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Diferencias de objetivos

Por: Horacio Reiba

2012-11-05 04:00:00

En la antología de frases y declaraciones no ya huecas sino decididamente hilarantes figura ya, por derecho propio, la pronunciada por el hijo del dueño del Puebla para justificar el cese –quién sabe si fuga– de Daniel Guzmán. Fue pronunciada en la presentación de Carlos Poblete como el quinto DT que en menos de un año tiene la franja, equipo en plena deriva gracias, indudablemente, al talento y tino de sus dirigentes.

Sucede que el joven Henaine, desperdiciando una ocasión inmejorable para pasar página discretamente, decidió informar a la prensa que Guzmán se fue con sus travesuras a otra parte debido a sus “diferencias de ideas y objetivos con la directiva”. Nada que ver, pues, con la pobre marcha y la flagrante disfuncionalidad del equipo. Fue un divorcio puramente conceptual. Solo que al ponerlo en esos términos, lo único que el declarante consiguió fue avivar la sospecha de que, en este México calderoniano, los equipos profesionales de futbol –si no todos, la mayoría– son pasto de una colusión entre tratantes de piernas y supuestos directivos, con la búsqueda de dinero fácil por encima de cualquier consideración futbolística. En el país de la corrupción galopante, que ésta invada también la esfera del deporte de paga parece ya tan natural como que el Popo humeé o quienes auxilian a los migrantes centroamericanos sean tratados como delincuentes.

Mientras tanto, el Puebla seguirá penando, quién sabe si con propósitos de venta de la franquicia a algún desaprensivo –y desprevenido– gobierno estatal.

El otro extremo. Sabido es que Johan Cruyff pasó fugazmente por Zapopan, llegado hasta allí para calmarle el caletre a Jorge Vergara, cuyo plan holandés cuesta millones de euros aunque, en la cancha, no haya resuelto absolutamente nada. Pero antes de marcharse, dejó algunas perlas que no tienen desperdicio: calificó a las Chivas de equipito ínfimo, cuyas aspiraciones nada tienen que ver con la cruda realidad de un plantel con más sombras que luces; afirmó que levantar el juego de semejante bodrio les llevará a los expertos que encabeza de dos a tres años; y por último, insinuó que eso de jugar con puros mexicanos es casi una rémora, aunque lo dijera del modo más enrevesado posible, poniéndonos a cavilar sobre lo que significará eso de que “hay mexicanos nacidos fuera de México” que, si son buenos, deberían utilizarse.

Y hablando de directivas pacientes, qué tal la del Pachuca con Hugo Sánchez. Si lo que el Pentapichichi sacó a trotar el sábado al césped del Azteca es un equipo de futbol, Hugol debe ser Napoleón. Y sin embargo, después del inclemente 4–0 padecido ante el América (Chucho Benítez se encontró con el triplete más sencillo de su vida), el ex futuro entrenador del Real Madrid puso su cara más dura para precisar que tiene acordado con su directiva un plan cuya ejecución tardará  dos o tres en concretarse. Mientras tanto, va a poner oídos sordos a toda “crítica negativa”.  

Emotiva final. Aunque los medios se inclinaran, como era de esperar, hacia la figura de Cuauhtémoc Blanco con la Copa MX en alto, el verdadero protagonismo de la final del miércoles recae en el arquero de Dorados Alfredo Frausto: hizo el gol del empate en tiempo de descuento, lanzó con total acierto y sangre fría el penalti definitivo y había defendido de su marco como un león. El Cuau, efectivamente, es el eje de referencia en torno al cual gira el cuadro sinaloense. Pero precisamente en esa blancodependencia estuvo su talón de Aquiles, y la razón por la que Correcaminos, con un plantel más modesto, resultó bastante superior como equipo, hasta que, en un córner que no era, el desmarcado portero de Dorados, agregado al ataque, cazó con maestría el remate al rincón que prolongaría la contienda hasta la definición por penales.

Notable trabajo el del Chelís al frente de los de Ciudad Victoria –donde es ya ídolo aclamado e indiscutible, no pudo ser más atinada la felicitación a sus muchachos y su exculpación de Fito Espinoza, el hombre que erró el cuarto penalti, pues hasta Pelé, Maradona y Messi han errado más de una vez desde los míticos 11 pasos. Por cierto que el trofeo lo entregó un dirigente de la Femexfut de segundo nivel, ya que Decio de María ni se dignó viajar a un destino de Primera A, pese a lo mucho que encareció la disparatada recuperación del torneo copero en sus discursos de bienvenida a la dichosa Liga MX. Que, ya lo ven, ha resultado más de lo mismo.

Manchester United y ChelseaIndudablemente, la liga Premier –y el futbol inglés en general– se llevan la palma en cuanto al peso específico del futbol que ahí se practica, y la variedad e intensidad de las emociones que continuamente suscita. En apenas ocho días, la pugna entre Chelsea y ManU, los dos clubes más grandes de la isla, pero de ninguna manera los únicos capaces de protagonizar grandes partidos, alcanzó alturas épicas. Pues si el penúltimo sábado los pupilos de Ferguson, de visita en Stamford Bridge y cuatro puntos por debajo del líder Chelsea lograron frenar 3–2 a los blues –algo influyó el arbitraje, es cierto–, el miércoles, cuando volvieron a enfrentarse allí mismo, aunque esta vez en octavos de final de la Copa de la Liga, los de Di Matteo tomaron desquite y eliminaron a los Devils.

Dicho así, no parece sino una situación normal –repartición de victorias– entre dos grandes equipos. Pero había que ver lo que fue ese partido. Mejor aún que el precedente, los dos cuadros completos y un Manchester en plena recuperación tras el bajón de juego experimentado a partir de su derrota en Wembley ante el Barcelona. Tanto que por tres veces tomó ventaja sobre el Chelsea, y otras tantas el local logró enmendarle la plana. Hasta que, ya en la prórroga, Chelsea logró adelantarse al fin, y por dos goles (5–3), sin que sirviera para evitar la caída de los devils el tardío tanto de Giggs, bueno para el 5–4. Por cierto que el Chicharito marcó el 2–1 a los ’43 y son ya seis sus perforaciones a la meta del Chelsea a lo largo de sus tres temporadas en Inglaterra.

No para ahí la cosa porque el sábado el duelo entre los dos colosos tuvo un capítulo extra. Recibía el ManU al alicaído Arsenal y lo venció con mayor facilidad de lo que sugiere el 2–1 final, con Cazorla anotando en tiempo adicionado para aminorar una diferencia que había sido abismal en la cancha (Arsenal –o Wenger– siguen pidiendo a gritos el diván del psiquiatra.) Con este resultado, los de Ferguson se colocaban como líderes, pero sus 24 puntos los podía superar el Chelsea, que visitaba en Gales al Swansea.

Allí, el nigeriano Moses adelantó en un córner a los blues, y hasta el minuto 85 Chelsea pareció recuperar su liderato. Pero el Swansea, que bajo la dirección de Michael Laudrup teje futbol del fino con un plantel barato, armó una jugada de pases cortos por entreala izquierda, y el español pablo Hernández la coronó con un remate largo, a un rincón inaccesible para Peter Cech. El empate estaba consumado, y con él la confirmación del United como nuevo líder de la Premier.

Porque el Manchester City, que hubiera podido alcanzar a su coterráneo de ganar en la visita londinense al West Ham, pese a dominar claramente la contienda no consiguió romper el 0–0, y el puntito rescatado apenas le sirve para sumar 22 y ubicarse tercero, uno abajo del Chelsea y a dos del ManU, que desde el sábado comanda la Premier.

Una premier League que está convertida en la mejor reserva de alternativas y emociones del balompié europeo.

Lance Armstrong, al margen de tribulaciones. Mientras el ciclismo profesional atraviesa la peor crisis de su historia –una crisis de credibilidad por corrupción que luego de sacudir sus cimientos amenaza con triturar el ya tambaleante prestigio del deporte de las dos ruedas–, el principal protagonista negativo de esa debacle, el tejano Lance Armstrong, plusmarquista histórico del Tour de Francia, recientemente despojado de sus títulos y obligado a devolver las cuantiosas bolsas que fueron recompensando sus siete triunfos consecutivos en la célebre competencia francesa, no da señales de decaimiento. Y se dedica a recorrer su país la mar de ufano, ilustrando a sus admiradores en conferencias de superación personal –obviamente muy bien cobradas– y demandándoles más y más fondos para la asociación contra el cáncer que preside.

Al final de cada presentación, envuelto en aplausos a su elocuencia y altruismo, Armstrong vuelve al regazo de su rubia esposa, veinte años menor y tercera en la lista del multicampeón destronado.

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