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El legado del ausente

Por: Ricardo Nava Olivares

2012-05-29 04:00:00

¿Cuántos gobernadores corruptos han parado en la cárcel en 12 años?, ¿cuántos líderes sindicales corruptos han sido enrejados en 12 años?, ¿cuántos funcionarios públicos de distintos niveles de gobierno han regresado lo que supuestamente se han robado?, ¿cuántos miembros del aparato militar están hoy encarcelados por supuestos actos de corrupción?, ¿cuántas denuncias de orden penal y civil se tienen registradas de funcionarios que se han enriquecido de forma ilegal aprovechando los espacios de poder público? En efecto, como lo diría el ausente, “la impunidad es la lacra que envuelve México”, es el mejor legado de 12 años de gobiernos panistas, dejar crecer el pulpo de la corrupción.

Que haya corrupción en la clase política no es algo novedoso, lo lamentable es que se haya hecho muy poco para disminuirla en 12 años de gobiernos panistas, ni Vicente Fox, ni el ausente establecieron alguna estrategia seria, responsable y honesta para detener la corrupción, pues la transparencia y la rendición de cuentas fueron prostituidas, confundieron deliberadamente la transparencia con la actualización de las páginas web. La responsabilidad es del gobierno y de los que están al frente del mismo, pues lo menos que se esperaba de la alternancia a nivel federal era que combatiera de frente y sin tapujos a los corruptos, no ocurrió así y más que detenerla la dejaron crecer. Los distintos informes nacionales e internacionales lo confirman.

La historia de corrupción se asoció al régimen autoritario, el manejo discrecional, el dispendio y la opacidad fueron prácticas comunes en las épocas doradas del partido hegemónico y luego dominante.

Ante la ausencia de contrapesos del aparato legislativo y judicial, el gobierno hacía lo que quería con los recursos públicos, el presidente de la República tenía un inmenso poder, mismo que nadie cuestionaba y que por ende le permitía repartir el pastel de la forma en que a él le gustaba. Los gobernadores eran subordinados del Ejecutivo, quienes podrían ser removidos con una simple llamada telefónica, el Congreso de la Unión servía para alzar el dedo o agachar la cabeza, eran las épocas de un presidencialismo exacerbado.

Precisamente uno de los principales cuestionamientos al régimen priista fue sin duda los altos niveles de corrupción, además de la escasa participación política de las fuerzas opositoras en los distintos niveles de gobierno y en los espacios legislativos y judiciales, la famosa transición hizo hincapié en la necesidad de contar con elecciones limpias y transparentes que favorecieran la verdadera competencia electoral, se supuso que la conformación de una pluralidad en el gobierno traería sendos dividendos, entre ellos poner freno a la lacra de la corrupción. En efecto, se creó el IFE y éste ayudó a dar mejor certidumbre a los procesos electorales, las leyes electorales abonaron, los resultados empezaron a llegar desde los municipios y luego en las entidades federativas, hasta que llegó un punto crucial, la elección del 2 de julio del año 2000.

El cambio en las reglas del juego electoral no sólo permitió transitar de un sistema de partido dominante a uno de sistema de partidos competitivos, sino que permitió conformar una pluralidad en casi todos los espacios de poder: los ayuntamientos, las entidades federativas, los congresos locales, las cámaras de diputados y la de senadores han estado integradas por distintas fuerzas políticas; sin embargo, la transición dejó deudas pendientes, entre ellas crear los candados que cerraran el paso a los funcionarios públicos corruptos, se dio prioridad a las elecciones y se dejó descubierto el manejo de los recursos públicos en todos los niveles de gobierno.

La corrupción creció y el gobierno federal prácticamente se desentendió, existen cientos de historias de la calle, donde sin necesidad de una averiguación previa, se sabe del enriquecimiento ilícito de tal o cual funcionario que en cuestión de tres o seis años cambió radicalmente su estilo de vida, cambió de autos y construyó mansiones, amplió o creó negocios a modo al amparo del poder público, esos funcionarios están o han estado en los municipios, en los gobiernos estatales, en el Congreso de la Unión y, desde luego, en el gobierno federal.

Sería muy ingenuo suponer que el gobierno nunca se enteró, más bien se convirtió en cómplice del saqueo de los recursos del pueblo.

Por eso no extraña que haya corrupción, lo que resulta extraño es que cada vez que haya elecciones se descubran corruptelas, esas ya se sabían, esperemos que en esta ocasión no sólo caigan priistas y perredistas sino que también caigan panistas, sino es así entonces el gobierno federal estará mandando el mensaje que la impunidad es para los amigos y la cárcel para los enemigos, todos deben ir tras las rejas. Ese es el legado del ausente, hacer como que hace algo cuando ya se va, el pulpo de la corrupción también creció en los mares azules del PAN.

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