Viernes, junio 14, 2024

Con El rastro de la serpiente, Maya Goded deja ver la resistencia y la sanación de lo femenino

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La artista Maya Goded (Ciudad de México, 1967) contiene en una videoinstalación pasajes, escenas e instantes del periplo de cinco años realizado como parte del proyecto El rastro de la serpiente, una búsqueda de sanación propia que repara de manera poética en la mujer, la resistencia, la milpa, los territorios, los desiertos, las selvas, la devastación, las perforaciones de la tierra, las sabidurías, el mar profundo, la colectividad y la serpiente, siendo éste un elemento presente desde el mundo onírico de su niñez, que la ha guiado en su camino personal y artístico.

Cuatro enormes pantallas envuelven a quien entra en la Galería 3 del Museo Amparo -2 Sur 708, centro de Puebla-. De manera envolvente, el ensamble de imágenes conduce, guiado por la voz en off de Sonia Couch, Verito del Alba y Regina Flores Ribot, por el rastro audiovisual que la artista plantea y que avanza en cuatro direcciones, como los cuatro rumbos cardinales, haciendo un ciclo de exhibición de casi 20 minutos que no termina sino que se renueva.

“Cuando una minera llega te quita todo, las mujeres somos las últimas en irnos. Cuando quieres acabar con un pueblo primero tienes que acabar con sus mujeres, hasta las últimas de sus mujeres. La violencia que se ve en la tierra también se ve en el cuerpo (…) Cuando se me muere mi hija de 23 años para aliviar mi dolor me tiraba de guata a la tierra y siento que ella me abraza”, inicia este audiovisual que va mostrando imágenes de la devastación minera de Bolivia y Chile, pasando por la exuberancia de la selva Lacandona y los mares de Quintana Roo, deteniéndose en la belleza desértica de México y Nuevo México, y los paisajes propios de Oaxaca, Puebla y Jalisco.

Durante una conferencia de medios, acompañada por el director del Museo Amparo Ramiro Martínez, la productora Elena Navarro y el curador Rafael Ortega quien al lado de Lena Esquenazi y la propia Maya Goded realizaron el montaje y el diseño sonoro de la pieza, la realizadora del documental La plaza de la soledad cuenta que El rastro de la serpiente es un proyecto que “retrata la lucha y la resistencia de las mujeres en México y América Latina por defender su territorio, la naturaleza y la vida, haciendo frente a la violencia sistémica ejercida hacia sus pueblos”, una lucha que, afirma, “se encarna en el cuerpo femenino”.

“Buscaba un tipo de sanación personal (…) Fue como ver la violencia de otros lados. Fue muy claro, fui a pueblos originarios y con mujeres que son intermediarias, cercanas a la tierra. Fue muy claro después ver la relación que tienen con la tierra y como la mujer es una gran cuidadora de mucha sabiduría, defensora de las heridas de la tierra. Fue una sanación como de más respeto por la tierra, por tejer las cosas diferentes. Tenía una necesidad profunda de entender este mundo de otro lado”, contó.

Al proyecto, señala, se sumó Rafael Ortega dejando ver que era un proyecto que reparaba en la colaboración, un aspecto importante para ella pues le permite buscar distintas narrativas. Dijo que rechazando la idea de un documental, trabajó en conjuntar las voces y colaboraciones que tuvo con mujeres a lo largo del último lustro, de las cuales fue difícil hacer la selección por la manera en que la dejaron “tocada”. Fue gracias a la intervención del poeta Clemente Guerrero como pudo concretar el guion sabiendo que era necesario ir por otro lado que no fuera lo racional.

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En ese sentido, Elena Navarro, expuso que la videoinstalación fue un proyecto comisionado por el Museo Amparo que luego de su exhibición hasta el 30 de octubre de este año formará parte de la Colección de arte contemporáneo del propio recinto. Acotó que nació por el entusiasmo, en el marco de la exposición Africamericanos que se mostró en el propio museo poblano y de una pieza sobre la prostitución instalada en el Centro de la Imagen como parte de Foto México 2019, en donde la artista ya estaba hablando del tema de la sanación. “Maya empezó a viajar, a interesarse en el tema, a contagiarnos su entusiasmo, a invitarnos a participar y ver la manera cómo se involucra con la gente, con las comunidades. En este rastro de la serpiente ella tenía claro que quería visitar estados y países, con el deseo de explorar los territorios. Cuando a mitad del proceso nos dimos cuenta que teníamos una cantidad de material en donde las imágenes desbordaban la idea de mostrar una exposición sobre muro, ahí fue donde se empezó a ver la idea de la videoinstalación”, contó la productora de la pieza.

Completó que en el proceso pudo concebir a Maya Goded como una artista que quería explorar otras narrativas, consciente de su capacidad creativa para explorar los límites de la imagen, como se ve en esta obra visual. “Nos ha demostrado el dominio y la capacidad que tiene de moverse con absoluta fluidez en el medio utilizando el video, la fotografía, la videoinstalación, la escritura; es una gran artista humanista que le preocupa lo social y lo humano, una artista completa y en esta pieza lo ha demostrado con creces”.

En ese sentido, Rafael Ortega dijo que en sus 30 años de colaboración con artistas, museos y cineastas ha entendido que la única manera en que los proyectos lleguen a buen puerto es que se basen en ideas que surjan de mentes, y la suma de capacidades y oficios. En el caso del proyecto de Goded, dijo que existen antecedentes de su propia autora en lo visual y lo documental, que se sumaron a la manera en que el Amparo se convirtió en un productor y cómplice del proceso creativo, arriesgando y abriendo el camino a posibilidades de éxito y fracaso, algo importante para mantener vivo al museo en sí mismo.

“Dos mil 500 fotografías, tres horas de material, cientos de cuadernos, cientos de horas de conversaciones, historias, experiencias, dolor, felicidad, viajes, todo esto se trata de meter en una especie de formato de cuatro pantallas que cumpla las expectativas del artista y del público que pueda sentirse identificado o pueda entender cierta narrativa (…)”, refirió el curador y también artista.

De paso, notó que Maya Goded deja ver que en realidad “el oficio es ser artista” y lo que cambia es el soporte, por lo que ella es una artista y la videoinstalación fue el soporte que se ajustó a lo que hizo en el momento.

“Busqué hacer algo con un lenguaje y con cosas sutiles que no se ven, que se sienten, que se entienden pero no todo es racional. Fue un reto armar algo con todo esto”, irrumpió la artista para quien si bien el proceso inicia con la investigación, sabe que lo siguiente es dejarse sorprender y cambiar. “El principio es perderse para encontrar y me pierdo y me pierdo, lo digo cada rato, pero es mi proceso. No hay un guion de como iré, de aquí a allá, eso sería fortalecer mi discurso y eso no me interesa, sino tener un interés genuino por perderte y encontrarte, y saber que eso es lo que estás buscando”.

Por último, Maya Goded refirió que la serpiente ha tenido un significado especial, pues desde niña soñó que la rodeaban, convirtiéndose en un elemento que la ha ido guiando. “Para mí ha tenido un camino. De ser aterradora se volvió una cosa por entender. Se han ido presentado desde siempre: en el cerro cuando aprendí a sanar y en el camino pasó una serpiente; cuando llegué con los navajos a Santa Fe, un señor me dio una piel que me dijo que era para mí, y su mujer me dio un anillo de serpiente. Así ha sido con todo el camino. Cuando llegue con Sonia en el desierto de Coahuila, ahí estaba la serpiente (…)”, dice y recuerda la imagen intervenida en la que, siendo niña, es rodeada por serpientes que seseando están a punto de morder.

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