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Educación especial en México. Un modelo de atención cada 10 años

Por: Raúl Jiménez Guillén

2012-08-20 04:00:00

La Educación Especial en México tiene una larga historia, sin embargo ésta no existe realmente como política educativa y como sistema de atención a la población, sino hasta después de 1970 con la creación de la Dirección General de Educación Especial (DGEE) y la ampliación de servicios hacia las entidades federativas.

Los modelos de atención han cambiado cada década, de ahí que en 42 años de existencia se hayan experimentado cuatro, en los que sin evaluar los resultados de uno, se encima otro, lo que ha desarrollado una práctica profesional en la que se combinan unos y otros sin que asuman precisión alguna.

La intervención de la educación especial, salvo el periodo de Margarita Gómez Palacio al frente de la DGEE, ha estado determinada por la práctica, se considera, como apunta Skrtic, que no se requiere de teoría sino que basta y sobra con la acción y de ella se derivarán mejoras al “diagnóstico, la intervención y la tecnología” (Bogan y Kugelmas en Skrtic, 1996)

El desarrollo de la educación especial es consecuencia de la aplicación de una política de Estado que al inicio de la década de los setenta se denomina “Educación para todos” y que va a determinar el reconocimiento de la educación especial como una acción del Estado a través de la cual se atiende a los niños “atípicos”.

Hacia 1976, la maestra Odalmira Mayagoitia define como atípico al individuo que en su proceso de crecimiento, maduración y desarrollo sufre alteraciones, limitaciones o disfunciones que obstaculizaban dichos procesos y/o su adaptación social. También era considerado atípico el sujeto de rendimiento intelectual superior o excepcional.

La orientación de la intervención está enfocada hacia la rehabilitación; “el término aludía al conjunto de medidas médicas, sociales, educativas y ocupacionales, para que los `inválidos´ pudieran realizar actividades donde ellos pudieran sentirse útiles´ ante su familia y la sociedad”. (Sánchez, 2010).

La DGEE define a la Educación Especial como “la rama de la educación que mediante la aplicación coordinada de un conjunto de acciones, tácticas, organización, metodología, didáctica y nomenclatura específica, propicia el desarrollo integral y armónico de la personalidad, impulsando la formación de hábitos, destrezas y habilidades, y el desarrollo de capacidades y conocimiento en los niños atípicos” (DGEE, 1976).

El conductismo era la teoría que ilumina el quehacer, como lo hacía con toda la educación por considerar que la acción científica, objetiva, era lo que permitía modificar la conducta de las personas, que en el caso de la educación especial, les permitía “realizar actividades donde ellos pudieran sentirse `útiles´ ante su familia y la sociedad” (Sánchez, 2010).

Esta experiencia que había permitido el crecimiento de los servicios de educación especial, particularmente a través de las escuelas de educación especial y de los grupos integrados, de pronto se ven “expulsados” por una fuerza con mayor poder, determinado por la llegada de Margarita Gómez Palacio a la DGEE y por una política pública en educación denominada “revolución educativa”

La educación especial y la teoría de Piaget

El conductismo se tira por la borda y todos se convierten en discípulos de Piaget, y en ese sentido la educación especial va a asumir como propia la teoría psicogenética y va a descubrir el constructivismo como eje fundamental para el desarrollo de competencias académicas en el niño, a partir de comprender el desarrollo normal.

La educación especial pasa de ser considerada una pedagogía diferencial para reconciliarse con la pedagogía general y reconocerse como: “una rama de la pedagogía general que en vista de los mismos fines de la educación regular, sistematiza la teoría y la práctica de la educación de acuerdo con las particularidades de los sujetos con requerimientos de educación especial, a los que estudian con la ayuda de las ciencias biológicas y sociales” (DGEE, 1980).

Lógicamente esto determina el cambio de la concepción del sujeto y de ser un atípico se concibe como “niños, jóvenes o personas con requerimientos de educación especial” a los que debe desarrollarse en condiciones lo más normal posible (normalización) para ser integrados (integración) a la educación regular.

Para ello los servicios se ordenan en dos grandes líneas: las instituciones que atienden a los sujetos cuya necesidad de educación es fundamental para su integración y normalización, y las instituciones que incluyen a aquellos sujetos cuya necesidad de atención es transitoria y complementaria a su evolución pedagógica normal y que asisten a la escuela regular” (p.145).

Los niños, jóvenes y adultos con requerimientos de educación especial son atendidos por instituciones especializadas de acuerdo con el tipo de “limitación”. La estructura institucional comprende para los transitorios a los centros de intervención temprana y los grupos integrados, y a los permanentes las escuelas de educación especial para “deficiencia mental, transtornos visuales, transtornos de la audición, para impedimentos motores, y los centros de capacitación de educación especial para el trabajo (Cecade).

En la década de los noventa la revolución educativa es sustituida por la modernización de la educación básica también denominada federalización, y cuya acción de descentralización provoca la orfandad de la educación especial, a pesar de los fuertes vientos de cambio que permean la política educativa derivada de los eventos internacionales en Jomptien y Salamanca.

En Jomptien (1990) se determina que todos los niños, jóvenes o adultos deben: “satisfacer sus necesidades básicas de aprendizaje”, lo que se amplió en Salamanca al señalar que muchos niños experimentan dificultades de aprendizaje en algún momento de su escolarización y, por tanto, presentan: “Necesidades Educativas Especiales.”

Educación Especial cambia el sujeto de atención y del: “con requerimiento de educación especial” pasa a: “niños con necesidades educativas especiales” a los que define: “Un alumno presenta Necesidades Educativas Especiales (NEE) cuando, en relación con sus compañeros de grupo, tiene dificultades para desarrollar el aprendizaje de los contenidos asignados en el currículo, requiriendo que se incorporen a su proceso educativo mayores recursos o cuando menos diferentes para que logre los fines y objetivos educativos”, para marcar su territorio los educadores especiales adjetivaron las NEE: “con o sin discapacidad”.

A la Educación Especial se define como “el conjunto de medios personales y materiales puestos a disposición del sistema educativo para que pueda responder satisfactoriamente a las necesidades particulares de los alumnos”, en razón de que, por la integración y por tanto la escuela integradora, le demanda los mismos marcos teórico–conceptuales que la educación regular.

Si el conductismo fue sustituido por el constructivismo, en la década de los noventa la Educación Especial no supo de donde agarrarse, porque la mayor parte de los conceptos deriva de los movimientos de derechos humanos, lo que hizo que en algunos casos se asumiera la corriente dominante que era la teoría cognitiva, pero de forma marginal.

La alternancia política en el Ejecutivo federal en 2000 marca también la política educativa y se orienta hacia “la educación de buena  calidad”, y lo primero que sucede es que vuelve a respirar al encontrar un nuevo referente teórico: su rencuentro con el constructivismo social (Piaget, Vigotsky y Ausubel), y el enfoque por competencias.

Casi de forma milagrosa vuelve a surgir el sujeto de atención como “la persona con discapacidad”, sólo que ésta aún definida desde los marcos de la biología o la psicología pero con un enfoque eminentemente social, se reconoce que: la discapacidad no se encuentra en el sujeto sino en las condiciones materiales de existencia. 

El concepto de: “niños con necesidades educativas especiales” es sustituido por el término “barreras para el aprendizaje y la participación” que en el Index se definen como: “las dificultades que el alumnado encuentra (a partir de la) interacción entre los estudiantes y sus contextos; la gente, las políticas, las instituciones, las culturas, y las circunstancias sociales y económicas que afectan a sus vidas” (Index, 2000).

La educación especial ahora se define como el “conjunto de servicios, programas, orientación y recursos educativos especializados puestos  a disposición de las personas con algún tipo de discapacidad, para favorecer su desarrollo integral y facilitar la adquisición de habilidades y destrezas, que les capaciten para lograr los fines de la educación” (fracción IV, Art. 2. Ley General de las Personas con Discapacidad).

La educación especial ha pasado del conductismo, a la epistemología genética, a la teoría cognitiva y al reencuentro del constructivismo social, lo que ha modificado: 1) la definición del sujeto de atención, 2) los modelos de intervención y 3) la estructura institucional, sin que exista una evaluación de los resultados o el impacto que ha tenido cada uno de ellos.

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