Jueves, enero 15, 2026

La Reina Roja

El Canal 22 lanzó recientemente una serie documental llamada “Ancestras” (2025) y observé especialmente el capítulo 5 denominado “La Reina Roja de Palenque”. Según el boletín elaborado por la Secretaría de Cultura sobre el tema,  en “el marco del Año de la Mujer Indígena, Canal Veintidós, el Canal de las Culturas de México estrena Ancestras, una serie inspirada en aquellas mujeres que reinaron en el corazón de las grandes civilizaciones de Mesoamérica y cuya voz y memoria se ha difuminado, por los ángulos desde donde se ha contado la historia. (…) El entretejido de esta narración combina testimonios vivos, archivo histórico, animación y recreaciones visuales de la mano de expertas y expertos en distintos campos”. Al verlo con sumo interés, me llevé numerosas sorpresas que iré desgranando en esta entrega. Primero que nada, buena parte del documental se centra en numerosas mujeres de la comunidad maya Ch’ol que son protagonistas en sus comunidades de diferentes maneras, ya sea en la enseñanza de su lengua, como escritoras, como funcionarias en el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, como artesanas que buscan preservar sus tradiciones y artes. Me pareció un acierto fundamental el que el hilo conductor fueran estas mujeres, su lengua y sus costumbres, a la par de su trabajo y protagonismo. Sostengo categóricamente que el estudio de la historia y de la arqueología deben tener un impacto en el presente pues de lo contrario se trata de una mera descripción académica de aquello que los académicos creen que debe ser transmitido. De esta manera, al contar la historia de estas “ancestras” en relación con sus descendientes, podemos relacionarlas con el presente vivo, actual. Además, al hacerlo, se torpedea la perogrullada tan traída y llevada en programas sensacionalistas de corte pseudocientífico tanto del History como del Discovery que sostienen que los mayas “desaparecieron misteriosamente” debido al tan desafortunado concepto del “colapso”. Ni hubo tal colapso ni desaparecieron en la nada o llevados en naves extraterrestres a otras dimensiones. Siguen vivas y vivos y son producto de siglos de embates, violencias e imposiciones primero, coloniales, después mexicanas y ahora de gobiernos y empresarios rapaces -sí, incluida la 4T con su Tren Maya y la presencia de la Guardia Nacional-, lo mismo que los ataques constantes del crimen organizado y el desplazamiento forzado que llegan a tener. No, no la han pasado bien, ni como ch’oles y mucho menos como mujeres. Por tanto, reitero la genialidad de que ellas sean quienes llevan la voz -literalmente- en este producto documental.

La siguiente sorpresa vino cuando el documental habló de la Reina Roja, Tz’akbu Ajaw, quien fuera esposa del afamado Ajaw K’inich Janaab’ Pakal, quien gobernó Palenque- Lakamha’ del 615 al 683 d.C. Ella, al parecer, habría fallecido once años antes que él. La información del documental es pertinente, aunque siento que no se alcanzó a describir lo complicado del proceso tanto de la excavación como del estudio de los huesos y del ajuar funerario para determinar que se trataba de la esposa de Pakal. De hecho, el proceso fue muy complicado gracias en gran medida a la cantidad de cinabrio que existía en su cuerpo y en el lugar, que hizo que se impregnara en los huesos lo que dificultó su estudio. Según Enrique Vela, en una publicación para la revista Arqueología Mexicana que versa sobre el cinabrio, se “han encontrado rastros de su uso en distintas épocas y culturas. En la mayoría de los casos su presencia implica una demostración de riqueza. (…) En comparación con otros pigmentos rojos, es más bien escaso y de complicada obtención. Es por eso que las maneras y las ocasiones en que se le usaba estaban claramente definidas. (…) El cinabrio era considerado un material precioso y se asociaba con la muerte, por lo que es común que se le encuentre en contextos funerarios”. Fueron muchos los elementos que dotaron de relevancia al hallazgo tanto por el sitio en que se encontró, en el Templo de la Calavera, aledaño al templo de las Inscripciones que aloja la emblemática tumba de Pakal, como el ajuar funerario que incluía una magnífica máscara mortuoria de jade y el que estuviera la tumba y el cuerpo completamente cubiertos con este importante mineral. Pese a todo, considero que la información es suficiente y puede ser un buen punto de partida para interesar a más personas sobre este simbólico personaje. 

No obstante, he de decir que el documental me dejó otras sorpresas que siento quedan como pendientes por parte de la producción y del canal. Primero que nada, siento que faltó entrevistar a otras personas protagonistas tanto del hallazgo como de la conservación y estudio de esa tumba como del resto de Palenque. Si bien se entrevista a Keiko Teranishi Castillo, encargada de las zonas de Palenque, Yaxchilán y Bonampak, no figuró en el documental Fanny López, arqueóloga destacada del equipo de Arnoldo González, el arqueólogo a cargo del proyecto y que fue la mujer que hallara la tumba. ¿Por qué no se le entrevistó? Y su hubo otras mujeres en el momento, también debieron ser entrevistadas. Conozco a Fanny desde hace años y sé que constantemente se le quita su participación en el hallazgo. No se le ve en libros o en exposiciones -y ahora en documentales- sobre la Reina Roja. Allá por 2024, cuando le otorgaron la presea Rosario Castellanos, escribí una entrega al respecto y ahí dije: “A Fanny, junto a muchas otras mujeres trabajadoras, talentosas y capaces, se les han escamoteado sus logros por el simple hecho de ser mujeres; se les resta mérito argumentando que han llegado a donde han llegado gracias a sus atributos físicos, nunca mentales, en una clásica y detestable práctica machista, incluso perpetrada por otras mujeres. ¿A cuántas mujeres en la ciencia se les ha relegado a ser asistentes del investigador, siendo que ellas hacen el trabajo? O, ¿a cuántas las han pasado a segundo nombre o de plano las han borrado de libros o artículos científicos? ¿A cuántas les han dicho que se deben sentir ‘afortunadas’ por estar cerca de tal o cual ‘lumbrera’ de la ciencia, santón indiscutible al que siempre alguien le ha arrastrado el lápiz, le ha puesto orden en sus documentos y le ha dado ideas que ha empleado como propias?” Como sea, no aparece en el documental, apenas una mención como otra más de las personas que participaron en el descubrimiento. La arqueología, como muchas otras disciplinas en nuestro mundo, es profundamente jerárquica y patriarcal. He escuchado muchas veces que arqueólogos -y algunas arqueólogas también-, encargados de alguna zona arqueológica, impiden que sus asistentes o tesistas publiquen algo sin su autorización; también he sabido de personas que ven de esa manera retrasados sus estudios pues no se les permite defender sus investigaciones hasta que los “dueños” se los permitan. Por supuesto, el arqueólogo responsable de una zona debe tener un crédito en los hallazgos, pero debe reconocerse el trabajo de todas y cada una de las personas que laboran en los proyectos, incluidos los albañiles y excavadores, estudiantes, pasantes y todas las personas que con su labor contribuyen al desarrollo de estas investigaciones. 

Por otro lado, eché en falta la entrevista a aquellas mujeres arqueólogas de origen ch’ol que trabajan en la zona o que participaron en el hallazgo… Pero ¿existen? Al menos en el documental no las vemos. ¿Existe un programa específico del INAH para involucrar a las comunidades en la exploración de las zonas arqueológicas vía su preparación como arqueólogos y arqueólogas? ¿O simplemente se espera que lleguen a estudiar a las universidades que ofrecen la carrera? En efecto, lo que vemos en el documental son mujeres que con su protagonismo promueven el desarrollo de su cultura y de su lengua, pero no las vemos participando en las excavaciones y en las investigaciones como arqueólogas, historiadoras, epigrafistas. ¿Siguen siendo meros objetos de estudio como lo han sido por décadas de estudios mayistas en la región? ¿No tienen posibilidad de formar parte de la escritura de sus propias historias? Documentales como estos son iniciativas valiosísimas para visibilizar el papel de las mujeres en la construcción de nuestra historia, pero, como de costumbre, pareciera que por razones políticas o de otra índole son deliberadamente excluidas de la historia o simplemente ignoradas por el sistema político, cultural y académico. No olvidemos que incluso esas academias que estudian a los pueblos originarios, como los ch’ol, también pueden llegar a ser sumamente racistas y clasistas. Es tiempo de que generemos las condiciones reales para que las comunidades participen de forma protagónica en la exploración de su pasado, de forma abierta y con el debido reconocimiento. Celebro la existencia de esta serie y contribuyo con esta reflexión a la discusión que debe generar un proyecto de esta naturaleza.         

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