100 años y nada

Hernán Laborde, además de dirigente obrero y Secretario General del Partido Comunista Mexicano durante los años 30 del siglo XX, era poeta y gran amigo de Valentín Campa. Cuando por enésima vez Valentín fue encarcelado con motivo del charrazo (de noviembre de 1949 a enero de 1952), escribió:

Valentín, eres valiente/ como muy pocos lo son/ y yo sé que mucha gente/ te lleva en el corazón.

Si tu madre te visita/ trayéndote su cariño, / pareces tan sólo un niño/ que está con su madrecita/ pareces tan sólo un niño.


Y si al sentarte a su lado/ le notas el aire grave/ o la mirada severa, / es que piensa en lo que sabe: / está dentro un hombre honrado/ muchos pillos andan fuera…

Un pajarito saliendo/ de su jaula, así me dijo/ -a las puertas de la peni/ una madre espera a su hijo. (Citado por Valentín Campa en sus memorias).

Valentín siguió siendo un niño hasta el último de sus días. Abstemio (solo bebía leche), dulcero, incorruptible, indomable e indoblegable. Recuerdo una ocasión (en 1973) que regresábamos de Puebla en compañía de Arturo Martínez Nateras, ya muy tarde por cierto, que nos detuvimos un momento para que Valentín pasara a visitar a su madre.

Alma llena de ternura infinita, de pureza en sus ideales y propósitos, disciplinado hasta las cachas, aparecía terco, sectario e inflexible para las aguas infestadas de tiburones, a los que enfrentaba con valentía, capaces de vender hasta su alma para salvar sus intereses.

Valentín jamás se preguntó si era parte del proletariado sin cabeza, porque siempre personificó a la cabeza del proletariado que quería llegar a ser, libre e independiente, autónomo y revolucionario, pero que terminó por ser sometido por la represión y la corrupción. Jamás él fue vencido.

Así como Lenin dijo algún día que el partido cabía en un sofá (refiriéndose a la definición del partido respecto a la revolución en curso), Valentín en su celda recurrente o en su lucha interminable, jamás dejó de representar esa otra posibilidad de desarrollo de la clase obrera mexicana.

En las conclusiones de su vida política, cuando en su libro “Mi Testimonio” abrió generosamente sus experiencias a las nuevas generaciones, escribió que “la deficiencia principal, tanto mía como de otros camaradas de mi generación, fue nuestro bajo nivel teórico y aun político en momentos cruciales para la historia del Partido Comunista Mexicano y el movimiento sindical”. Esos momentos cruciales, principalmente el de la fundación de la CTM, marcaron la suerte del PCM, porque en esos días que condensaron años, se definió la posibilidad de crear el partido político de la clase obrera y del movimiento sindical independiente del gobierno, autónomo y libre.

Con su modestia Campa se adjudica la responsabilidad por su bajo nivel teórico y político. Pero fácil no la tenía. Se enfrentó a Stalin y a la Internacional Comunista, a Lombardo Toledano, al Presidente Cárdenas, a los capitalistas, al imperialismo yanqui, a los “amarillos” de Fidel Velázquez, al oportunismo de los aliados, y todo ello en el entorno de la guerra mundial por estallar.

Finalmente se impuso el proyecto del gobierno y de Fidel Velázquez. La clase obrera fue integrada al frente de la unidad a toda costa y después incorporada corporativamente al Partido del gobierno. Después de la guerra, con la represión y la corrupción, se impuso el charrismo y el PCM fue proscrito. Valentín Campa cayó encarcelado por más de tres años y luego del movimiento ferrocarrilero, por más de diez. La suerte de Lombardo Toledano también quedó marcada. Siempre quiso ser el ala izquierda de la revolución y la revolución, ya institucionalizada, lo echó por la borda. Sus aspiraciones se redujeron a la fundación de su Partido, tan marginal como el PCM, pero sin la dignidad y el espíritu revolucionario de hombres como Valentín Campa.

En estos días que se cumplen 100 años de la fundación del PCM y que la 4 T le hizo un homenaje a Valentín, no se ha mencionado lo fundamental, a saber, que el fracaso del PCM en cuanto a su objetivo fundamental, significó para el país gran parte de su fracaso en cuanto al objetivo de la justicia social. México refleja en su estructura de clases y en su conformación política la historia frustrada del Partido Comunista Mexicano. La clase obrera se encuentra incorporada al Estado a través de los sindicatos en una forma corporativa y de varios mecanismos de mediación y cooptación.

La ausencia de una clase obrera con expresión política propia e independiente del Estado, permitió el triunfo del Proyecto de la revolución mexicana que colocó a la clase obrera como un pilar político de su dominación económica y social. Así, los desposeídos también han estado en manos del mismo proyecto, por lo que una de las características de la sociedad mexicana ha sido la tremenda desigualdad entre sus clases sociales.

Por su parte, el PCM, después del período oscuro del Encinato, con la reincorporación de Campa y bajo la dirección de Arnoldo Martínez Verdugo, pudo construir poco a poco un proyecto para las nuevas condiciones después de la muerte de Stalin, la revolución cubana, el ascenso de las clases medias en el país y el creciente carácter despótico y opresivo del régimen. La crítica a la Unión Soviética, la actualización de su programa por las libertades políticas y democráticas y la presencia de luchadores como Valentín (Othón Salazar, Ramón Danzós Palomino, entre otros), le permitieron al PCM sobrevivir y reclutar a muchos jóvenes que pronto adquirieron experiencia, formación y prestigio. De ahí que en varios momentos de la lucha social aparecían los comunistas, como sucedió en el 68, en el que varios de los dirigentes estudiantiles se habían formado en la juventud comunista.

El movimiento y la terrible represión del gobierno cambiaron al país.  En las universidades, en la guerrilla, en el sindicalismo universitario y en algunas otras luchas muy importantes, la formación de cuadros se fortaleció al igual que la presencia del partido y otras organizaciones de izquierda. La estructura política del sistema ya no aguantaba más y fue necesaria su reforma para permitir la legalización del partido.

A pesar de sus aciertos, como la campaña de Valentín Campa a la presidencia en 1976, la influencia del PCM era menor a las potencialidades políticas de la lucha democrática por lo que, cuando se dieron las condiciones para la unidad con otros partidos, el PCM cedió su registro.

El PCM desapareció y con él la propuesta de organización política libre e independiente de la clase obrera mexicana. Todavía en el PMS se mantuvieron algunas propuestas para la reorganización del proletariado a partir de los grandes sindicatos de industria, a partir de las propuestas de Rafael Galván. Después, ni el PRD, ni Morena han propuesto un proyecto digno de esa aspiración.

Y sin embargo, la lucha por una reforma fiscal de fondo como base para la redistribución del ingreso, además de muchas otras reivindicaciones para alcanzar un Estado social y democrático, sólo se podrán lograr, entre otros factores, con una mayor presencia de los trabajadores organizados de manera libre e independiente. Estoy seguro que eso diría Valentín.