Ubicado en la avenida Paseo de la Reforma, enriquecido con el traslado de las antiguas colecciones de obras del antiguo Museo Nacional que tenía como sede al edificio de la calle de Moneda No. 13, el Museo de Antropología e Historia funge como un protector de la conservación, protección, investigación y difusión del patrimonio cultural.
Inaugurado por el entonces presidente de la República Adolfo Lopez Mateos el 17 de septiembre de 1964, este recinto ha sido desde entonces el hogar de las colecciones arqueológicas y etnográficas más importantes de México.
El edificio actual fue construido entre 1963 y 1964, diseñado por Pedro Ramírez Vázquez, y con el apoyo de los arquitectos Rafael Mijares y Jorge Campuzano; posee veintidós salas de exposición permanente, dos salas de exposiciones temporales y tres auditorios. Además alberga dentro de sí a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.
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De acuerdo con estadísticas del INAH, la afluencia promedio al MNA por mes en el 2024 fue de 313 mil 524 asistentes. El 5 de noviembre de ese mismo año el Instituto Nacional de Antropología e Historia reportó haber recibido al visitante número 3 millones 86 mil 556 (solo en ese año) cantidad que no había registrado desde finales de 2019 debido a la pandemia del COVID-19.
“Luego de 2019, por primera vez en la historia del museo alcanzamos la cifra de más de tres millones de visitas, por lo que rompemos un nuevo récord”, anotó el director del MNA al destacar la trascendencia de este espacio museístico, uno de los más importantes de México.
Dentro de su vasto acervo histórico y cultural, resulta casi imposible poder seleccionar uno solo que resalte, pero si se pueden nombrar solo 5 piezas por las que valga la pena visitar este espacio, serían:
Piedra del Sol o “calendario azteca”
Tallado sobre roca proveniente del volcán Xitle, simbolizando la concepción del tiempo, encontrando en el centro el rostro semidescarnado de Tonatiuh, el dios del Sol, esta es quizá la obra más famosa de la cultura mexica.

Atlante de Tula
Guerrero Tolteca de 4.6 metros de altura formado por cuatro bloques de piedra. En la zona arqueológica de Tula se hallan cuatro atlantes, tres de los cuales son originales. El cuarto ejemplar original se exhibe en este museo.

Coatlicue
Representación de la “madre de todos los dioses” y es considerada por algunos como la versión prehispánica de la Virgen de Guadalupe. Cabeza de serpiente, falda de víboras y collar de corazones sacrificados, es lo que se puede observar en sus detalles tallados cuidadosamente.

Vasija de mono de obsidiana
Descubierta por un campesino en el lago de Texcoco llevándola al museo para intercambiarla por maíz (aunque no hay forma de saber si ese fue el lugar exacto donde fue hallada. Es considerada una obra maestra esculpida por la cultura mexica, gracias al pulcro trabajo de la obsidiana con la que fue hecha.

Máscara del dios murciélago
Representa una cara humana sobrepuesta con una imagen del dios murciélago, perteneciente a la cultura zapoteca y hecha a base de láminas de jade que fueron pulidas con sumo cuidado, esta obra fue relacionada con la muerte y el inframundo.

A lo largo de 61 años ha cumplido con la misión de investigar, conservar, exhibir y difundir las colecciones arqueológicas y etnográficas más importantes de México.
El 4 de junio de 2025 fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia, reconociendo su labor como “heredero de una larga tradición en defensa y preservación de una parte esencial del patrimonio antropológico de la humanidad”.


