Desde la virtualidad causada por el Covid–19, colaboradores y amigos celebran 30 años de La Jornada de Oriente

Ni el Covid–19 ni las complicaciones de la tecnología pudieron parar el festejo. Era imposible no celebrar, con alegría y nostalgia, los 30 años de La Jornada de Oriente, el periódico que un puñado de economistas entusiastas y comprometidos comenzaron primero como un semanario y luego, animados por los propios Carmen Lira y Carlos Payán, consolidaron en un diario que con rigor ha dado cuenta de los acontecimientos sociales, políticos, económicos y culturales de la región que une a Puebla y Tlaxcala.

Han sido, como apuntó la performancera y legisladora Jesusa Rodríguez, “10 mil 957 días de amor a la verdad y a la justicia” que han contenido múltiples historias: aquellas más personales de sus fundadores Susana Rappo, Sergio Cortés, Raúl Jiménez Guillén y Aurelio Fernández Fuentes; otras que tuvieron como protagonista a la convulsa vida política, así como a la organización social, la defensa y las luchas del territorio, y otras más que han girado en torno al quehacer social y cultural de una región amplia, dinámica y vivida: con su volcán Popocatépetl, su ganes en el futbol, sus ordenamientos territoriales y su conocimiento académico compartido.

La noche del sábado 30 de mayo, una fecha que había sino anotada en el calendario como el día de una gran fiesta, tuvo que ser cambiada por una reunión virtual que fue también divertida, memoriosa y llena de anécdotas. Con los rostros contenidos en cuadriculas virtuales, micrófonos y videos abiertos, por la pantalla de cada una de las computadoras pasaron 30 años de historia: una a una las portadas de los aniversarios de este diario, todas distintas en contenidos y formas, pero unificadas por los rostros de sus fundadores, colaboradores y amigos: de Carlos Payán poniendo en marcha la imprenta; de un primer plano de Carmen Aristegui conversando con Susana Rappo; de una caminata en la que destacaba el rostro del ahora presidente Andrés Manuel López Obrador; o de fiestas en las que aparecen conocidos rostros sonrientes: el ahora secretario de Cultura Julio Glockner o el escritor Fernando Benítez, entre muchos otros más.


Animado y cómodo en su sillón, el editor de La Jornada, Josetxo Zaldúa, levantó una copa de vino blanco catalán, mientras el también periodista Oriol Malló se colaba con una cerveza en la mano “guardada desde marzo”. Zaldúa lanzó un brindis en catalán que solo algunos pudieron entender, para luego decir que ha sido un orgullo trabajar al lado de La Jornada de Oriente, por la pelea que el periódico ha dado desde el inicio, haciendo “orientales bravos e incombustibles” e incluso, sin dudarlo, siendo “un acicate para la propia Jornada”. “La directora (Carmen Lira) y yo les mandamos un montón de abrazos, deseos y ánimo”, dijo contento Josetxo Zaldúa, para luego dar un sorbo a su vino catalán.

También visiblemente alegre, en el virtual festejo tomó la palabra el director y cofundador de este diario Aurelio Fernández, quien definió al encuentro como “un ejercicio desesperado y un esfuerzo” por encontrarse entre unos cuantos, los menos que normalmente van a las fiestas.

“En estas dificultades tenemos la esperanza de que vamos a hacer una fiesta cuando haya condiciones, como dice la canción, para abril o para mayo, cuando a lo mejor ya no haya contagios en exceso, pues esto va para largo seguramente”, dijo en referencia a la contingencia que causó el nuevo coronavirus SARS–CoV–2.

Así, con una fiesta a distancia, la presencia de los equipos informativos de Puebla y Tlaxcala, el saludo de La Jornada y de otros reconocidos personajes de la órbita cultural como Andrés Bustamante, mejor conocido como El Güiri Güiri, los moneros Hernández, Helguera, Rapé y Patricio, y la artista y ahora senadora Jesusa Rodríguez, Fernández Fuentes propuso una reunión, como si fuera una sesión de trabajo, pero con un alto tono festivo y memorioso.

30 años de un periodismo colectivo

Pasadas las 21:30 horas la reunión comenzó. Dichos en voz alta por Aurelio Fernández, a manera de lista, sonaron los nombres de miembros, colaboradores, directivos, amigos y seguidores de esta publicación que, desde Puebla y Tlaxcala, o desde otra ciudad o país, han contribuido en su manufactura, confección, salida y distribución: reporteros, editores, jefes de información, encargados de las crecientes ediciones virtuales, columnistas, articulistas, directores.

“Ha sido una historia de 30 años, una aventura que iniciamos Sergio Cortés, Susana Rappo, Jaime Ornelas y dos compañeros más. Nos tardamos un año y tantito de convencer a (Carlos) Payán que no se dejaba, le hicimos demostraciones de nuestro trabajo. En 1997 nos aventamos porque Carmen Lira nos dijo ‘láncense al diarismo’, pues éramos solo un semanario… hemos seguido con muchos episodios”, contó Aurelio Fernández, acompañado en la cámara por su compañera de vida Alejandra Meza.

A cuadro, Susana Rappo, economista, periodista, académica universitaria y vital cofundadora de este periódico hace tres décadas, reiteró que por las condiciones sanitarias que han llevado a la reclusión, el 30 aniversario se había convertido en un ejercicio de recuperación de fotografías, testimonios y felicitaciones.

“Para este día estaba programada la fiesta de los 30 años que tuvimos que cancelar por la situación del resguardo, la cuarentena y la pandemia. No queríamos dejar pasar el podernos ver, el saludarnos con algunos compañeros con quienes no nos vemos no solo por la pandemia, sino por las ocupaciones de cada quien”, mencionó mientras pasaban imágenes pasadas en las que aparecía sonriente y siempre flanqueada por sus cómplices Sergio Cortés y Aurelio Fernández.

Sergio Cortés apareció en el cuadro virtual rodeado por estanterías cargadas de libros. Ahí, desde casa, recordó a los amigos y colaboradores que pasaron por el diario y “se han ido”. De paso, reflexionó sobre un asunto: que no pensó que un proyecto periodístico como La Jornada de Oriente fuera a durar tanto: “No lo hicimos pensando en dinero o en fama, nos ha gustado hacerlo, nos divertimos, lo hacemos con entusiasmo y satisfacción”.

Si bien reconoció que “tirar” el periódico en su versión impresa es cada vez más un asunto financiero complicado, el también profesor universitario aseveró que “lo que se escribe en un impreso, no siempre se le encuentra en audio ni en otros medios”.

Desde la redacción, el jefe de información de Puebla y director del programa en redes sociales de La Jornada de Oriente, Fermín Alejandro García, reconoció que el colaborar casi desde sus inicios con el diario –desde 1992–, luego de pasar por la radio y conocer la mayoría de los medios de comunicación de Puebla, significaba “no solo un asunto de trabajo sino un asunto de identidad, donde uno se siente bien, se identifica, y donde el periodismo tiene un sentido social”.

Convencido, señaló que el 30 aniversario del periódico era una oportunidad para felicitar a todos los profesionales que han hecho posible su edición, porque “el periodismo es un trabajo colectivo, una labor que hacemos todos, que no se entiende si no la hacemos en conjunto”.

También memorioso, Raúl Jiménez Guillén recordó que al comenzar con el diario en Tlaxcala lo hacían apoyados en los teléfonos fijos, para luego pasar a las computadoras y todo lo que ha significado el avance tecnológico. “Estos 30 años han sido trabajar e invertir nuestro tiempo y nuestro trabajo en razón del proyecto”, afirmó. Además, repasó y agradeció a cada uno de los que han pasado o laboran actualmente, lo mismo editores, que fotógrafos, columnistas y reporteros. De todos, distinguió que ha sido un trabajo de “colaboración de carácter voluntario, siendo eso lo que define a La Jornada de Oriente en Puebla y Tlaxcala”.

El coronavirus llevó a explorar nuevas formas de comunicación y de festejo, destaca El Güiri Güiri

Entre aplausos, recurrentes solicitudes de cervezas –todas virtuales–, y con la esperanza de concretar una fiesta en la que se anulen las distancias, en el festejo virtual de La Jornada de Oriente no faltó el humor que estuvo a cargo de los moneros Rapé, Hernández, Helguera y Patricio quienes, en otros aniversarios, han sido los protagonistas de escenas y personajes cómicos: un desastroso Mario Marín, un irremediable Zapata, la falta de gracia encarnada en Elba Esther, la asediada Gran pirámide de Cholula, o la amenazante figura del gobernador Rafael Moreno Valle aniñado con calzoncillos a la manera de Chabelo, que entre berrinches lanzaba celulares de juguete de color rosa.

Primero, a su manera, sonaron las mañanitas de Jesusa Rodríguez dedicadas a esta publicación “por su increíble resistencia y por el triunfo de un periodismo crítico” y “los 10 mil 957 días de amor a la verdad y a la justicia”. De paso, prometió participar en el festejo pendiente “con todo y obra de teatro”.

De igual forma, montado como Ponchito, uno de sus personajes más entrañables, El Güiri Güiri, celebró las tres décadas pese a lo hecho por el “maldito coronavirus” que llevó a la reclusión, pero también a “explorar nuevas formas de comunicación y de festejo”.

“Ustedes que siempre han estado a la vanguardia esta perfecto que hagan esta fiesta de 30 años de La Jornada de Oriente de una manera virtual… habrá oportunidacs (sic) de que volvamos a estar juntos y nos podamos dar abrazos, besos y reírnos de esta situación que va a quedar en el pasado”, dijo Ponchito con su inconfundible humor animando una celebración atípica, como atípica ha sido esta contingencia o la existencia, por 30 años, de un diario que ha conservado “un periodismo vertical, responsable comprometido y solidario con quien no encuentra una forma de decir lo que siente”, como distinguió Francisco Castillo Montemayor.

El tono ensoñador, estuvo a cargo del poeta de esta casa editorial, Ricardo Antonio Landa, quien cantó una Oda con lámpara, un poema inspirado a partir de un óleo de Christian Krohg: “En la larga noche del mundo, /La Jornada de Oriente no desfallece, / aunque parpadea, ilumina cabal/ para tus ojos los caminos de la seda, / las travesías entre tormentas, / tus aventuras en Macondo/ y la desventurada vida/ de una monja rebelde/ que escribe cartas con su sangre. // La noche se acorta, quizá no existe, / la jornada oriental es un sol que ruboriza las mejillas/ y que abre el jardín de flores de tu mesa.// La jornada, tú y la balsa de papel en que navegas/ superan el naufragio/ y alcanzan puertos que te dan la bienvenida/”.