A lo hecho pecho

Cartas a Gracia

 

Para las autoridades educativas federales, Gracia, varios de los componentes del Programa Aprende en Casa, resultaron casi, casi, la octava maravilla del mundo; aunque, el papel más sufrido y destacado lo hubiesen jugado las familias. En varias ocasiones, el titular del despacho educativo ha ponderado que, más del 80% de las y los docentes , habría tenido contacto con sus alumnas y alumnos (aunque en un porcentaje elevado fuese solo a través del intercambio de mensajería). Maestras y maestros a los que la transmisión de las clases por televisión les “habría salvado la plana”; tan es así que, algunas madres de familia, considerarían que el desempeño de sus hijas e hijos habría mejorado, incluso por encima del que tuvieron cuando asistían a clases de manera presencial. En esta misma línea, en el boletín 170 de la SEP publicado el 26 de junio de los corrientes, resaltaría que: “El uso de herramientas digitales fue uno de los elementos que permitió a docentes, alumnos, madres y padres de familia, mantenerse en contacto y desarrollar las clases a distancia”; cuestión ejemplificada por las 15 millones 774 mil 15 visitas realizadas, entre el 20 de abril y 5 de junio, al sitio del Conaliteg que, si se relacionaran con el número de estudiantes de educación obligatoria, arrojarían una triste realidad. En un lapso de 34 días hábiles, solo  6 de cada 10 estudiantes visitaron el sitio en una sola ocasión, que ya es algo.


Sin embargo, para niñas, niños, madres y padres de familia de un estrato social medio y de un ambiente urbano, las experiencias y los aprendizajes fueron diversos; pasando incluso por los enojos, regaños y frustraciones de quienes se encuentran a cargo de las y los menores. Experiencias  que puedo platicar contigo Gracia, merced al auxilio de madres y padres de familia que me favorecen con su amistad, y de algunas directoras de escuelas de educación básica, quienes hicieron el favor de solicitar algunas líneas a las madres y padres, en las que plasmaran su sentir, similar al de las carpetas de experiencias solicitadas por las autoridades educativas a las y los escolapios.

Te reitero Gracia que agradezco la sinceridad y confianza de quienes me compartieran sus experiencias; una madre de familia comenta. “Me siento frustrada por no poder hacer mis actividades normales; desesperada, enojada, con angustia y con cansancio físico porque los niños nunca se cansan, la verdad,  y a veces con miedo por no saber qué pasará más adelante y cómo afectará a mi hijo más adelante en la cuestión escolar”; líneas escritas a pesar del orgullo que siente por ser coparticipe del avance académico de su hijo. Otra madre compartiría los contratiempos que sus hijos y ella tuvieron al no contar con una computadora en casa y al “no poder usar sus celulares por no ser compatibles con las plataformas”; impedimento que se resolvería con el apoyo solidario de una amistad que le facilitaría una computadora que permitió que su hijo menor asistiera a las videoclases. Comenta cómo tuvo que transformarse en maestra para explicar a sus hijos, las tareas que les dejaban a diario por classroom y agradecería la atingencia de los maestros. “Tuvimos momentos de estrés –acotaría-  porque como mamá soltera, una tiene que dividirse entre la escuela, la casa y el trabajo”.

Varias madres coinciden. Los niños en casa se estresan más en esta etapa de aislamiento social; lo que provocaba que algunos no quisieran entrar a clases. Una madre más, destaca que, al no entender las clases, ella y sus hijos investigaban los temas recibiendo -al fin y al cabo escuela particular- asesorías de las y los docentes, con quienes se siente agradecida. Ponen en duda la disciplina al no establecerse, por parte de los docentes, reglas claras para la asistencia a las sesiones de clase; ya que muchas y muchos infantes, por la novedad y el gusto de saludar a sus amiga(o)s hablaban al mismo tiempo, sin dejar escuchar adecuadamente las exposiciones y quisieran que se generasen otras medidas que permitieran revisar las sesiones más tarde, repeticiones que permite la tecnología que se usa.

No faltan las referencias bíblicas que externa una madre preocupada: “al principio fue todo un caos porque no estábamos acostumbrados a trabajar en línea, fue necesario ordenarnos porque yo también estaba trabajando en línea y además debía ayudar a mi hijo; y aún no se implementaban las clases en línea a través de Google Meet. El encierro y el no saber qué iba a pasar con lo de la pandemia, lo más alarmante para mí fue la incertidumbre económica, solo nos quedó tranquilizarnos y poner manos a la obra. Con el paso de los días se implementaron las clases en Google Meet y fue un duro comienzo para los profesores y para nosotros como padres de familia y también para nuestros hijos”; ni faltan las alusiones típicas, cuando otra de ellas, madre de un menor de 7 años, comparte que a más de la dermatitis que “por nervios y por estrés” padece su hijo; señala que este “decía que parecía león enjaulado o pajarito en jaula y que solo le faltaba chiflar”, pero que descubrió con agrado, emoción y sorpresa “trabajar en conjunto así con sus amigos” a pesar de la distancia.

La conseja popular señala que “a lo hecho pecho” y pareciera que tiene razón. Cierto es que en diversas áreas no hay vuelta atrás, por lo menos en el corto y en el mediano plazo. La pandemia obligó a tirios y troyanos, incluida la casta divina, a tomar decisiones apresuradas y sobre las rodillas; evidenció con toda su crudeza, carencias e inequidades que en materia de ciencia y tecnología, padecen por lo menos 1 de cada 2 mexicanos y también las exhibidas por muchas y muchos docentes; empero también se reflejo el deseo de un ejército de docentes para incorporarse a una nueva realidad que parece prolongarse indefinidamente. Gracias a la aportaciones de las madres y padres de familia que transmiten su sentir y que permitirá mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes de nuestro país.