Otra vez, y para anticiparse a resolver las dudas que intenta sembrar la derecha con sus campañas sucias, miles de mexicanos (se calculan más de 600 mil) , provenientes de todas partes del país desbordaron el zócalo y las calles adyacentes en la Ciudad de México, demostrando que se mantiene vivo y entusiasta el apoyo popular a la Cuarta Transformación, a la presidenta y a su política económica distributiva y el crecimiento con bienestar con el objetivo de mejorar las condiciones de vida del conjunto de la población, y no solo unos cuantos privilegiados.
En este proyecto, de cambio profundo del país bajo el lema “Por el bien de todos, primero los pobres”; caben todas y todos aquellos que quieren contribuir a la transformación del país, y fortalecer la democracia participativa; pero, incluso, quienes se oponen al proyecto de la Cuarta Transformación, reconocen la bondad de los programa de bienestar y reciben puntualmente, ejerciendo su derecho, el apoyo económico al estar inscritos en alguno de los programas de bienestar o asisten, a veces a regañadientes, al IMSS Bienestar y confiar en la impartición de justicia una vez que se cuenta con un nuevo Poder Judicial, transformación que recibió el respaldo popular y renovó la confianza que se había pedido en ese Poder.
Es cierto, no se puede prescindir del crecimiento, pero su objetivo central no puede ser el servir, exclusivamente, al capital sino, fundamentalmente, al bienestar social e individual construyendo, no sólo la infraestructura productiva, aquella que facilita la producción, circulación y distribución de las mercancías, sino también la infraestructura del bienestar (salud, educación, vivienda, agua potable, etc.), que procura generalizar el bienestar de la población, bienestar que negaron al pueblo los regímenes neoliberales.
Tener al crecimiento como el objetivo principal de la política económica tiene consecuencias, que vale recordar. La experiencia histórica reciente de nuestro país muestra que el crecimiento por el crecimiento mismo si bien crea riqueza, y a veces abundante, ésta tiende a concentrase en favor del capital empobreciendo al otro polo: los trabajadores. Esta tendencia, por cierto, necesaria para la reproducción del capital, sólo es posible frenarla, revertirla y reducirla hasta un límite, pero eliminarla es cuestión de un cambio de organización social. De acuerdo con información divulgada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), y publicada en La Jornada el dos de noviembre de este año, La situación de la distribución del ingreso que en México muestra la siguiente situación el 10 por ciento de la población de mayores ingresos se apropia del 33.5 por ciento del ingreso nacional; en cambio, el 10 por ciento más pobre se queda apenas con el dos por ciento, es decir, la población más rica se apropia de poco más de la tercera parte del ingreso nacional.
Con la política social de bienestar los gobiernos de la Cuarta Transformación (Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum), han logrado un éxito inusitado pues en los años que comprende la gestión de ambos han logado elevar el bienestar de la población al grado que 13 millones de personas han logrado salir de su situación de pobreza y pobreza extrema.
Finalmente, no se trata en este espacio de hacer un listado de logros en este primer año de gestión de Claudia Sheinbaum, un año lleno de asechanzas externas e internas, enfrentadas con templanza y capacidad defendiendo siempre invicta la soberanía nacional, lo muestra que el país sigue en buenas manos.


