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Un paso hacia la genealogía de la conciencia

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-04-25 04:00:00

El acontecer subjetivo de la emoción, el sentir, el pensar y la expresión fenomenológica de padecer lo doloroso es propio de todo ser humano, incluyendo a los primeros Homo sapiens. Sin embargo, la expresión lingüística de esta experiencia fenoménica, como acto único, apercibimiento y reflexión de lo que ocurre, denominada conciencia de orden superior, es un hecho moderno. Si bien, en los primeros seres humanos la capacidad cerebral para la reflexión estaba puesta en pie, su contenido reflexivo se limitaba a su relación con la naturaleza.

El Homo sapiens sale de la era glaciar, aproximadamente 11 mil 500 años antes del presente (a.p.), en grupos familiares no mayores de 50 personas. Estos pequeños grupos se interrelacionaban entre sí manteniendo un intercambio de información, lo cual entre otras coas, servía para mantener una “conciencia gregaria”. De acuerdo a estudios antropológicos, estas comunidades pensaban que el cosmos estaba envuelto en redes de parentesco. Algo muy importante en las relaciones futuras, ya que el linaje y la parentela serán utilizados en adelante para mantener la unidad grupal y las jerarquías de poder. Su cosmos visión era de tipo totémico, en el cual se piensa que ciertas familias o linajes están emparentadas con especies animales concretas y pueden volver a la vida con forma animal, reflejando una idea de parentesco con el mundo animal1. Su mundo y sus vidas se mantenían unidos a la naturaleza, en una especie de religión–naturaleza.

El deshielo dio pie a lo que algunos historiadores llaman la “Revolución Neolítica”, la cual comenzó en la región del Creciente Fértil. Esta región histórica corresponde a parte de los territorios del Antiguo Egipto, el Levante mediterráneo, Mesopotamia y Persia. La zona occidental de los alrededores del río Jordán y al norte del Éufrates. La gran revolución consistió en apropiarse de la tierra, lo que antes se recogía para uso inmediato, ahora se produce y se almacena. El Homo sapiens intensificó el uso de su conocimiento (tecnificación) para extraer más recursos de una misma extensión de tierra, dando inicio a lo que a partir de ese momento será llamado agricultura.

Con la agricultura se alteraron los procesos naturales para beneficio de los humanos, lo cual equivale a interferir en los procesos ecológicos naturales. Al eliminar especies indeseadas (arrancar la malas hierbas), los agricultores crean deliberadamente paisajes artificiales en los que se obstaculizan los procesos reproductores que posibilitarían el regreso a la tierra a su estado primitivo. La tierra se limpia deliberadamente de multitud de especies y en consecuencia se mantiene por debajo de su nivel natural de productividad. En cambio, aumenta la productividad de de las especies favorecidas por los humanos, porque tiene más acceso a los nutrientes, al agua y a la luz solar2. Los daños ecológicos como la erosión y el agotamiento del suelo fueron resultos por vías artificiales.

El desarrollo agrícola trajo consigo la domesticación de plantas como la cebada, los guisantes, el trigo, el lino, los garbanzos, el maíz y otros; entre los animales el perro, el caballo, la cabra, las ovejas, la vaca y el cerdo entre otros, se incluyeron en la vida familiar, lo que trajo enfermedades epidémicas producto de infecciones virales, bacterianas trasmitidas de animales a humanos. Una de las domesticaciones más sorprendente de esa época, y que ha continuado a través de la historia, aún en nuestros días, fue la de la propia especie. El ser humano domesticó a otros seres humanos convirtiéndolos en esclavos. La conciencia gregaria y la unidad con la naturaleza se rompieron. Aparecieron las castas parasitarias: gobernantes, sacerdotes, administradores, soldados, que a cambio de la seguridad sobre el exente productivo reclaman un tributo, el cual en algunas ocasiones rebasaba el límite necesario para reproducirse el propio agricultor. El sentido de propiedad se enraíza en la comunidad.

Siete milenios después de la última glaciación surge el estado: estado–ciudad, el estado territorio o el estado–templo, variantes de una unidad político–administrativa. La aparición de los estados representó una transición fundamental de las relaciones personales al poder impersonal y del dominio sobre las cosas al dominio sobre las personas3. Las nuevas formas de poder se imponen por encima del nivel de la familia. La familia como unidad político–administrativa, por voluntad o por coerción cede su poder a la nueva estructura social.

El conocimiento que antes se codificaba  en leyendas, rituales, canciones, pinturas y bailes, ahora se guardará en la escritura, a través de agentes del poder especializados. La necesidad de tener bajo control los grandes almacenes de comida y otros recursos acumulados por el estado explica por qué aparecieron sistemas de escritura en zonas del mundo muy distantes entre sí, como Mesopotamia, Egipto, India septentrional, China y Mesoamérica, dentro de formación del estado. La escritura apareció como una forma de contabilidad y de dominio, no como un medio de registrar palabras habladas4. Junto a la escritura aparecieron las matemáticas y la astrología (astronomía), todas necesarias para el mantenimiento de las civilizaciones agrícolas. La necesidad de limitar el terreno, la construcción de canales y presas, el conocer las estaciones climáticas y la señalización marítima indujeron el desarrollo de representaciones simbólicas, que hoy son parte de fundamental de hoy que llamamos cultura. No podemos olvidar la geometría y el algebra que sirvieron para las mega–construcciones: las pirámides, los templos babilónicos, las cabezas olmecas, entre otros. La arquitectura monumental es símbolo e instrumento de poder.  

El Código de Hammurabi (3 mil 800 años a.p.) ejemplifica (por ser, probablemente, el primero) uno de los hechos más relevantes en la historia del desarrollo de la conciencia, sobre todo en lo concerniente a lo ético. Entre las expresiones simbólicas más excepcionales del ser humano se encuentran las leyes y los códigos que norman el comportamiento social del individuo, especialmente las escritas. La recopilación de las normas y costumbres de una población y su sucesiva transformación en un código o ley universal representó un hito en la historia de la humanidad. En términos prácticos significó establecer quién posee la autoridad–poder y de dónde emana éste, en este caso, de los dioses. En términos subjetivos significó, como toda ley, los límites entre el querer y el deber. A través de la ley originaria se sembró la semilla de la responsabilidad individual frente a sus actos. Esta ley entrará al cerebro con sangre, cada acto violatorio será sancionado de forma ejemplar para que una sociedad analfabeta aprenda la ley escrita. A partir de ese momento, quienes escriben las leyes tendrán en sus manos los cinceles y el martillo para moldear las sinapsis neuronales que posteriormente dirigirán el comportamiento del individuo de forma implícita, como aprender a correr bicicleta. La conciencia, con conocimiento, como su definición literal señala, es la percepción y apercibimiento de los actos ejecutados. Es por eso que la violación de ley más castigada es aquella que se comete con conocimiento de causa, esto es, con conciencia. 

Además de poseer el andamiaje neuronal para que emergiera la conciencia, en la construcción del sujeto, la historia del individuo cincela su arquitectura. Las bases genéticas del temperamento van cediendo ante los embates sociales que forman la personalidad. Los conocimientos reflexionados por el sujeto son los aprendidos, y este aprendizaje es social.

 

1Christian David, 2005, Mapas Del Tiempo, Introducción a la Gran Historia, ed Crítica, Barcelona, España. p 236.

2Ibid 296.

3Ibid 301, Giddens Anthony, 1985, The NationState and Violence, Vol 2 de, A Contemporary Critique of historical Materialism, Polity Press, Cambrige p. 7.

4Ibid 334, Giddens Anthony, 1985, The NationState and Violence, Vol 2 de, A Contemporary Critique of historical Materialism, Polity Press, Cambrige p. 9495.

 

 

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