Lunes, abril 12, 2021

¿Ya se te prendió el foco?

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Con la invención de la electricidad y su aplicación generalizada en la vida social, el mundo cambió notablemente y ya nada volvió a ser igual. Muchos otros métodos de energización e iluminación públicos fueron experimentados y usados para estos propósitos como el gas, el carburo, el aceite, pero —aparte de los usos industriales imprescindibles— fue la electricidad doméstica la que nos proporcionó el confort del que gozamos hoy en día. Sólo basta que nos quedemos “sin luz” para que aparezcan un sinnúmero de trastornos como la desactivación de los refrigeradores, las bombas impulsoras de agua, la inutilidad de muchos electrodomésticos como televisores, cafeteras eléctricas, hornos de microondas y las lámparas y focos de la casa.

Cuando el problema del “apagón” persiste por más de dos horas nuestra preocupación va en aumento. Después de un periodo prolongado sin energía eléctrica los efectos se hacen sentir y van desde los de orden material y económico como la descomposición de los alimentoso conservados en el refrigerador, los medicamentos que requieren de frío, así como la posibilidad —cuando “regresa la luz”— de producirse un intenso pico de voltaje que puede dañar la vida útil e incluso quemar los motores de los electrodomésticos. Además, en algunas personas se manifiestan ciertos efectos psicológicos de desamparo por la falta de “luz” y la irrupción repentina de algunos fantasmas personales que acechan y se potencian desde las sombras; es decir, con poco que hacer y sin distracción alguna la mente empieza a girar y a sacar a flote miedos e inseguridades, pero cuando “llega la luz” todos sentimos un gran alivio.

¿Cómo llegó a convertirse el fluido eléctrico en un bien indispensable del cual depende la vida doméstica? Según relataban los abuelos de algunos que peinamos canas o cabello ausente —“rucailos” como el que esto escribe— en el primer tercio del siglo XX, la electricidad no estaba aún difundida por todas las poblaciones de nuestro país, sobre todo en los sitios más alejados de los centros urbanos; ahí la vida tenía un ritmo completamente distinto, porque a las horas de obscuridad no se les podía restar mucho tiempo como hacemos los que gozamos de luz eléctrica. La gente tenía a la mano sus palmatorias, quinqués, candelabros y candiles, con una buena provisión de velas de parafina o cera para paliar un poco la oscuridad y concluir las tareas ordinarias, para luego irse a “aplastar oreja” y levantarse al alba del día siguiente. Tiempos lentos y relajados que no se conciben hoy en día.

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Sin ser de alto voltaje, la corriente eléctrica alterna de las casas puede provocar lesiones en personas sensibles o cuando la descarga se produce en circunstancias especiales. La mayoría de las veces el accidente no pasa de un simple “toque” que sólo provoca en quien lo recibe una desagradable sensación. Sin embargo, existen casos como el de la escritora Rosario Castellanos, quien era embajadora de México en Israel, cuando murió fulminada por una descarga eléctrica en su casa en Tel Aviv que, al parecer, se debió a que conectó una lámpara, con el cable dañado, estando descalza y sobre el piso mojado. Así que la advertencia de los padres a los chamacos es que tengan mucho cuidado con la electricidad, porque se pueden quedar “pegados” y tiesos con la electrocución.

La electricidad fue en sus inicios, aparte de sus usos prácticos, la esperanza de muchas personas de que el fluido, que ya se advertía poderoso, podría tener usos terapéuticos y curar algunas enfermedades; así que se empezaron a ensayar las descargas eléctricas para una gran cantidad de dolencias y problemas de salud como la migraña, la ansiedad, la epilepsia, heridas diversas, cefaleas, afecciones mentales problemas de mala digestión y hasta diarrea. Los testimonios de los “curados” por estos métodos fueron muchos, pero no siempre muy confiables por mala intención o simplemente por sugestión y convencimiento de que la electricidad les había resuelto sus males. Los artilugios que se utilizaron para aplicar las descargas fueron complejos aparatos mecánico-eléctricos como el exitoso cinturón hidroeléctrico de Pulvemacher que fue vendido por miles de unidades en Europa y Estados Unidos, principalmente.

También la electricidad se ha asociado con el valor y los humos del alcohol, ya que algunos “machines” practican en las cantinas los “toques”; es decir, pagan veinte pesitos a los sujetos trashumantes que ofrecen a los parroquianos descargas eléctricas mediante unas “cajas de toques” con las que se puede regular la intensidad de la corriente eléctrica y que los valentones, que nunca faltan y que llevan media estocada dentro, toman los electrodos haciendo alarde de su resistencia y de su temeridad hasta que se les tuercen los brazos y celebran con ruidosas risotadas y gritos las portentosas hazañas etílicoeléctricas.

Muchas canciones de los géneros musicales populares tienen que ver con la luz eléctrica y no con la solar o la proporcionada por otros astros. Ahí tienen “El apagón” cuya letra ambigua parece anunciar una violación o una relación consensuada “con el apagón… que cosas suceden”

Iba sola por la calle

Cuando vino de pronto un apagón.

Vale más que yo me calle

la aventura que a mi me sucedió.

Me tomaron por el talle,

me llevaron al cubo de un zaguán

y en aquella oscura calle

¡Ay, que me sucedió!

Una canción de Armando Manzanero que también sugiere algo más que el solo pensamiento romántico es “Voy a apagar la luz”.

Así que voy a apagar la luz para pensar en ti.

Allí donde todo lo puedo, donde no hay imposibles.

Que me importa vivir de ilusiones si así soy feliz

Pero como te abrazaré, cuanto te besaré,

mis más ardientes anhelos en ti realizaré.

Y la también el muy conocido y celebrado tango de Carlos Gardel “A media luz” que trata de amores clandestinos.

Y todo a media luz

que es un brujo el amor,

a media luz los besos

a media luz los dos

Y que tal la canción supuestamente redentora de la Sonora Santanera “Luces de Nueva York”

Vuelve al cabaret no me importa ya tu suerte

Ya, ya no quiero mas volverte a encontrar ni verte.

Vuelve ahí cabaretera, vuelve a ser lo que antes eras.

En aquel pobre rincón, ahí quemaron tus alas

mariposa equivocada las luces de Nueva York

Por último, les comento que existe un foco, en la población Livermore en California, Estados Unidos, situado en un cuartel de bomberos, que lleva encendido al parecer más de 117 años ininterrumpidamente [1]. El caso excepcional del “foco centenario” o Centennial Bulb no podrá repetirse nunca más, debido a que los productos electrónicos y eléctricos, desde hace ya muchos años, tienen una obsolescencia programada que los vuelve inútiles por no existir piezas de recambio o simplemente porque no se vuelven a producir los modelos. Esto tiene un fin exclusivamente de lucro, mismo que comprobamos todos los días cuando nuestras computadoras ya no admiten las dichosas “actualizaciones” y después de cierto tiempo dejan de sernos útiles.

Por esa razón, si ya se nos prendió el foco, no nos queda a usted y a mi otro camino que hacerse de nuevos bienes y sobre todo tener la “luz” suficiente para sufragar estos gastos inevitables.

 

[1] https://www.centennialbulb.org/arts.htm [Consultado: 26/01/2021]

https://www.bbc.com/mundo/noticias-44542763 [Consultado: 22/01/2021]

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