Martes, junio 25, 2024

¿Colapso?

Tengo recuerdos un tanto confusos del momento en que sucedió, pero estoy casi seguro de que fue en el 8vo. Congreso Internacional de Mayistas que tuvo verificativo en la UNAM, en el Instituto de Investigaciones Filológicas… en el Aula Magna del Instituto hablaba Nicolai Grube, especialista de la Universidad de Bonn desde hace muchos años en los mayas Clásicos, ofreció una ponencia intitulada “El colapso maya: ¿revolución o transformación social?” Recuerdo que por ahí estaba en el público Arthur Demarest, mayista de la Universidad de Vanderbilt en Tennessee, Estados Unidos y especialista en la ciudad de Copán, en Honduras. En el mismo panel estaban otros mayistas como Carmen Valverde, Mario Humberto Ruz (ambos de la UNAM) y Tsubasa Okoshi, mayista japonés especialista en mayas campechanos y autor de un singular estudio y de una más que pertinente traducción del Códice de Calkiní, manuscrito elaborado en la época colonial. La mesa, “Conflictos armados y Procesos de Resistencia”. A quien le interese, puede consultar el programa del congreso aquí, no crean que mi memoria da para tanto. El caso es que, cuando vino la sesión de preguntas y respuestas, en la parte de arriba del auditorio pidió la palabra Alfonso Lacadena, mayista español de la Complutense de Madrid -desafortunadamente, ya fallecido- e increpó a Grube y de paso a Demarest diciendo “¡ya basta de hablar de colapso maya!” El silencio fue tenso en el auditorio, aunque se sentían los movimientos de cabeza aprobatorios por parte de muchos de los asistentes entre los que me contaba. En efecto, el colapso, concepto con el que han descrito estos autores -y otros antes que ellos- un abandono progresivo pero acelerado de numerosas ciudades mayas peteneras en el periodo clásico tardío, entre finales del siglo VIII y principios del X de nuestra era. En dicho colapso, se habla de la caída de ciudades, del cese del registro escrito en estelas, escalinatas o tableros (el último del que se tiene registro es en Toniná, Chiapas, en 909). Quizá el concepto como tal no ha sido del todo erróneo al tratar de describir un fenómeno de tal complejidad; sin embargo, el concepto usualmente ha venido acompañado de la idea de que los mayas, después de este colapso, desaparecieron, cosa a todas luces falsa, es decir, existen mayas el día de hoy en múltiples zonas de Tabasco, Chiapas, la península de Yucatán, Guatemala… con ello, de paso, se niegan también sociedades tan importantes como los itzaes y su capital Tayasal en la región petenera, los k’iche y su ciudad K’umarkaj en los altos de Guatemala, ciudades tan importantes como Chichén Itzá, Mayapán, Tulum, todas ellas con presencia postclásica, posterior al colapso. A su vez, se ha especulado bastante con respecto al fenómeno y los especialistas no se han puesto de acuerdo en las causas de tal declive; quizá la explicación más atractiva ha sido la de un posible desastre ecológico producto del crecimiento desmedido de todas las ciudades clásicas, en una clara proyección al pasado de lo que nosotros estamos viviendo en el presente. ¿Habrá sido así? Yo tengo mis reservas.

En fin, traigo a cuento esta discusión pues hace unos días en la Jornada Maya se dio una noticia interesante: “Descubren en Guatemala nuevos indicios en torno al proceso del colapso de la civilización maya”. En la nota se consigna que un “nuevo informe publicado por el servicio de prensa de la Universidad de Cambridge reveló el descubrimiento de esqueletos carbonizados y cientos de piezas de adornos fabricados con materiales preciosos en el sitio maya de Ucanal, en Guatemala, en un hecho que podría arrojar nuevos indicios sobre el proceso de colapso de la civilización maya en Centroamérica. (…)  El hecho, parte de un acto político en rechazo a la dinastía maya que gobernó entre los años 600 y 810, dio inicio a un nuevo orden político que coincide cronológicamente con el reinado de Papmalil de K’anwitznal, responsable de cambios claves en las alianzas políticas en el sur de las Tierras Bajas Mayas”. Esto brinda elementos a otra de las hipótesis que afirma que en torno al Clásico terminal se habría generado una crisis política que habría afectado a muchas ciudades llevándolas a dificultades internas, revueltas y posteriores caídas. De acuerdo con ese informe, afirma la nota, “es muy probable que ocurriera una quema ritual pública en una de las grandes plazas ceremoniales de la ciudad durante algún momento del periodo Clásico Terminal temprano”. Bien, el hallazgo es importante porque, como bien dice la nota, arroja luz sobre el enigmático fenómeno. Sin embargo, tuve oportunidad de acceder al estudio citado, denominado “A pivot point in Maya history: fire-burning event at K’anwitznal (Ucanal) and the making of a new era of political rule” (Un punto de inflexión en la historia maya: la quema ritual en K’anwitznal (Ucanal) y la creación de una nueva era de gobierno político) (2024), publicado por Christina T. Halperin, Marta Lidia Perea Carrera, Katherine A. Miller Wolf y Jean-Baptiste LeMoine en la revista Antiquity de la Universidad de Durham y distribuida por Cambridge University Press. Al revisarlo, noté que hay mucho más que una aportación a la explicación del colapso. Hay pistas, eso sí, para comprender la forma en que grupos externos a la región influyeron directa o indirectamente en el desarrollo y, por supuesto, en el declive, de tan importantes centros de poder.

Como parte de lo que comento, encuentro central esta afirmación realizada en la investigación: “Una de las transiciones más importantes en la historia política del reino de K’anwitznal se produjo a principios del siglo IX con la asunción del liderazgo por Papmalil (o Papamalil). El nombre Papmalil no tiene precedentes entre los textos ch’olti’anos del período Clásico y puede haber sido de origen extranjero, derivando del maya chontal (Martin 2020: 290, 295-6) o del nahua (Pallán Gayol & Meléndez Guadarrama 2010: 18). –19), y este último influyó durante mucho tiempo en los mayas chontales a lo largo de la costa del Golfo”. Por tanto, los autores argumentan que dicho gobernante podría provenir o tener influencia de grupos chontales (¿putunes chontales?) provenientes del Golfo, es decir, de esa interesante región denominada “La Chontalpa”, que se encuentra entre Tabasco y que fue punto de confluencia de culturas, mercancías y conocimientos; punto de entrada para que influencias del Altiplano Central o del Golfo viajaran hacia la zona maya. Desde esa región podría haber transitado lo que hoy denominamos como lo “olmeca” hasta regiones tan distantes como Kaminaljuyú en la hoy Ciudad de Guatemala en el periodo Preclásico, antes de nuestra Era; de igual manera, por ahí podría haber pasado lo teotihuacano, también a Kaminaljuyú e indudablemente a Tikal, en el Petén en la época Clásica; y, de ahí partieron los putunes chontales que se dice llegaron a Chichén Itzá, primero y a K’umarkaj, después, introduciendo el culto a Quetzalcóatl y muchos otros elementos que hoy describimos como lo “tolteca” en el periodo Postclásico. Es más, como he sostenido en otra entrega (“Cacaxtla y lo maya”), acaso de ahí provenían los famosos olmeca- xicalanca, conquistadores de Cacaxtla y artífices de sus pinturas.

Como vemos, tales migraciones e influencias, así como posibles conquistas o alianzas, fueron delineando no sólo lo maya, sino también lo que podemos denominar como lo mesoamericano. Pensar en el colapso como algo sucedido a los mayas, como un misterioso evento que borró a una civilización entera, no sólo es falso, sino también una simplificación de algo mucho más complejo. Para comprender estas subidas y bajadas, caídas y recuperaciones de ciudades (algo así vivió Tikal con la caída de Teotihuacan), necesitamos atender a los ritmos regionales, sí; pero también a las posibles influencias y confluencias que se vivían en el momento, en el pasado y en los años posteriores. Como concluyen los investigadores, el “evento de quema ritual del Entierro 20-1 en el sitio de Ucanal marcó un momento importante en la historia política del sistema de gobierno K’anwitznal que rechazó una línea dinástica anterior en ciernes de una nueva era de la historia política. Comprendía el reingreso a la tumba (o tumbas) de la realeza maya del Clásico Tardío y la quema ritual de al menos dos cuerpos reales y sus ornamentos corporales. El evento de quema ritual, que ocurrió en algún momento durante el período Clásico Terminal temprano, coincide cronológicamente con el reinado de Papmalil de K’anwitznal, quien fue responsable de cambios clave en las alianzas políticas en todo el sur de las Tierras Bajas Mayas”. Y, en esencia, marcó el inicio tanto de nuevas formas de representación en imágenes de lo señoríos, como del desarrollo de otras formas de relación política y social.  “En este sentido -afirman los autores-, no fue sólo el fin de una era, sino un punto de inflexión en torno al cual la entidad política K’anwitznal, y los mayas de las Tierras Bajas del sur en general, se transformaron de nuevo”. Para muchos arqueólogos e historiadores, resulta incorrecto realizar comparaciones regionales o globales; para ellos, hay que centrarse en el tiempo y el lugar estudiado. Empero, como vemos, es necesario realizar un análisis de las relaciones entre ciudades y regiones diversas para comprender los ritmos de sociedades tan complejas. Podríamos pensar que la comunicación entre espacios tan distantes pudiera ser acaso imposible o difícil; no obstante, la evidencia material y simbólica nos hace repensar no sólo lo imposible, sino imaginar a estas sociedades desafiándonos a nosotros, investigadores, mostrándonos que ellos vivían en el mundo de lo posible. Dejemos de lado la idea de colapsos y mejor pensemos en transformaciones.

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