Jueves, julio 18, 2024

Gobernar es el nombre del juego

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“No debo, no puedo ni quiero gobernar solo, los convoco a que gobernemos juntos”
Tabaré Vázquez (presidente electo de Uruguay)
El Diccionario de la lengua española otorga diversas acepciones al verbo gobernar. Entre otras, menciona que es “Mandar con autoridad o regir algo” y “Dirigir un país o una colectividad política” o también “Guiar y dirigir”, en cuyo caso puede tratarse de una embarcación o un grupo artístico.
El mismo libraco es bastante más preciso respecto al termino gobernanza al definirla como “Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil, el mercado y la economía”.
Y la imprescindible Wikipedia va más allá al afirmar que “El término gobernanza viene utilizándose desde la década de 1990 para designar la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que proporciona a éste buena parte de su legitimidad”.
A estas alturas usted se estará preguntando a que viene todo este rollo mareador (la verdad es que yo también). En fin, lo que intento es establecer si como dicen es cierto que las penurias del presidente Peña Nieto tienen su origen en un complot orquestado por reales o supuestos afectados por sus reformas o, como yo sostengo, en un alto déficit de capacidad gubernamental.
Pero mientras son galgos o lebreles (salud Marcelí) las encuestas, que siempre le habían otorgado un trato preferencial, hoy reportan un alarmante desplome de los índices de aceptación de su gestión gubernamental. A la reprobación del presidente le sigue la reprobación de todo su gabinete, sobre todo de quienes son legalmente responsables de la seguridad pública. Pero los encargados de la economía tampoco salen bien librados.
Las recientes encuestas de Reforma y El Universal, aunque con ciertas diferencias, coinciden en que la mitad o más de los encuestados califican negativamente al gobierno de Peña Nieto. Si se considera que apenas va por su tercer año de gobierno y que cuando asumió la presidencia tenía un buen bono a su favor, las noticias son pésimas para el mexiquense.
Cierto que la tragedia de Ayotzinapa ha sido un detonante de la indignación social y un duro golpe a la credibilidad de Peña Nieto en México y el mundo, no a cualquier gobierno le desaparecen 43 jóvenes sin que pueda explicar los hechos y enjuiciar a los responsables de manera inobjetable.
Pero, con todo lo grave del caso, Ayotzinapa es un eslabón de una cadena de hechos explican la confrontación de los mexicanos con su gobierno y el desprestigio de este en el plano internacional.
Como bien explica Ángel Iglesias, citado en el artículo de Wikipedia: “La legitimidad no se consigue sólo con eficacia y eficiencia, sino que es también fundamental el elemento democrático en el que se subsumen la transparencia, la rendición de cuentas o la participación”.
En la aprobación de las cacareadas reformas de Peña Nieto el elemento democrático brilló por su ausencia. Se menospreció la opinión de los especialistas, investigadores y académicos disidentes de la opinión oficial. Se impidió la expresión de la opinión ciudadana en un referéndum y se evitó que la cuestionada constitucionalidad de las reformas llegara a la Suprema Corte y fuera esta la que la dictaminara en última instancia.
Frente al gravísimo problema de la seguridad pública Peña Nieto se mantuvo en la inercia del gobierno anterior y ante el evidente maridaje de la delincuencia con las autoridades se hizo de la vista gorda. Cuando el petardo le explotó en las narices lo único que se le ocurrió fue refritearse viejas ocurrencias que, como en el pasado, no resolverán maldita cosa. Y mientras el presidente se regodeaba frente a las cámaras de televisión, los padres de los desaparecidos, el país y el mundo se quedaron esperando respuestas y resultados.
Por si algo faltara en la fatal pócima, salió a la luz la sorprendente riqueza de la familia presidencial. Explica la primera dama que todo se debe a su trabajo. Uno entiende que algunas luminarias de Hollywood, cuyos millonarios éxitos de taquilla son harto conocidos, vivan entre la opulencia y la frivolidad. Pero que las estrellitas de Televisa ganen tales fortunas resulta por lo menos novedoso.
Mucho tienen que explicar desde Los Pinos porque, más allá de los ingresos actorales de la señora presidenta, está involucrado un contratista ampliamente favorecido por el señor presidente. Televisa está obligada, sino legal sí moralmente, a mostrar los contratos que avalen los dichos de su ex empleada. Y frente al escándalo las autoridades hacendarias no pueden mantenerse tras el parapeto de que se trata de asuntos privados.
Eso de los vicios privados y virtudes públicas funcionan en el cine pero no en la realidad de un país empobrecido, expoliado por la injusticia, la marginación y la desigualdad.
Al presidente Peña no se le piden milagros, lo único que se le pide es que gobierne. Para hacerlo no necesita geniales asesores ni inventar el hilo tibio. Para ello cuenta con un librito que se llama Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Solo tiene que estudiarla, cumplirla y hacer que se cumpla ¿Es mucho pedir?
Cheiser: El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu fracturó la coalición gubernamental, solicitó la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones anticipadas. Netanyahu pretendía cambiar la Ley Básica de Israel y definir al país un “Estado nación judío”. Esto legalizaría la discriminación contra las minorías no judías (más del 20%). Buena oportunidad para que los israelíes se sacudan al radicalismo sionista ¿Podrán?

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