Recientemente, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), reconoció a México como el país de región donde se redujo más la pobreza y la pobreza extrema en la última década, esto es, el paulatino abatimiento esa situación, se inicia durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y se ha continuado, con nuevos alcances, en la gestión de la doctora Claudia Sheinbaum, en ambos gobiernos siguiendo los lineamentos del “Humanismo Mexicano”, definido por el entonces presidente López Obrador en su Cuarto informe de gobierno señalando que la diferencia del proyecto de la Cuarta Transformación con el neoliberalismo es el énfasis social y el apoyo a los sectores mayoritarios y, en especial, a los más vulnerables debido a la pobreza.”
Se trata, entonces, de un humanismo emancipador, cuya implicación práctica más importante es el humanismo inspirado en ideales igualitarios de libertad y justicia social, que no puede dejar de ser, en el mundo de hoy, sino el propósito de alejarse del neoliberalismo; es decir, se trata de un compromiso humanista que conlleva un compromiso social irrenunciable y transformador.
En este entorno, la política social, uno de cuyas partes es la transferencia de recursos monetarios a la población, pero lo que más influyó en la superación de pobreza fue el incremento del salario mínimo, que alcanzó alrededor del 135 por ciento en términos reales entre 2018 y 2025, señala la CEPAL.
La importancia de este incremento al salario, radica en dos cuestiones: una, es que durante los 40 años de gobiernos neoliberales en México, los ingresos de los trabajadores se deterioraron continuamente, tendencia que se ha detenido y comienza a revertirse; la otra, es que en 2018, al iniciarse el primer gobierno de la Cuarta Transformación, el salario mínimo era de 88.36 pesos, es decir, en los últimos 4 años el mínimo ha crecido en 135 por ciento, lo que en términos absolutos significa que los trabajadores del mínimo reciben 3,572.40 pesos más en ese lapso
Sin embargo, de la mejora en el ingreso de los trabajadores, la desigualdad en el ingreso sigue siendo notoria. En el caso de México, el 10 por ciento de la población con mayores ingresos, acapara el 33.5 por ciento del ingreso nacional, mientras el 10 por ciento más pobre se queda con apenas el 2 por ciento, pese a ser México el país que lidera la reducción de la pobreza y la pobreza extrema.
Ciertamente, países como el nuestro se requiere de una política redistributiva de la riqueza y el ingreso y se ha empezado a poner en marcha, falta la reforma fiscal que permita que quien gana más pague más, para permitir al gobierno disponer de recursos para lograr el proyecto de salud y educación universal. Y mientras el gobierno de la Cuarta Transformación mantenga su cercanía con los trabajadores y con los sectores vulnerables, además de sostener buenas relaciones con un de los sectores empresariales será posible pensar en un país de iguales, justo y democrático.


