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Hacer la campaña al adversario

Por: La Redacción

2013-06-10 04:00:00

Deberán preocuparse losPANaderos y PeRDedores

Los partidos consideran necios a los ciudadanos

Siempre gana la elección la minoría más grande

Como gotas de agua, al claustro del Research Institute Social Applied (RISA) van cayendo uno a uno. Los PhP Jicoténcal, Margarito y Tránsito obtuvieron el grado “cum laude” o sea “a crédito” otorgado por la prestigiada TonsQ´e (TontolacState University Quality) que los contrata para capacitar a los asociados electorales de nueve partidos políticos.

Los asociados electorales son quienes se dedican a hacer todo aquello que el Código Electoral tipifica como delito: solicitar votos por paga, promesa de dinero u otra recompensa durante las campañas electorales o jornada electoral; recoger en cualquier tiempo, sin causa prevista por la ley, credenciales para votar de los ciudadanos; ejercer presión sobre los electores que se encuentren bajo su subordinación laboral y los induzca a votar por determinado partido político, coalición o candidato; ejercer presión sobre los electores y los induzca a votar por determinado partido político, coalición o candidato, mediante cohecho, soborno o presión intimidatoria de causarle un daño a su persona, patrimonio o familia; el día de la jornada electoral organice la reunión o el transporte de electores con la finalidad de influir en el sentido de su voto, por un determinado partido político, coalición o candidato.

Una vez instalados, el Dr. Jicoténcal demuestra por qué es un doctor profesionalizante y no de investigación, inicia diciendo: miren orates, deberían entender que es una estupidez pensar que en Tlaxcala hay una elección de Estado, que la lucha es contra un partido hegemónico, porque eso dejó de existir hace 12 años. ¿Qué no pasó nada en 12 años de alternancia?

Los primeros que deberían estar preocupados por esta estupidez deberían ser los PANaderos y los PeRDedores, apunta el Dr. Margarito, porque fueron quienes lograron correr de los palacios de gobierno a quienes habían usufructuado el poder durante 70 años, aunque fueron tan mentecatos que crearon las condiciones para que regresaran.

Dos sexenios botados a la basura

Eso significa, acota el Dr. Tránsito, que todos los partidos políticos consideren lerdos, asnos, burros, necios y estúpidos a los ciudadanos, porque significa que México y Tlaxcala se detuvo para esperar el regreso del PRI: ¡12 años de gobiernos panistas y perredistas, no sirvieron de nada! ¡Dos sexenios botados a la basura!

Al aceptar esto, refiere el Dr. Jicoténcal, los partidos bonsái, como el del Trabajo, Verde Ecologista, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza, Alianza Ciudadana y Socialista  reconocen que han jugado el papel de partidos paraestatales y los gobiernos municipales y diputaciones plurinominales que han dirigido han sido ¡pura simulación!

Lo que se confirma con los problemas que la mercadotecnia electoral presenta en la elección 2012, en la que no cuadran ni checan los números, porque Mitofsky registra una preferencia hacia el  PRI del 39 por ciento, un 32 por ciento al PRD y 25 por ciento al PAN, y en Tlaxcala el IFE reconoce que el resultado le dio 25 por ciento al PRI, 22 por ciento al PRD y el 18 por ciento al PAN.

Ante la pasividad o admiración del público escucha, el Dr. Tránsito pregunta: ¿En México dejó de existir la mayoría? ¿Los resultados electorales muestran que quien gana, siempre es una minoría? ¿Estamos gobernados por puras minorías grandes? ¿Los que no votan por esa minoría ganadora están en contra de ella?  

Esto qué quiere decir, aclara el Dr. Margarito, que si nos imaginamos que en Tlaxcala hay 100 ciudadanos electores, no todos votan, porque la experiencia muestra que el día de la jornada electoral en que se renueva el Poder Ejecutivo vota el 60 por ciento y en las de Congreso local y ayuntamientos apenas si llega al 50 por ciento.

Eso aparenta distinguidos asociados electorales, destaca el Dr. Jicoténcal, que ninguno de los partidos políticos puede alzarse con la preferencia del 90 por ciento de ese 60 o 50 por ciento que vota, es imposible que un partido político logre lo que en la cultura electoral se conoce como experiencia zapato.

Ahora bien, afirma el Dr. Margarito, para que en sus cabecitas quede claro el ejemplo: consideremos que tenemos 100 votos y hay 10 partidos compitiendo, si se diera una elección en un mundo de perfecta equidad, cada uno de los partidos recibiría 10 votos, pero como sólo asiste la mitad a votar, esto es: cinco votos por partido.

La importancia del voto duro

El Dr. Tránsito les pide especular que esos cinco votos son de los llamados votos duros, es decir, gente que está convencida de que su partido es el más chipocludo y, por tanto, se mueren en la raya por él, lo que determina que el proselitismo debe enfocarse a convencer a uno solo de esos votos duros con lo que se cambiaría el resultado.

Con manzanitas, propone el Dr. Jicoténcal: si tenemos 50 manzanas y 10 canastas llamadas partidos políticos, y en cada canasta ponemos cinco manzanas, con que nos equivoquemos en una canasta provocamos que en una de ellas queden seis manzanas, con lo que habrá ocho canastas con cinco manzanas, una canasta con cuatro manzanas y una canasta, ¡la ganadora!, con seis manzanas. El ganador se queda con seis manzanas, pero ¡en las otras nueve canastas hay 44 manzanas! ¿Ahí está la mayoría!

Al ver la cara de los asociados electorales, el Dr. Tránsito propone: hagan de cuenta que van al súper y compran papel de baño. En el pasillo hay 10 marcas, al escoger ustedes una dejan fuera a las otras, eso no significa que estén en contra de ellas, sino simple y llanamente que al escoger la más suave, la más barata, la más novedosa o la que la experiencia les muestra que les limpia mejora la cola, dejan de agarrar a las otras nueve.  

Incorporemos otra variable a este imaginario, propone el Dr.  Margarito: “las preferencias electorales”, como ustedes saben, en todos los partidos políticos se hicieron encuestas para elegir a sus candidatos, las hacen para que les permita saber el posicionamiento que tienen como partidos y personas en competencia.

Interrumpe el Dr. Jicoténcal para señalar que suponiendo sin conceder que las preferencias electorales fueran como los resultados electorales federales y locales de los últimos 12 años, 30 por ciento para un partido, 20 para otro y 10 para otro, mientras los restantes no llegan ni al 3 por ciento, eso haría que en nuestro modelo de competencia perfecta, al iniciar la competencia estos tres partidos tendrían casi seguros  tres, dos y un voto cada uno de ellos.

El Dr. Margarito reconoce que para alcanzar el triunfo a un partido le faltarían tres, cuatro o cinco votos, pero corrijamos el modelo, propone, y en razón de que todos los partidos que logran una votación mínima tienen derecho a diputaciones plurinominales, les regalemos un voto a cada uno de ellos, lo que provoca una nueva distorsión, porque los tres grandes ya sólo necesitan dos, tres y cuatro votos para ganar.

Ahora viene la pregunta de “un minuto para ganar”, dice el Dr. Tránsito: ¿De dónde se obtendrían esos votos que faltan? Reconstruyamos el teatro: 1) tenemos 50 posibles votos, 2) con 10 competidores, 3) tres competidores tienen dos, tres y cuatro votos, y siete competidores tienen un voto cada uno de ellos, 4) gana el que alcance seis votos, 5) es casi imposible obtener los votos faltantes de entre los votos que tiene los partidos que son dueños de dos, tres y cuatro votos, 6) los votos que faltan hay que buscarlos entre los 34 que no tiene nadie, es decir, a los blandos, volátiles o como se le llamen.

¡Ahí está la estupidez de las campañas!, destaca el Dr. Jicoténcal: los nueve competidores enfocan sus baterías en contra del que tiene el voto más duro y no entre quienes optan de forma más flexible, de ahí que no se sorprendan cuando un partido político que tiene todo en contra como los discursos, el ánimo y hasta las denuncias y demandas, les gana, porque le están haciendo la campaña.

El Dr. Tránsito hace énfasis en que nadie puede considerarse “la esperanza” como sostiene el Panal, porque todos ya fueron gobierno, la gente los conoce y sabe que muchos no son de confiar por los pésimos resultados que dieron, a pesar de que sus candidatos creen que fueron émulos de la madre Teresa.

Tomemos dos ejemplos al azar, propone el Dr. Margarito: el candidato a presidente municipal de Apizaco ya se desempeñó como edil, luego se subió al camión del PRI y en unos cuantos días se dio cuenta que no tiene los tamaños para resolver problemas, salió huyendo de Pensiones Civiles o el de un candidato a presidente municipal de la capital, que como priista fue subcontratista familiar del gobierno de Sánchez Anaya, luego fue diputado priista y se brincó al PAN como funcionario estatal y ahora reaparece como ecologista.

Bajo este teatro, las campañas de todos los partidos políticos deberían reorientarse y en lugar de estar machacando con los problemas que no resolvió ninguno de ellos, aunque se haigan llevado la lana, deberían enfocarse a proponer soluciones para convertirse en opción. Sin duda la guerra sucia es parte del tablado, pero no estimula la elección.

Ahora que ustedes están a la compra y canje de votos para sus partidos políticos, sería pertinente que sugieran a sus candidatos y a sus partidos políticos que se dediquen a hacer campaña y dejen de hacerle la campaña al PRI.

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