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Un primer paso en el pensamiento abstracto

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-05-16 04:00:00

Michael A. Arbib es claro al señalar que tanto el
proto–lenguaje como el lenguaje son productos
sociales dependientes del desarrollo cultural de
las sociedades cazadoras–recolectoras de
alimentos

La conciencia de orden superior o secundaria, propia de los seres humanos, requiere del lenguaje para trascender un estado cerebral referido a una actividad específica convirtiéndola en un objeto específico de reflexión. En otras palabras, la reflexión con conocimiento no podría llevarse a cabo si el cerebro no contara con un lenguaje. Por lo que el lenguaje nos permite trascender momentáneamente una fase de ciertos estados cerebrales y transformarlos, a través de la mediación lingüística y de perspectivas generales, en un objeto de reflexión1. Desde esta perspectiva, el lenguaje no sólo es un medio de comunicación social, sino que también juega un papel fundamental en la mediación del pensamiento. El lenguaje es una herramienta poderosísima para el pensamiento (aunque, de acuerdo con la evidencia, la mayoría de los pensamientos son noverbales). Sin él no hay conciencia de orden superior.    

Evolutivamente la función primordial del lenguaje es la comunicación. En este sentido, el requisito de paridad es fundamental para este propósito: “lo que cuenta para el parlante debe contar aproximadamente lo mismo para el escucha”2. En el lenguaje como medio de comunicación la relación entre pares se hace esencial. Para lo que Arbib M.A3 señala, “no importa cuán útil sea una palabra para la cognición, en primer lugar debemos aprender la palabra; y a continuación debemos participar en numerosas conversaciones sí, en concierto con nuestros propios pensamientos, vamos a enriquecer nuestro entendimiento de cualquier concepto asociado y nuestra habilidad de hacer un uso fructífero de él. Por lo que tanto el uso social externo del lenguaje así como el uso interno cognitivo del mismo pudieron haber provisto de una variedad de presiones adaptativas poderosas para la evolución posterior de capacidades, tales como: la anticipación, la memoria de trabajo y la memoria autobiográfica. Y mientras el lenguaje se fue enriqueciéndose tanto la habilidad para planificar eventos en futuro, la consideración explicita de posibilidades contra–fácticas, y las reflexiones sobre experiencias pasadas para extraer lecciones generales fueron siendo parte del desarrollo humano.  

Los estudios tanto de Arbib, de Rizzolatti, como de otros, han demostrado que la región cerebral conocida como área de Broca e identificada tradicionalmente como el área del habla está involucrada en actividades de neuronas espejo. En diferentes investigaciones con imagenología se ha podido observar cómo esta área se activa cuando el ser humano toma un objeto así como cuando observa que lo toman, lo que indica una actividad espejo. Estos descubrimientos les han permitido presentar una de las principales teorías sobre el origen del lenguaje, la cual entre otras cosas señala que, “la disposición al lenguaje evolucionó como un sistema multimodal manual–facial–vocal, con proto–signos (protolenguage basado en movimientos manuales) proveyendo el andamio para el proto–habla (proto–lenguaje basado en vocalización), para proveer “una masa neuronal crítica” para permitir al lenguaje emerger del proto–lenguaje como resultado de las innovaciones dentro de la historia del Homo sapiens”4.    

Al comentar el trabajo de Michael A. Arbib, Domenico Parisi5, et al, señalan, “el lenguaje no son sólo signos sino signos más el significado de los signos. Las neuronas espejos tienden a ser invocadas para explicar la producción de los signos lingüísticos, sin embargo, ellas juegan un papel importante en la representación del significado de estos. Si los significados son interpretados como categorías de entidades en el medio ambiente, uno puede argumentar que estas categorías están representadas en el cerebro en términos de acciones motoras que ejecutamos en ellas… Si interpretamos no sólo los signos sino también su significado en términos de acciones motoras, podemos entender cómo los significados pueden ser compartidos entre el parlante y el escucha. Las acciones motoras son el único aspecto del comportamiento el cual es inter–individualmente accesible… Los significados pueden ser compartidos si las categorías a las que se refieren son representadas en términos de acciones motoras tanto en el parlante como en el escucha”.

Arbib es claro al señalar que tanto el proto–lenguaje como el lenguaje son productos sociales dependientes del desarrollo cultural de las sociedades cazadoras–recolectoras de alimentos. Su concepto del lenguaje es de tipo “tinkering–bricoler–chapucero”, siguiendo el lenguaje evolutivo, donde se van uniendo muchas características como parches. En un proto–lenguaje con reglas generales emergiendo tanto consciente como inconscientemente, sólo como generalizaciones podían ser impuestas sobre o discernidas en, una población con mecanismos ad hoc. Es por esta razón que él piensa que la “acumulación chapucera” que llevó al “pleno” lenguaje temprano tardó más de 100 mil años.

Como vemos, la hipótesis de Arbib mantiene una estricta explicación de la evolución y el desarrollo del lenguaje en términos de referentes físicos o lógicos, los cuales dan significado a los signos lingüísticos. Sin embargo, justo después de la fecha que él propone cono inicio de un lenguaje temprano, “pleno”, en el Homo sapiens, la sociedad de cazadores–recolectores da un salto cualitativo en su vida social y cultural. Decenas de cavernas en la región franco–cantábrico dan fe de este hecho atesorando el arte rupestre chamánico, donde los signos y los símbolos abandonan el mundo físico para adentrarse en la psique chamánica.

Con las cavernas se abrió las puertas a hacia otros mundos, se descendía a la morada de los muertos, a los infiernos. En este periodo se singularizan individuos no por sus capacidades en la cacería o por su fortaleza, algo fundamental para la sobrevivencia de la familia, sino por ser capaces de entrar en trance extático. Ocurre lo que Mircea Eliade6 llama una hierofanía, que no es otra cosa que una segregación radical, de valor otológico, entre un objeto cualquiera y la zona cósmica circundante: tal piedra, tal árbol o tal lugar, por el hecho mismo de que se revelan como sagrados… por haber sido, en cierto modo, escogidos” como receptáculo de una manifestación de los sagrado. Cualquier científico o lógico nos diría que este complejo de significantes no tiene ninguna extensión ni referente, y por ello podrían definirlo como privado de significado. De acuerdo a Umberto Ecco7, estos mensajes transmiten significados precisos que existen como unidades culturales dentro de una civilización. Al existir se convierten en soportes de un desarrollo connotativo e inician una gama de reacciones semánticas capaces de implicar reacciones de comportamiento. La civilización a que se refiera cuidará de elaborar las explicaciones y las definiciones de los términos. Cada definición es un nuevo mensaje lingüístico (o visual) que a su vez será explicado, en su significado propio.

El mundo de los enunciados simples debió haber terminado en este periodo. La presión cultural estimuló el desarrollo de capacidades cognitivas como la memoria, la atención, el lenguaje, y sobre todo, marcó el inicio del pensamiento abstracto, del cual se nutren todas las grandes religiones de nuestra época. Con las prácticas chamanicas el hombre cazador y recolector inició el desarrollo de un ejercicio consiente, con conocimiento, único en su época, que perdura hoy en forma de religión.        

 

1 Kinsbourne, M. (2000a). Inner speech and the inner life. Brain and Language, 71, 120–123.

2 Arbib, M.A., Rizzolatti, G., 1997. Neural expectations: a possible evolutionary path from manual skills to language. Communication and Cognition 29, 393–424.

3 Arbib MA., (2008), From grasp to language: Embodied concepts and the challenge of abstraction, Journal of Physiology–Paris 102:  4–20.

4 Arbib MA., (2005), From monkeylike action recognition to human language: An evolutionary framework for neurolinguistics, Behavioural and Brain Sciences 28, 105–167.

5Ibid, p 130140.

6 Eliade M., 1982, El Chamanismo y las Técnicas arcaicas del Extasis, FCE, México.

7 Ecco U., 2005,La estructura ausente, introducción a la semiótica, Debolsillo ed. Barcelona, España.

 

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