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El Chícharo reverdece y el Puebla enrojece... ¿de vergüenza?

Por: Horacio Reiba

2012-10-29 04:00:00

Se imagina usted a las Chivas con los colores del Atlas, al Madrid con los del Atlético o al Toluca travestido en otro Inter de Milán? Porque el jueves, en el Cuauhtémoc, el Puebla estrenó el uniforme de la selección de Perú (aunque sin ningún Cubillas, Sotil, Chumpitaz o Gallardo a la vista… ni siquiera un Farfán o un Pizarro, mucho menos un Markarián en la banca). Dicen que el dueño del equipo –una aberración más, porque un equipo histórico claramente pertenece a su ciudad, es decir, a todos nosotros, y hablar de el dueño como se hablaría del propietario de un garito o una mercancía cualquiera violenta esa lógica comunitaria… pero en fin–; dicen, pues, que el dueño ha optado por desechar la combinación tradicional, franja azul sobre fondo blanco o viceversa, para explicitar su repudio al partido en el poder, cuyos colores coinciden con los del Puebla de toda la vida. Cuesta creerlo, de tan zafio y burdo como suena, pero mal haríamos en esperar ideas luminosas del empresariado que invade hoy la esfera futbolística, enchufado o enfrentado alternativamente con el gobierno estatal respectivo, confabulado con su o sus agentes de cabecera –dueños a su vez de paquetes enteros de entrenadores y jugadores–, ávido de dinero fácil antes que hincha de su propio equipo, amante rendido del poder pero no del futbol, esa pantalla detrás de la cual se cuecen tantos buenos y malos negocios.

Lo de menos es que el América el jueves y ayer el Atlante hayan vencido por la mínima a un Puebla lleno de sombras, ante unas tribunas pardas y ralas. En este país dejó de ser noticia que el cotejo entre dos cuadros mediocres se resuelva a favor del menos mediocre de los dos. Un leve asomo de justicia en medio del caos.

El Chícharo, en alza. Como si, honrando su pintoresco sobrenombre, se hubiera propuesto formar parte del encarecimiento galopante de frutas y verduras en el país, Javier Hernández volvió a encender el martes Old Trafford y siguió brillando ayer domingo en Stamford Bridge después de varios meses en la más completa opacidad. Todo empezó en el duelo por la Champions League contra los portugueses del Sporting de Braga, equipo modesto y claramente abocado a la derrota según cualquier pronóstico sensato, pero al que habían bastado 20 minutos y dos ráfagas del brasileño Alan para ponerles cuesta arriba el partido a los Devils. Sin embargo, la primera descarga del Chicharito tardó poco en llegar (25’), aunque fuera en la segunda mitad cuando el intenso dominio del ManU fructificó en el empate (Evans, 62’), preparando el escenario para que Javier se convirtiera en el héroe de la noche al convertir su segundo tanto, el que dejaba la victoria en casa. Dos goles de cabeza, acudiendo puntual al desmarque y acometiendo el balón con esa voracidad de goleador de casta que tanto echábamos de menos.

Y ayer le bastaron 25 minutos en la cancha del líder Chelsea para dar la victoria a los suyos. Estaban empatados a dos cuando Ferguson llamó al guisante como sustituto, y 10 minutos después, el tapatío premiaba a su director técnico depositando el balón en la red de Peter Cech, al revolverse como rayo para coronar una confusa acción dentro del área pequeña de los blues, que siguen primeros en la tabla pero a solo un punto de los dos equipos de Manchester.

Si bien ahora nos toca aguardar una feliz confirmación de que la mala sombra que oscurecía al tapatío ha quedado atrás, no es ocioso recordar que los goleadores viven de rachas y está en su naturaleza el gozar o sufrir sin alternativas. Son lo contrario de los porteros, que o son constantes o simplemente no son. Y no hablo del 10 tradicional, también sujeto a golpes de inspiración o repentinas depresiones, porque esa figura está cada vez más ausente de los esquemas tácticos contemporáneos. Incluido, por supuesto, el de Ferguson. Pero ni el DT del Manchester ni sus colegas más reaccionarios conseguirán, en cambio, prescindir del hombre que hace los goles. Por eso ha incorporado a Van Persie a su plantilla, y por eso mismo el Arsenal está sufriendo como nunca para empujar balones a la red. Pues privado por voluntad propia del holandés, todo el prolijo tejido de los gunners de Arsene Wenger queda en agua de borrajas.  

Se empareja y se anima. Apenas navega por su tercera fecha, pero ya la Champions League ofrece unas sensaciones y un colorido con los que no se contaba. Adiós a la monotonía de los últimos años, con el favoritismo de antemano volcado hacia el Madrid y el Barça, aunque al final pasara cualquier cosa; hoy los grupos muestran un equilibrio de fuerzas al que corresponden partidos muy parejos en general, con notorios atascos en las tablas de clasificación como resultado.

Mire usted si no la situación del grupo D, encabezado por el Borussia Dormund (7 puntos) tras su victoria del miércoles sobre el Real Madrid (6), algo con lo que pocos contaban aunque el 2–1 se ajuste como guante a las alternativas de un encuentro que el local mereció ganar y ganó, con goles de Lewandowski (36’) y Schmeltzer (64’), éste para romper la igualada establecida por Cristiano a los ’38. Más paralelismos: si Mourinho podría alegar, con razón, las ausencias por lesión de nada menos que varios defensas titulares (Arbeloa, Marcelo, además de Coentrao), Klopp, su colega de enfrente, atraviesa parecido trance, privado de piezas clave como Blascykowski y Gündogan que buena falta le han hecho en la defensa de su título de la Budesliga, una carrera de la que por ahora parece descabalgado.

Pero todavía hay clases. En ese G–D, reputado como el más difícil, los campeones de Holanda (Ajax) e Inglaterra (Manchester City) pocas esperanzas pueden abrigar. Sobre todo el City, batido 3–1 en Amsterdam y con apenas un punto por tres de los holandeses.

En el último suspiro. Así le ganó el Barça 2–1 al Celtic, que como buen visitante incómodo no tuvo inconveniente en adelantarse en el marcador (Samaras, 18’) ni en resistir así hasta los 45’ (Iniesta). De ahí en más, el local insistió con su famosa telaraña –Lio Messi como eje y centro de la misma– pero sin resultados. Hasta que, en el 90+4’, un pelotazo lateral sobre el área sobró a todos menos a Jordi Alba, que lo desvió a puerta en las meras narices del arquero escocés. En este Grupo G la ventaja azulgrana es clara (nueve puntos, marca perfecta), pero se percibe dura pugna en la disputa por el otro puesto a octavos, peleado por el Celtic (4) y el Spartak de Moscú (3 puntos luego de despacharse al Benfica, que sólo tiene uno).

Para grupo cerrado el F, con tres aspirantes en punta, todos con seis unidades. Y entre ellos el Valencia de Andrés Guardado, que viajó a Minsk para quitarle lo invicto al Bate con triplete de Soldado; tercer colíder es allí el Bayern Munich, también vencedor como visitante del Lille, por 0–1.

En el G–A el dueño de todo el protagonismo se llama Oporto, el otro que, como el Barça, lleva tres victorias en fila, la última un 3–2 en casa sobre el Dynamo de Kiev, par de goles por cuenta de Jackson Martínez, el colombiano que hasta la temporada anterior se vistiera de Jaguar chiapaneco. El equipo de Ibrahimovic, Paris SG, navega ahí segundo con seis, pues viajó a Zagreb para doblegar 0–2 al Dinamo de ahí, sotanero sin puntos.

En el GB despuntan Schalke 04 y Arsenal, sometido en su propio terreno 0–2 por los germanos, líderes con siete por seis de los cañoneros de Wenger, tan escasos de parque hoy día; los miran de lejos Olimpiakos y Montpellier, con tres y uno, respectivamente.

El campeón sufre, el Málaga sorprende. El campeón se llama Chelsea y el responsable sus vicisitudes Shaktar Donestk, que le infligió justísimo 2–1 al recibirlo en Ucrania; tiene el vencedor siete largos y la punta del G–E, donde Juventus sólo sabe empatar, por eso lleva apenas tres unidades, una menos que los londinenses. Es otro grupo cuya segunda vuelta amenaza apreturas sin cuento.

Y por último, convertido en la sorpresa mayor, cabalga al frente del G–C el Málaga del ingeniero Pellegrini: tres victorias, nueve puntos. Recibía al Milán –un Milán en horas bajas– y el andaluz Joaquín se dio el lujo de marcar el único tanto (64’) luego de errar un penalti en la primera mitad. Clara superioridad malagueña y gran partido del mediocampista chileno Iturra, que dio el pase para el gol. Los lombardos, con cuatro puntitos, ya tienen sobre sí la amenaza del Zenit de San Petersburgo, que recibía al colero Anderlecht y le ganó 1–0 con penal de Kerkhakov.

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