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La Libertadores y los equipos mexicanos

Por: Horacio Reiba

2012-02-13 04:00:00

Lo que en algún momento pintara como la gran ocasión para el despegue internacional del futbol mexicano ha pasado a ocupar un lugar enteramente secundario, vista la incapacidad de la mayoría de nuestros representantes en la Copa Libertadores, que salvo excepciones puntuales parecen empeñados en tirar por la borda esa oportunidad de trascender. Lo vienen haciendo así ya sea mediante premeditadas defecciones –como la del Tuca al recortar dientes y garras a sus Tigres– o como simple reflejo y confirmación del pésimo momento que atraviesa en nuestro país el deporte de las patadas, que más bien lo es de la televisión.

Promisorio inicio, una final y dos semifinales. Realmente, los primeros pasos de los equipos aztecas en la clásica justa sudamericana fueron prometedores. Tanto que no tardaría en presentarse una oleada de resultados favorables cuando Morelia, Guadalajara y América visitaron, a partir de 1997, tierras argentinas. Pero el gran salto lo daría, en 2001, un Cruz Azul dirigido por José Luís Trejo y formado por jugadores en vertiginoso ascenso que, del modo más intrigante y misterioso, tardaron aún menos en desaparecer.

Pero antes, aquellos inspirados cementeros eliminaron, en cuartos de final y semifinales, a dos adversarios de tanta prosapia como River Plate y Rosario Central, apabullándoles en el Azteca y empatando en territorio argentino –el vertiginoso 3–3 en Arroyito fue un gran espectáculo. La final enfrentaría a los azules con el Boca Juniors, que los venció a domicilio con solitario gol de Marcelo Delgado. Pero en la boquense Bombonera, los mexicanos se crecieron como nunca, y un gol de Plascencia obligó al desempate por penales. Una vez ahí, como era de esperar, el Cruz Azul entregó la copa a los locales.

El relevo lo tomarían las Chivas, que hicieron una campaña formidable en 2005 y 2006, llegando en ambos casos a semifinales. Cuando, en la primavera de 2006, año mundialista, el Guadalajara eliminó al Boca clavándole en el Jalisco aquel 4–0 histórico, parecía que los rojiblancos tendrían cuerda para mucho más. Pero el Tri los mermó a la hora buena y, aprovechando esa coyuntura, el Sao Paulo dio fácil cuenta de un voluntarioso Guadalajara B, cuando ya en primera ronda las Chivas habían doblegado dos veces a los paulistas –el futuro campeón de ese año–, tanto en casa como en el mismísimo Morumbí.

Otra vez el Rebaño. Luego de pronunciado declive en la participación de los equipos mexicanos en la Libertadores –ya enfrascados los primeros de la clasificación nacional en la anticlimática concachampions–, tocó nuevamente a las Chivas salir por los fueros de nuestro futbol. Fue en 1910 y con una alineación parecida a la que actualmente arrastra penosamente el prestigio del campeonísimo. Sólo que en aquella ocasión, tras apabullar con lujo de suficiencia y goles a pasto a peruanos y chilenos, los tapatíos se declararon impotentes ante la superior fuerza física y futbolística del Inter de Porto Alegre, que resolvió con doble victoria el desafío final (1–2 y 3–2).

La esperanza azul. Este año, tras la negativa actitud del Tuca Ferretti, que prácticamente entregó el boleto a la Unión Española de Chile mediante el sencillo procedimiento de alinear un cuadro juvenil en la fase de repechaje, Guadalajara continuó con su pésima racha de este año rescatando apenas un empate de última hora el martes, ante el Deportivo Quito (1–1), al abrir en el Omnilife su participación dentro del G–7 del certamen.

En medio de tanta decepción, el Cruz Azul, que reaparecía tras una ausencia de varios años, visitó el miércoles Asunción y pudo, por fin, traerse a México una victoria de 2–1 sobre el Nacional, con dos tantos de Orozco, figura del día junto con Christian Giménez, éste como conductor de una nave cuya tripulación supo estar parejamente a la altura, superando en todos los terrenos al once paraguayo, y convirtiéndose en la única esperanza tangible de nuestro futbol en la lucha por la Libertadores de América, versión 2012.        

El Plan Cóndor sobrevuela de nuevo. En la historia mundialista, pocos partidos concentran más turbias sospechas que el 6–0 sobre Perú que permitió a los argentinos disputar la final de 1978, jugando en su propio país bajo auspicios de la dictadura militar vigente. A lo largo de los años se han dicho muchas cosas: que el arquero peruano se vendió –Ramón Quiroga era argentino naturalizado–, que el gobierno anfitrión escrituró unos terrenos a nombre de los jugadores clave del once inca, que solamente el extremo Muñante –que jugaba para Pumas en México– permaneció al margen de un pacto para entregar el partido. Y así sucesivamente. Tan increíble sonaba el abultado marcador, justo el que Argentina necesitaba con urgencia para no ceder a Brasil el puesto de finalista.

Pues bien, esta semana salió a la luz una nueva versión, que más refuerza que elimina las otras: un ex senador peruano de la época, Genaro Ledezma Izquierdo, interrogado por la fiscalía argentina como testigo en contra del ex dictador Jorge Videla, afirma tener pruebas sobre un acuerdo entre su gobierno y el del país organizador para que el equipo peruano permitiera al de Argentina obtener un resultado de cuatro o más goles de ventaja, única fórmula para eliminar a Brasil, que venciendo horas antes a Polonia (3–1) alcanzó una diferencia de +5 que los anfitriones tenían que superar para convertirse en finalistas. Dicho acuerdo se habría inscrito dentro del célebre y clandestino Plan Cóndor, diseñado en Washington, que convertía en aliadas “contra el comunismo internacional” a las dictaduras militares sudamericanas, muy numerosas en ese tiempo.

Argentina goleó a un Perú extrañamente entregado, cuyo portero hizo de convidado de piedra. Eso, la sospechosa pasividad del resto y algún gol en offside elevarían finalmente a +8 la diferencia en favor de los albicelestes dirigidos por César Luis Menotti.  

Barça: adiós a la liga. Mientras en Inglaterra, Italia y Alemania la disputa por la liga se ha enconado como nunca, en España el panorama luce abrumadoramente blanco, al parecer en forma irreversible, pues los 10 puntos que ya separan al Barcelona del Real Madrid constituyen un abismo virtualmente insalvable.

Caro le salió a Guardiola apostar el sábado por un equipo en buena parte alterno, puesto que decidió prescindir de Xavi, Fábregas e Iniesta en su visita al Osasuna de Pamplona. Y como la defensa está haciendo agua en serio –Puyol y Piqué acusan agudo desgaste–, el modesto cuadro local ganó la partida en el primer tiempo con par de goles de Lekic, y aguantó en el segundo el chaparrón desatado por Messi y suplentes que lo acompañaban, y que no consiguieron evitar una derrota por tres a dos. Huele, como no, a sentencia definitiva.

“Señores, a trabajar”. Fue como si Juan Carlos Osorio, un colombiano que no vino a vacacionar al futbol mexicano, hubiera implantado este grito de guerra en el campamento de la franja. En unas cuantas semanas, ha hecho del Puebla un equipo coherente y comprometido, que ayer ligó su segunda victoria como visitante haciendo ver muy mal a los Pumas en CU. Osorio está tocando las teclas adecuadas, apareció por fin el Luís García que estábamos esperando, y tanto nacionales como importados, bien distribuidos sus espacios, tareas y asociaciones, están colaborando como integrantes de un equipo. Incluso Landín, que parecía perdido para el futbol, o Pineda –otro que ídem– son hoy otra cosa, tipos que saben qué hacer con la pelota y cómo ganar la posición al adversario.

Con goles de Landín y García, uno en cada tiempo, el Puebla venció 2–0 y llegó a nueve puntos. Y dentro del opaco panorama nacional, promete seguir cuajando en un cuadro digno y luchón. Por lo pronto, el domingo recibe al enrachado Morelia. Y hay razones de sobra para esperar futbol abierto y un encuentro de pronóstico reservado.

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