25 de octubre de 1983

«¿Dónde están las colonias de América Latina?

 América Latina tiene que buscar un camino diferenciado,

 autónomo, propio. Un camino que América


Latina debe determinar con especial

atención a la historia de sus despojos».

 José Pablo Feimann

El 25 de octubre de 1983 se llevó a cabo una más de las invasiones de Estados Unidos de América a los países del continente americano. En esa ocasión, fue la operación militar denominada «furia urgente», debido a que en el poder de aquel fuerte país del caribe «Granada» —con el respeto que merece, pero el gobierno de Reagan lo maximizó como un riesgo para su país— se había situado como titular del gobierno un sujeto que estaba auspiciado por Cuba y por la extinta URSS; por ende, «era necesario» que el gobierno de ese entonces, el de Ronald Reagan, invadiera el poderoso territorio de la isla de Granada para «rescatarlo» de las manos del comunismo y salvar la vida norteamericana. Dicha invasión fue comandada por el país del norte, seguido de los poderosos ejércitos de los países de Barbados y Jamaica.

Algunos de los escritores de este suceso, como Noam Chomsky, han sostenido que esa invasión a Granada por Estados Unidos de América, en el conocimiento cultural de millones de habitantes norteamericanos era muy bajo; incluso lo era en el de los propios soldados de ese territorio, quienes no sabían en dónde estaba situado ni, mucho menos, cuáles eran las razones por las que era necesaria esa invasión a dicha diminuta nación.

Esa fecha es una muestra más de la doctrina «Monroe» de 1823 de Estados Unidos de América denominada «América para los americanos», la cual aludía a que a ese país le corresponde el dominio político y económico de todo el continente de América Latina. Por ello, la sentencia del profesor argentino José Pablo Feinmann: «Los países periféricos nunca han tenido economía, la economía los tuvo a ellos. La economía de los países periféricos siempre estuvo determinada en exterioridad, determinada desde afuera e incluso manejada desde afuera» (Una filosofía para América Latina, Buenos Aires, Planeta, 2018).

Efectivamente, ahora el control de todos estos países ya no es por invasión militares, pues estas son incluso hasta mal vistas, salvo, desafortunadamente, las de los países del Medio Oriente; pero que, en nuestra región, Estados Unidos de América invada los países, ahora es visto, incluso, hasta grosero. Algo que tampoco es necesario para mantener su hegemonía, pues ahora el control es totalmente económico; es lo que está sucediendo con todos los países de América Latina (incluyendo México); aquel país del norte no permite a los de esta región ser verdaderamente independientes ni gozar efectivamente de su soberanía; pues la soberanía que tenemos es simplemente formal, pero no de fondo. Muchas de las disposiciones legales de nuestros sistemas jurídicos, primero, son casi idénticas a las de aquel; segundo, están auspiciadas por el gobierno de Estados Unidos de América. Éste es el que se encarga de imponer instituciones jurídicas en los países de nuestra región, como, últimamente, es el caso de la Ley Anti-lavado o de las regulaciones de los impuestos al consumo y del Impuesto Sobre la Renta; todo lo cual impide el crecimiento de las empresas nacionales en el propio México y que aquellas que pretenden crecer sean frenadas. Son sus medidas las que han hecho que hoy el delito de lavado de dinero se vea peor que un homicidio. Por ello, la dependencia hacia Estados Unidos de América, si bien no es expresamente política, sí es totalmente económica; por ende, indirectamente, política.

El profesor Raúl Zaffaroni, juez de la Corte Interamericana de Derechos Humamos, denomina esto la «segunda fase del colonialismo» (El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo, Buenos Aires, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2015); de lo que, como primera fase, se dio un control político y, en esta segunda, se da un control totalmente económico; lo cual se muestra en la dependencia que hay de los préstamos que reciben los países de la región y en cómo se ahogan con el pago de los intereses de esas deudas externas, creadas para que sea imposible cumplirlas y para que su falta de pago o las moratorias que se pretendan proponer causen un problema económico catastrófico en tales naciones. La última prueba de ello es Argentina, que está proponiendo un plan de pago de la deuda externa, cuya moratoria está causando una crisis económica a gran escala, con el verdadero riesgo de que se agudice en años venideros. Por esto, la fecha del 25 de octubre de 1983, y otras más, no debería pasar desapercibida para los habitantes de esta gran región de América Latina.