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Paraíso de impunidad

Por: Guillermo Aragón Loranca

2012-09-11 04:00:00

La reciente decisión de la Corte de New Heaven, Connecticut, de otorgar inmunidad al ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, frente a las acusaciones de ser el responsable intelectual del asesinato de 45 personas en Acteal, población de Chenalhó, Chiapas, el 22 de diciembre de 1997, por parte de grupos paramilitares del PRI, no ha sido una sorpresa, pues esta decisión se inscribe dentro de la línea tradicional del imperio de proteger a los gobernantes–gerentes que han servido fielmente a sus intereses en países extranjeros. Tal ha sido el caso de Zedillo que impulsó el modelo neoliberal aplicado por su antecesor Salinas de Gortari, y que es recordado por haber vendido a empresas norteamericanas los ferrocarriles nacionales que en su momento detonaron el desarrollo del país desde principios del siglo pasado; empresas yanquis, agradecidas, le han dado un jugoso empleo como recompensa. Su trabajo de lacayo también le ha servido para ser integrado como docente de la Universidad de Yale en las materias de Economía y Política, algo sobre lo que seguramente, con su vasta experiencia de vendepatrias, puede enseñar mucho.

El caso de Zedillo no es el único, pues unos días antes de esta decisión, el gobierno norteamericano negó al gobierno de Bolivia la extradición del ex presidente de ese país,  Gonzalo Sánchez de Lozada, acusado y requerido por la justicia boliviana, por  haber ordenado la represión violenta por parte de ejército en Villa Ingenio y Senkata, de los pobladores indígenas que se oponían a la fraudulenta venta del gas boliviano a compañías norteamericanas, disfrazándola como ventas a Chile, lo que dio como resultado la muerte de 67 personas y alrededor de 400 heridos y lisiados. En ese caso, la respuesta popular no se hizo esperar y ante la movilización general, el gobernante represor, junto con otros de sus funcionarios (Carlos Sánchez Berzain, Guido Añez y Jorge Berinduague) huyó a refugiarse con su patrón, los Estados Unidos, que de inmediato le brindó protección.

Este guión que se ha repetido a lo largo de la historia en numerosos casos, demuestra que los gobernantes neoliberales son impuestos por la oligarquía transnacional para garantizar el beneficio de sus intereses, dándoles en recompensa títulos, reconocimientos, trabajos académicos y, si fuera necesario, hasta asilo político. No será ninguna sorpresa constatar en algunos meses que Felipe Calderón seguirá ese ignominioso camino hacia el paraíso de la impunidad, pues su actuación política al servicio de la estrategia terrorista del imperio, llamada combate al crimen organizado, ha dejado una estela de cerca de 100 mil muertos, un retraimiento del Estado, un número creciente de pobres y excluidos, y todo ello para beneficio del capital transnacional. Y como no tiene títulos universitarios, tal vez lo único que logre sea algún encumbrado puesto gerencial en alguna de las empresas mineras a las que ha entregado más de 300 concesiones para destruir y contaminar cerca de un tercio del territorio nacional. No queda más que repetir el clamor del pueblo boliviano frente a la negación de justicia: “Ni olvido, ni perdón, justicia”.

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