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Un paso hacia una genealogía de la medicina

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-06-27 04:00:00

 

Entre las disciplinas profesionales o artesanales más vinculadas a la religión–magia, superstición o empirismo está la medicina. En los orígenes de la evolución cultural del hombre paleolítico la atención a las dolencias estuvieron más relacionadas a las actividades, por así decirlo, “quirúrgicas”, más que a cualquier otra: extracción de proyectiles penetrantes, reducción de fracturas, traumatismos, amputaciones, coaptación de los bordes de las heridas. Las artes curativas en este periodo son difíciles de evidenciar, los restos óseos encontrados muestran rastros de enfermedades como osteosarcomas, gingivitis, caries, deformaciones óseas, desnutrición, sin embargo, en contadas ocasiones se puede apreciar la intervención en vida un especialista en curaciones. 

La evolución cognitiva, producto de la estimulación neurofisiológica del chamanismo, acrecentó el empleo de remedios curativos como la ingestión de hierbas. En el asentamiento de Monte Verde (Chile), fechado 15 mil años antes del presente, se detectó una cabaña que era una auténtica “farmacia”, en la que se localizaron 27 tipos distintos de plantas medicinales, algunas procedentes del área andina. También había restos de masas compactas de hierbas masticadas1. A diferencia de las curaciones como consecuencia de accidentes propios del estilo de vida que llevaban los cazadores–recolectores, el tratamiento herbario muestra un acervo cultural donde la experiencia se va acumulando en forma de conocimiento.

Estas actividades curativas representan dos formas diferentes de atender el infortunio. Mientras las dolencias son producto del azar, las que surgen dentro de situaciones que las hacen inmediatamente comprensibles, como las heridas en el curso de un combate, el empirismo las atiende y en muy poco participa la magia. Sin embargo, cuando las dolencias no son inmediatamente comprensibles (un dolor interno, cambio de la coloración de la piel, entre otras), las interpretaciones mágicas entran como consecuencia de las creencias sociales sobre el evento, lo que hace que se utilicen los amuletos así como el rito mágico–terapéutico. El empirismo y la magia se fueron fundiendo en una cosmovisión chamánica donde lo sobrenatural no es algo alejado de la vida diaria, sino más bien, parte de un todo.

El asentamiento poblacional en zonas de culto dio lugar al desarrollo de la civilización agraria. Lo que antes se llevaba a cabo al abrigo de las cuevas o en las cuevas mismas, ahora iba a ser reproducido en la arquitectura habitacional que posteriormente evolucionó en templos. Las dolencias se relacionaron al comportamiento del individuo y de esa forma fueron tratadas. El enfermo impuro, castigado por los dioses, poseído por un espíritu maligno, se le ve con el espanto que siempre produce “lo sagrado”, y por tanto como cosa sacra (res sacra), habitualmente en el sentido de cosa execrable (res execrabilis). De ahí que en ocasiones se le abandone en cualquier lugar del bosque (así entre los kubu, nómadas de Sumatra), se le mate (tribus de Nueva caledonia, záparos del ecuador, entre otros) o, lo que es más frecuente, se le someta a un rito mágico–terapéutico, cuya estructura depende de ese modo de entender su condición2.

Las artes curativas del paleolítico se entrelazaron con la cosmovisión neolítica dando formalidad al “medicine–men” (hombre–medico) del que habla M. Eliade3, el hombre con poderes especiales y conocimientos de cuestiones espirituales. Su función no era sólo curar o atender al doliente, mantenían vivas las costumbres, las explicaba y decidían sobre quién se realizaban los rituales y cuales. Como señala Lewis–Williams, “la “religión”, o como prefería decir Rousseau, el “teísmo”, fue el primer cimiento para la discriminación social que transcendió los criterios de edad, sexo y fuerza física”4. En un principio, en estos hombres recayó el poder de gobernar y de curar. No necesariamente se fundieron en una sola persona, dependiendo de las comunidad en cuestión el chamanismo o sus equivalentes religiosos fueron asumiendo el control político–religioso, y por consiguiente, la salud del afectado.

Aunque la cultura actúa como mediadora en todas las fases y experiencias de la conciencia humana, la gran cantidad de formas culturalmente específicas de tratar con, o de conceptualizar, la cambiante consciencia humana no son infinitas, como bien lo señala Lewis–Williams. Ciertas creencias y experiencias aparecen en religiones de todo el mudo. Los puntos en común no pueden ser explicados de ningún otro modo más que por el funcionamiento del sistema nervioso universal del ser humano5.

Las expresiones simbólicas del chamanismo pueden ser rastreadas hasta el origen del arte rupestre en cuevas al noroeste europeo, con aproximadamente 50 mil años de antigüedad. El desarrollo de estas prácticas es muy significativo ya que, la extensión y profundidad de algunas de estas cuevas llegan alcanzar hasta 2 kilómetros. Los iniciados bajaban a estas profundidades con lámparas de cebo o grasa, prácticamente en penumbras. La obscuridad y el silencio absoluto crean un ambiente ideal para la generación tanto de alucinaciones como sensaciones subjetivas que luego abrían de ser transformadas en explicaciones cosmológicas al resto de la comunidad. 

Cuando nos encontramos en un cuarto obscuro (o con los ojos cerrados) y en silencio podemos percibir la subjetividad del espacio. La sensación de nuestro propio cuerpo es una sensación de un cuerpo en el espacio. Al igual que percibimos los objetos en el espacio a través del sistema exteroceptivo (conjunto de receptores sensitivos formado por órganos terminales sensitivos especiales distribuidos por la piel y en otras partes del cuerpo), percibimos nuestro cuerpo en el espacio a través del sistema propioceptivo e interoceptivo (los estímulos sensoriales proceden del interior del cuerpo). Bajo estas condiciones existe verdaderamente una autopercepción estructural, en donde un punto de vista subjetivo confronta un grupo de estados corporales, incluyendo el si mismo, en un espacio concretamente geométrico6.

La especialización de la experiencia subjetiva es parcialmente independiente de nuestra interacción presente con el medio ambiente. La experiencia subjetiva del Yo en el espacio, unida a las alucinaciones del trance extático crea un estado anímico de totalidad imposible de diferencial de situaciones en donde no se ha alterado el estado de la consciencia. Las creencias compartidas sobre esas experiencias, en vez de visiones idiosincráticas de las mismas, se convierten en un rasgo de la sociedad: la gente desarrolla un conjunto de creencias compartidas y fundamentales sobre el mundo espiritual, el cual fue generado neurológicamente. La convicción de que los fenómenos naturales se hallan determinados por la acción de entidades–fuerzas del inframundo y la certidumbre de que la acción de estas entidades–fuerzas puede ser en alguna medida gobernada por el hombre mediante ritos o ceremonias especiales, cuya eficacia depende de la pura formalidad del rito mismo, del poder o la virtud especial del hombre que la práctica o del lugar donde se llevan a cabo, son la base de la medicina religiosa–mágica.

 

1Eiora JJ., 1994, Historia de la ciencia y de la técnica, ed AKAL, Madrid.

2Laín–Entralgo P., 1978, Historia de la medicina, ed Salvat, Barcelona.

3Eliade M., 1982, El Chamanismo y las Técnicas arcaicas del Extasis, FCE, México.

4Lewis–Williams D. 2005, La Mente en la Caverna, la conciencia y los orígenes del arte, ed Akal, Madrid.

5LewisWilliams D, Pearce D. 2009, dentro de la Mente Neolítica, ed Akal, Madrid.

6Krielgel U.  and Williford K, 2006, Self–representational aprproach to consciousness, ed MIT Press, chapter 18 Rudrauf D and Damasio A. p 459–60.

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