenochtitlan, la capital del Imperio Azteca, se consumó el 13 de agosto de 1521, mediante la negociación entre los clanes locales y las etnias anti-mexicas aliadas a los invasores españoles. Muchas batallas existieron entre los mexicas y los españoles, que ocurrieron principalmente en las ciudades de Cempoala, Texcoco y Tlaxcala. El episodio final de, al menos, ciento ochenta días, tuvo lugar en Tenochtitlan, batalla que marcó la caída del imperio y dio paso a lo que sería el México mestizo de hoy, y el acercamiento del mundo europeo y el mesoamericano, siendo la victoria de los españoles y sus aliados el inicio de la colonización de América.
Con la caída de Tenochtitlan, la memoria documental de las culturas mesoamericanas se destruyó y comenzó el secuestro de conocimientos y la eliminación de la presencia histórica de los pueblos originarios de América. Deslumbrados por el oro y el afán del poder, los invasores civiles y jerarcas religiosos de España, ordenaron destruir gran cantidad de ídolos y quemar la mayoría de los manuscritos que contenían conocimientos de medicina, astronomía, arquitectura o herbolaria; y valiosa información sobre la vida cotidiana de los pobladores originarios.
A 500 años del genocidio, sometimiento, esclavitud, deshonra, despojo, marginación, saqueo de la naturaleza y destrucción de sus culturas hasta casi al exterminio;  los pueblos alzan la voz y reclaman disculpas, restituciones y reparaciones. Aunque el continente se independizó hace 200 años, persisten en la historia heridas y secuelas de los tres siglos de colonia.
Para las décadas de 1920 y 1930, el indigenismo, entendido como las acciones políticas dirigidas por el gobierno a la población indígena, estuvo orientado a su incorporación, integración y participación. De inicio había que alfabetizar y castellanizar a la población indígena ya que “representaba un problema” para la modernización del país El propósito era desaparecer los rasgos culturales para homogeneizar a esta población con el resto de la sociedad mexicana. Fue el Departamento de Asuntos Indígenas, antecesor del Instituto Nacional Indigenista, el responsable de indignantes acciones depredadoras de la mano con la Secretaría de Educación Pública. Basta decir que la erosión cultural y la perdida de las lenguas maternas, se han gestado desde el Estado, la política de simulación ha contribuido a perpetuar la pobreza y el abandono de los pueblos indígenas.
No ha bastado el agravio histórico que han sufrido los pueblos originarios durante la colonia, el México Independiente, el dominio del clero hasta antes del Presidente Juárez, y la postrevolución; aun persista el racismo, el clasismo y la marginación, como herencia de la colonia. Hoy, en 2021, los pueblos indígenas resisten por mantener su cultura, su lengua, sus costumbres y su legado ancestral. Resisten a toda forma de invasión y despojo institucionalizado de sus territorios y recursos naturales ante un modelo económico voraz impulsado por gobiernos neoliberales.
Con la defensa legítima de las lenguas y cultura indígenas, el acceso colectivo y cuidado de recursos naturales que resguardan, sus medios de comunicación autónomos, el acceso a la justicia, educación y capacitación, la satisfacción de sus necesidades básicas, y el impulso a la producción y empleo, se reivindican sus derechos que la historia les ha arrebatado.

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