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"La vida en rieles" contra "la vida sobre rieles" o la vulgarización del conocimiento

Por: Ricardo Romano Garrido

2012-10-19 04:00:00

En el transcurrir del quehacer académico y de investigación como antropólogo social que inicié desde 1999 al insertarme al proyecto: “Etnografía de las regiones indígenas de México en el nuevo milenio” en el equipo regional “La Malinche”, coordinado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, proyecto en el que participé durante 11 años, desarrollando varias pesquisas de investigación sobre tópicos culturales entre las comunidades asentadas en la región del volcán La Malinche.

Y posteriormente al trabajar en la Universidad Autónoma de Tlaxcala como académico hasta la fecha (2012), con experiencia en trabajos de investigación tanto grupales como individuales, puedo decir que en el ambiente académico existe una preocupación fundamental sobre el compromiso de la ciencia social, primero como productora de conocimiento apegado al método científico donde se cuenta con diversos pasos a seguir para abordar los problemas de la realidad social a través de bases teóricas y metodológicas.

Esta primera misión del quehacer académico parte de la formalidad de la ciencia, ajustada a guías epistémicas que han ya desarrollado diversos intelectuales como Gastón Bachelard (1993), Popper (2006) o Woolgar (1993), por citar algunos, donde la producción del conocimiento tendrá un sustento sólido con la revisión sobre lo que otros autores han escrito y reflexionado con el tema de investigación a abordar; por lo que es común la diversidad y la riqueza de los trabajos que se desarrollan de manera seria, ética y profesional.

Disciplinas sociales como la Antropología, la Historia o la Sociología no escapan a esta formalidad de la ciencia. Y todo investigador social como los antropólogos, por ejemplo, debemos saber que un trabajo académico comienza revisando la bibliografía existente: qué se ha escrito y cómo se ha escrito. Así, por ejemplo, cuando uno desea hacer investigación sobre el ferrocarril en Tlaxcala, no sólo debe revisar la bibliografía de lo que se ha escrito al respecto, también debe mostrar un argumento sólido, coherente, sustentado en reflexiones teóricas y metodológicas derivadas de las grandes teorías hasta las investigaciones regionales que otros académicos han realizado con diversas ópticas. Los trabajos académicos tratan de cuidar estas formalidades para mantener en claro los argumentos que permiten desarrollar un proceso de investigación.

Pero además un investigador comprometido debe ser cuidadoso a la hora de publicar, como el hecho de titular su trabajo sin que suene de manera similar a otro publicado ya con antelación. Esto para no generar confusiones a los lectores, incluidos público especializado y no especializado. En 2010 desarrollé una investigación sobre el papel del ferrocarril en Apizaco visto desde los imaginarios, la historia oral y la memoria colectiva.

Las bases teóricas fueron sustentadas con especialistas tales como Paul Ricoeur (2006) para hablar sobre el papel de la historia como un proceso del tiempo que marca el espacio de la experiencia y el horizonte de espera, el ser marcado por el pasado a través de la historia oral como una transmisión generadora de sentido (citado en Romano 2010: 17); retomo al sociólogo Maurice Halbwachs (2004) sobre el papel de la memoria colectiva como marcos sociales que se ajustan para reconstruir una imagen del pasado acorde a cada época y en sintonía con los pensamientos dominantes de la sociedad (citado en Romano, 2010:10); también construyo el argumento metodológico con Michel De Certau (1993) sobre el papel de la etnografía como producción en primer orden de la escritura, para dar cuenta de la otredad donde el lenguaje oral espera (o la historia vivida que produce el otro), para hablar, que una escritura lo recorra y sepa lo que dice (citado en Romano, 2010:21).

Por supuesto retomo autores que han hablado del ferrocarril y de Apizaco como Ortiz Hernán, Thierry Palafox; los cronistas Luis Nava y Candelario Reyes: El resultado de esta investigación fue una publicación llamada La vida en rieles ISBN 978–607–7673–22–4, editado por el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura y El Colegio de Tlaxcala, 2010, donde muestro el papel de la primer ruta ferroviaria del país: El ferrocarril mexicano, que conectaba el puerto de Veracruz con la ciudad de México y donde Apizaco emergió como una cuidad cosmopolita, un lugar donde la vida transcurría entre furgones y rieles, plasmado en el testimonio oral, la memoria colectiva y los imaginarios de ex ferrocarrileros.

El 17 de octubre de 2012 se realizó la presentación de un libro titulado La vida sobre rieles. Una historia del ferrocarril en Tlaxcala del autor Hugo Villalobos N., editado por Gobierno del Estado de Tlaxcala–SEP Tlaxcala, 2012. En primer orden llama la atención el título similar, parecido al que un servidor publicó en 2010, libro que se puede consultar en distintas instituciones de Tlaxcala como el Instituto Tlaxcalteca de Cultura, el CIISDER y la presidencia municipal de Apizaco. Si bien el contenido de la obra de Villalobos habla del ferrocarril en Tlaxcala, hay coincidencias sobre la forma en cómo lo aborda con el libro La vida en rieles porque mira al ferrocarril desde la historia oral “como una herramienta complementaria junto a la historiografía, pues permite, no solamente acercarnos a los hechos históricos, también otorgan pistas para ubicar fuentes documentales o contrastar las diferentes versiones con respecto a un mismo acontecimiento” (Villalobos, 2012: XV).

Es lamentable que el autor inicie una investigación sin un sustento académico donde se discutan conceptos y teorías relacionados al papel de la historiografía y las diferencias con la historia oral. Sin una revisión académica sobre el tema de investigación, Villalobos parte desde el mero sentido común; pareciera como si el citado autor descubriera por fin que la historia también puede ser vista desde la experiencia y las vivencias de los actores sociales. Me parece una posición un tanto insolente con perspectivas narcisistas al ignorar o por lo menos no mencionar el trabajo intelectual que otros académicos han desarrollado para tratar la complejidad que reviste el análisis de los hechos vistos desde el espacio tiempo, procesos que vinculan el pasado con el presente a través de la historia oral y que se recrean en los imaginarios de los actores sociales que los reproducen, al respecto revisar la introducción del libro La vida en rieles donde sí se desarrollan estas premisas.

El problema del libro La vida sobre rieles de Villalobos es que carece de la formalidad que requiere una investigación de esta naturaleza al no aclarar desde qué marcos teóricos y metodológicos se parte. No basta con los datos ni con las referencias historiográficas para mostrar los hechos sociales si es que se quiere trascender en la vida académica. Pues estos trabajos demeritan los esfuerzos que otros académicos hacemos y tratamos con seriedad para abordar estos y otros temas de investigación. También le recomiendo al investigador de El Colegio de Historia de Tlaxcala que antes de decir que “la realización de este libro pretende cubrir un vacío tratando de ser un referente, y el preludio para nuevas investigaciones considerando que la historia moderna de Tlaxcala está relacionada con el ferrocarril” (Villalobos, 2012: 11), revise con más cuidado sobre lo que se ha escrito del tema en cuestión y tenga la decencia de citar aunque sea para decir que publicaciones pasadas carecen de validez y que la suya es el parte aguas de los estudios regionales sobre el ferrocarril en Tlaxcala; al respecto pongo a su disposición el libro La vida en rieles que con mucho gusto se lo haré llegar si no le es posible conseguirlo.

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