Logo de La Jornada de Oriente
Cargando...

Las lágrimas célticas de Rod Stewart

Por: Horacio Reiba

2012-11-12 04:00:00

Tras el 2–1 sobre el Barcelona, el miércoles, en Hampden Park, al veterano rockero de Glasgow se le saltaron las lágrimas. Quizá no fuera tanto por esa gesta inesperada del pequeño como  por nostalgia de tiempos idos. Porque ese Celtic, vencedor del Barça casi de rebote, hubo un tiempo en que se codeó con los grandes. Y con un cuadro netamente escocés se consagró campeón de Europa. Fue en la Copa de 196667, cuya final disputó en Lisboa al Inter de Helenio Herrera. El de los Sarti, Fachetti, Picchi, Suárez, Corso, Jair, Sandro Mazzola… Decir que esa constelación neroazzurra patentó el catenaccio es decir lo menos. Pues aquel equipo histórico, que ciertamente jugaba con Tarsicio Burgnich como hombre–escoba detrás de los centrales, sabía urdir un tejido finísimo antes de lanzar –vía Luisito Suárez o Mario Corso– sus zarpazos mortales al frente. Nada que ver con la teoría del pelotazo al azar que caracterizaría después y hasta hoy a los cuadros típicamente contragolpistas.

En cuartos de final, aquel Inter se había engullido 0–2 al campeón Real Madrid en el mismísimo Bernabéu. Y por supuesto, al estadio Da Luz acudía como favorito, recrecido su prestigio de doble monarca europeo del bienio 64–65.  El Celtic, por su parte, era hechura reciente de Jock Stein, un socialista gordo, que en su empeño por reducir la criminalidad en el proletario barrio de los católicos, sede del Celtic–Glasgow, acabó prohijando una generación de oro, que ese año dejó en el camino al Zürich, al Nantes, al Vojvodina de Novi Sad y a los checos del Dukla, campeones todos de sus respectivos países. No obstante, los momios se inclinaban por el inter abrumadoramente.

Pero aquel 25 de mayo de 1967, en el repleto estadio lisboeta, las cebras verdes iban a destrozar el pronóstico. El Inter se adelantó temprano (Mazzola, ’8) gracias a un penal, y por un rato pareció tener todo bajo control. Pero paulatinamente, el campo se fue llenando de escoceses. Había jugadores verdiblancos por todas partes, y los italianos no se daban abasto para contenerlos. Esa tarde, el empuje de Jimmy Gemmell se hizo legendario: recuperaba, repartía, bajaba, subía y a los 63 él mismo firmó el empate. Ya nada, ni el catenaccio, iba a ser capaz de apagar el fuego céltico: volcado en el campo contrario, el indómito escuadrón del Gordo Stein puso cerco a la meta de Sarti, y faltando cinco minutos para los 90 Chalmers marcó el gol de la coronación. Cuando el alemán Tschencher dio el pitazo final, una multitud de seguidores del nuevo monarca invadió febrilmente el campo. Rod Stewart afirma que él estaba entre ellos. La histórica alineación ganadora la formaron Simpson; Craig, McNeill, Murdoch y Gemmell; Clark, Audl y Wallace; Johnstone, Chalmers y Lenox. Escoceses todos y vecinos del mismo barrio.

Celtic Glasgow fue el primer triple campeón europeo –es decir, el primero en ganar un mismo año la liga y la copa de su país y la Copa de campeones. Y el primer club británico en alcanzar la cúspide continental, monopolio latino hasta entonces gracias a los seis títulos del Madrid, los dos por piocha de Benfica e Internazionale y el que Milán logró en 1963. Y mientras Jock Stein y la veda de extranjeros se mantuvieron, siguió figurando en la élite. En 1970 volvió a ser finalista, pero esta vez quien contrarió el pronóstico fue el casi desconocido Feyenoord de Rotterdam, que venciendo a los célticos en la final de San Siro (2–1 en la prórroga con gol de Kindvall) iniciaba el reinado holandés que culminaría con el glorioso triplete del Ajax de Cruyff y su futbol total. 

Cavani, bárbaro. La llamada Europa League –que nació como Copa de Ferias en los 60 y luego sería rebautizada Copa de la UEFA– es torneo un tanto peculiar, que lo mismo aloja a los punteros de países de escasa jerarquía que contribuye a animar la pelea por los puestos altos de la media tabla en ligas importantes, donde siempre serán más los secundarios que los gallones, inevitablemente destinados a la liga de ligas: la Champions y su promesa orejona.

A fin de funcionar como aliciente y revulsivo de alcance continental, este campeonato de segundones decidió extender su formato a 64 clubes, divididos en 16 grupos. Naturalmente, tantas facilidades conllevan desniveles notorios. La semana última, por ejemplo, los que ya habían asegurado el pase a 16avos. optaron por alinear equipos B, propiciando muchos partidos–cáscara, y marcadores tan inesperados como la derrota del campeón reinante –Atlético de Madrid–, ante Académica de Coimbra, que antes del jueves pasado había sido incapaz de rescatar un solo punto. Más sorpresiva fue la eliminación del Athlétic de Bilbao, finalista el año anterior –el Atlético lo venció 3–0 en Bucarest, los tres de Falcao– y vencido 2–3 por Lyon en el propio San Mamés para prolongar las pesadillas de Marcelo Bielsa, héroe reciente de los bilbaínos, transmutado al papel de villano.

Y de repente, entre toda esa paja, un diamante de a libra. El Nápoles necesitaba vencer para seguir aspirando a calificar y puso sobre el San Paolo su cuadro de lujo, pese a que el rival ucraniano –Dnipropetrovsk– decía tan poca cosa como su extraño nombre. Pero resulta que el tal Dnipro, trufado de habilidosos brasileños, salió respondón. Tanto que, a falta de un cuarto de hora, vencía 1–2 y parecía capaz de resistir en orden y sin apuros el arreón final de los locales. Al Nápoles, el temprano gol de Edson Cavani –su goleador uruguayo– le estaba sirviendo de poco. Pero en eso, un tiro libre, cobrado con singular maestría por el charrúa, se coló por un ángulo porque a semejante misil no lo paraba nadie, y el final del cotejo cobró renovado interés. ¿Serían capaces los italianos de remontar la cuesta? Los italianos quién sabe, pero Cavani, desde luego sí. Dos veces más, en los últimos cinco minutos, la meta de Lastuvka, un buen portero, fue batida sin remedio por el mortífero 7 celeste. El color compartido por Uruguay y Nápoles, los dos equipos de Edson Cavani. Uno más de los afiladísimos estoques sudamericanos que triunfan hoy en Europa.

Antes de Cavani había sido Radamel Falcao –que no jugó en Coimbra con su Atlético de Madrid– el único autor de cuatro goles por partido en la historia de la Europa League. Fue en 2011, jugaba entonces para el Porto lusitano y se los clavó al Villarreal en semifinales.

Hora de sufrir. Como ya se dijo, la jornada europea no será grata de recordar para los españoles. En la Champions, a la derrota del Barça en Glasgow hay que sumar el empate a dos del Madrid como local ante Borussia Dormund, actual líder de su grupo. Tampoco ganó el sorprendente Málaga, aunque sacar un 1–1 de San Siro, por mucho que el Milán ande de capa caída, no suena nada mal. Único vencedor, el Valencia se deshizo sin problemas del Bate Borisov (4–2) y se perfila como acompañante del Bayern Munich para la ronda de octavos. Guardado forzó un penalti –aunque bien vista, la falta era fuera del área– y el argelino Feghouli rubricó un doblete.

Y como corolario, los ya referidos reveses del Atlético y el Athlétic en el otro torneo continental.

Chicharito, por la puerta grande. Al tapatío lo llamó Ferguson en el medio tiempo para reforzar el ataque del ManU, que perdía anteayer por 1–0 en el Villa Park. Y poco importó que a los ’48 la desventaja aumentara, pues Javier Hernández tomó el asunto por su cuenta y mantuvo al líder en su sitio. Es decir, que primero elChícharo descontó, luego propició el empate –remate suyo que pega en Clark para colarse–, y a los 83 daba vuelta al marcador cabeceando en palomita un centro largo de Van Persie. Colorín colorado: 2–3 para la visita.

Desde su estreno con los devils, Hernández ha completado ya tres dobletes. Y en los últimos 30 días, entre Premier y Champions, siete goles, incluido el que desde el piso le anotó al Sporting de Braga para sellar el 1–3 del miércoles pasado.

El risueño atormentador de redes está de regreso.  

¿Castigo ejemplarizante? Al Chupete Suazo la Comisión de Arbitraje le aplicó un partido de suspensión por fingir una falta en el área, buena para que, vía ese penalti, su Monterrey rescatara el empate a dos frente a Toluca. Una suspensión delicada, dada la situación de los regios con vistas a la liguilla. Por lo demás, quisiera ver cuál es el siguiente clavadista a quien se les ocurre sancionar. Cuando se toma una decisión así de aleatoria a propósito de un engaño tan frecuente, con nulas posibilidades de extenderlo a la mayoría de los casos, no cabe duda que estamos ante un alarde típicamente demagógico. Con la agravante de la inherente carga de interrogaciones: ¿Por qué a Suazo y precisamente ahora? ¿Con qué criterio los cronistas de la tele, que indudablemente influyeron en el escándalo justificatorio de la sanción, cargan las tintas a ciertos equipos y a otros no? ¿Serán ellos, en lo sucesivo, los guías áulicos de la vocación redentora de la Rama de Primera División y sus castigadores oficiales?

A todo esto, hay liguilla en puerta. Escaparate ideal para ir respondiendo a ésas y otras cuestiones.

Share
La Jornada
Nacional Michoacan
Aguascalientes Guerrero
San Luis Veracruz
Jalisco Morelos
Zacatecas  
Tematicas
Defraudados Izquierda
AMLO Precandidatos 2012
Servicios Generales
Publicidad
Contacto
© Derechos Reservados, 2013. Sierra Nevada Comunicaciones S.A. de C.V.