Atlixco. La Magdalena Axocopan, pueblo del agua agría, es una junta auxiliar ancestral de este municipio. Ahí los pobladores celebran con devoción a su santa patrona María Magdalena. Y de paso recuerdan algo esencial: cuando la fe es verdadera, se canta a medianoche con flores en la mano.
Durante los festejos La Jornada de Oriente visitó esta comunidad antigua, indígena y migrante ubicada a solo 25 minutos de la cabecera local. En ese rincón aún se vive una espiritualidad profunda.
A la medianoche del 21 de julio, cuando el silencio cubre las calles empedradas y el frío de la madrugada empieza a colarse, un grupo de mujeres rompe la quietud con un canto cargado de fe: las mañanitas dedicadas a María Magdalenita.
Vestidas con playeras azules, pantalones negros y con ramos de flores recién cortadas, las devotas caminan lentamente hacia la iglesia blanca de más de dos siglos y medio de historia.
Al frente las más ancianas. Aquellas de cabellos plateados por los años y las oraciones. Detrás las jóvenes quienes comienzan a tomar el relevo de una tradición negada a morir.
Esta fecha no es cualquiera: es el día de la reina espiritual del pueblo, la primera mujer en ver al Cristo resucitado, según los evangelios.
En este rincón, donde el agua brota de un manantial milagroso con sabor agrío, la fe se celebra con el alma, el cuerpo y la memoria. Esto rodeados por las mujeres, hombres y niños de Axocopan quienes observan todo con respeto. Pero captan todos los momentos con las transmisiones en vivo de sus móviles. A petición de sus migrantes.
Algunos contienen las lágrimas; otros murmuran oraciones de agradecimiento por la cosecha, la salud, los familiares radicados en Estados Unidos o simplemente por seguir vivos. Para ellos María Magdalena no es sólo una figura religiosa: es madre, guía y protectora.
Pero esta noche del 21 de julio es únicamente el inicio. El martes 22 la devoción se desbordó con música de banda, cohetones, procesiones, mole poblano, misa solemne y la llegada de danzantes y visitantes de comunidades cercanas.
Esta fiesta no se queda en una celebración religiosa: es un acto de resistencia espiritual, un testimonio vivo de la fe comunitaria. En un mundo donde muchas tradiciones se diluyen, Axocopan levanta su voz en forma de canto para recordar la fe verdadera se canta a medianoche con flores en la mano.


