El 22 de febrero de 1854, el presidente Benito Juárez crea por decreto la “Escuela de Agricultura de San Jacinto” en el ex-convento de San Jacinto, ubicado en la Ciudad de México. El proyecto estuvo a cargo de Melchor Ocampo, quien contaba con estudios de agricultura cursados en Francia.
La primera escuela de agricultura en Latinoamérica, tuvo gran influencia en la construcción de la sociedad agronómica de México. Después de permanecer cerrada por algún tiempo, reabre sus puertas el 22 de febrero de 1915 con el nombre de “Escuela Nacional de Agricultura”, que se traslada a la ex-hacienda de Chapingo, iniciando actividades el 22 de noviembre de 1923, adoptando el lema: “Enseñar la explotación de la tierra, no la del hombre”. Se inician importantes reformas como la trasformación de Escuela en Universidad y el 30 de diciembre de 1974, se publica la ley que crea la Universidad Autónoma Chapingo, culminando el proceso trasformador en 1978 con la aprobación de su Estatuto.
Otras instituciones surgieron en distintos momentos del siglo XX: el 4 de marzo de 1923 nace la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro en Saltillo; se crea la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar de Ciudad Juárez, y el Colegio Superior de Agricultura Tropical de Cárdenas, Tabasco; estas dos últimas extintas en el gobierno de Carlos Salinas. El 22 de febrero de 1969 se crea el Colegio de Postgraduados como institución de enseñanza en ciencias agrícolas. Surgen los Tecnológicos Agropecuarios y diversas universidades estatales empiezan a impartir la carrera de Agronomía.
El 22 de febrero se convierte en una fecha emblemática por los acontecimientos históricos en el ámbito de la Agronomía en México; de ahí que, ese día se celebre el “Día del Agrónomo”.
La Agronomía, profesión sabiamente vinculada a la naturaleza, la producción de alimentos y materias primas, es la ciencia de la agricultura, la tierra, el agua, las semillas, la ganadería, los manantiales, los bosques, los hombres y mujeres del campo, y todo su entorno.
México ha contado con destacados Agrónomos, que han contribuido a la agricultura nacional, a incrementar la producción de alimentos, a fortalecer la docencia y la investigación, a la vida pública, así como a la creación de empresas agropecuarias. El actual escenario laboral para las nuevas generaciones de profesionistas, se complica cada día, algunas carreras más que otras. Por contrato sueldos bajos, sin seguridad social, fuertes cargas de trabajo y horarios; son las condiciones imperantes actuales para la mayoría de jóvenes. La cifra es alarmante, se estima que un 80 por ciento de los profesionistas, no ejerce su carrera para la cual estudiaron; para los Agrónomos de México, los datos son igual o mayormente preocupantes. Se estima que en México hay unos 150 mil Ingenieros Agrónomos y es muy posible que un 85 por ciento no ejerce su carrera profesional dadas las condiciones actuales de un campo rural débil, en abandono y descapitalizado.
También puedes leer: Globalización agroalimentaria, un régimen de subordinación
Tradicionalmente el Agrónomo se forma en escuelas públicas y su formación ha tenido un carácter social, siendo un distintivo de esa carrera. Dada su formación profesional, la gran mayoría se incorporaba a trabajar al servicio público porque las condiciones eran favorables hasta la década de los ochentas; al paso del tiempo, las condiciones fueron cambiando, de modo que, hoy las condiciones son restrictivas. Por su parte, la iniciativa privada ofrece limitados espacios y sueldos poco atractivos. Es necesario que el Agrónomo al igual que otros profesionistas, genere sus propios ingresos. Una carrera para la vida, un oficio y un pequeño negocio son posibles escenarios de desempeño que pueden ser alternativas de ingreso y dignidad para los jóvenes profesionistas. Nada es más satisfactorio que desarrollarse en lo que estudiaste, en lo que te gusta hacer, en desarrollar habilidades y destrezas, al ofrecer tus servicios profesionales y generar ingresos dignos. Hoy, el camino es el emprendimiento, la innovación, la creatividad, las alianzas, la administración de riesgos y el valor del tiempo para un desarrollo satisfactorio. “Inicia en pequeño, sin dejar de pensar en grande”.
La producción de alimentos de un pueblo es un tema de seguridad nacional que un Estado–nación debe atender sin demora ni retoricas absurdas. México depende hoy en más del 60 por ciento de las importaciones de alimentos. La agricultura nacional debe revalorarse por ser estratégica y pilar del desarrollo del país, a fin de disponer de alimentos nutritivos suficientes, inocuos, accesibles y asequibles para toda la población.
El agrónomo entrega el corazón por la agricultura, es aliado del campesino y el agricultor como guardianes de la vida y custodios de la naturaleza; es amigo y colaborador del ganadero y empresario rural. “Sin agricultura y sin agricultores, no hay comida”. El Agrónomo debe reposicionarse en las parcelas, las huertas, las fincas, los potreros, la agroindustria y en los emprendimientos con o sin la intervención del Estado. Dignificar al agrónomo es dignificar a la agricultura como “la actividad del hombre sabio, la más digna para el hombre sencillo, y la más satisfactoria para el hombre libre” (Cicerón).
Te podría interesar: El Trump de su segunda etapa


