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Mesoamérica y el concepto de voluntad

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-04-03 04:00:00

Mesoamérica

 

Partiendo del supuesto de que existe una base neuronal que sustente la actividad voluntaria en el ser humano, aunque ésta sea sólo para capacitarlo en el ejercicio de aprobar o vetar una acción, esta actividad neuronal sería necesaria pero no suficiente para que el individuo desarrolle actos voluntarios12. Al hablar de voluntad puede decirse que es la persona vista en su aspecto de agente, el Yo considerado como fuente de actos de los que no es solamente responsable ante otros, sino con los que se siente a sí mismo interiormente comprometido3. El experimentarse a sí mismo como un ser voluntario, como un sujeto de voluntad, significa conscientemente tomar en específico, una perspectiva individual en el mundo. En particular, significa generar una perspectiva en aquellos estados actuales o posibles del mundo que son percibidos o representados como poseedores de valor, como estados metas hacia donde el sistema como un todo se encuentra dirigido4. Por lo tanto, aquellas decisiones que se tomen inconscientemente no serían voluntarias, ni aquellas que se toman por contingencia o por necesidad. Tampoco lo serían aquellas decisiones coaccionadas o inducidas por una entidad externa. Por lo que, la individualidad y la percepción del agente como ente individual se convierte en un requisito sine qua non para que el sujeto pueda ejercitar actos voluntarios.  

Traduciendo esto a la vida cotidiana, el sujeto de voluntad posee la noción de naturaleza humana y mantiene, sino una separación, por lo menos una sana distancia entre lo divino y lo humano. Sus actos son producto de sus decisiones–elección y no de la voluntad de dios o de cualquier otro ente sobrenatural, ya que para que haya voluntad se requiere que las acciones del individuo sean planificadas, controladas y moduladas por las necesidades, motivos y deseos del agente. En esto consiste que la voluntad sea un producto histórico con un fuerte carácter social. Este tipo de acciones individuales no siempre han podido ser llevadas por el agente. El individuo requiere ser “libre” para que exista la voluntad. El concepto libre vinculado a la voluntad exige un análisis profundo, por tal motivo sólo se mencionará y será tema de otro artículo.

Tomemos, por ejemplo, las comunidades originarias de Mesoamérica, en las que las actividades religiosas predominaron por encima de cualquier otra actividad intelectual. Por milenios, la religión en Mesoamérica fue un estilo de vida, donde los mitos y las formas se fusión con el pensamiento y el entorno. Esta práctica no debe entenderse como un sentimiento religioso, sino una cosmovisión regional. Los procesos simbólicos estuvieron limitados por las propias características de las abstracciones espaciales y temporales. El espacio se refirió a elementos heterogéneos como el sol, la luna, los montes, los árboles, el maíz, entre otros), por lo que estos elementos simbolizaron conceptos. En la vida mesoamericana esto se tradujo en incapacidad para diferenciar entre los elementos simbólicos y la realidad. Es evidente que en estas comunidades la división entre lo divino o entes etéreos y lo humano no existió.

Los olmecas y los mayas utilizaron la observación directa del cosmos, miraron el firmamento, ubicaron las estrellas y los astros en un lugar específico, cuantificaron sus cambios y sus repeticiones. En su intento por conocer todos los elementos que afectan la vida, observaron el amanecer y el atardecer, lo que les permitió dividir el firmamento y el espacio físico en cuadrantes. Las matemáticas les sirvieron a los pioneros de la escritura en Mesoamérica para desarrollar un calendario que les permitiría medir el tiempo, lo que a su vez abrió las puertas para conocer no sólo los eventos astronómicos futuros sino calcular los eventos históricos pasados. La hermenéutica de este conocimiento objetivo llevó a los mayas a la especulación metafísica del determinismo y de la fatalidad. Los postulados de la mesoamericana encierran las siguientes ideas: los movimientos ciclos se repiten, por lo que la historia se repite, todo es un continuo con un comienzo y un fin (inmortalidad pero no eternidad). El conocimiento fáctico del universo, hechos astronómicos–matemáticos a la fecha irrefutable, sostiene una filosofía determinista–fatalista. Sus vidas, pues, estaban marcadas por el día del nacimiento, de ahí que el estudiar el calendario permitía conocer los dioses que intervendrían en la vida del individuo y su relación entro lo fasto y lo nefasto de su calendario.  

De acuerdo a Rivera–Arrizabalaga5, la adquisición del concepto del Yo, tanto social como individual, así como de las abstracciones mentales que facilitan el control y uso de la experiencia vivida, permiten que toda información tenga un cierto ordenamiento, requisito necesario para que pueda ser utilizada. La forma en que este proceso tiene lugar, es a través de dos ejes o parámetros básicos de ordenamiento de la realidad como son el espacio y el tiempo, los cuales no son realidades dadas, sino abstracciones que nuestra percepción deduce de los hechos observables en la realidad cotidiana.

La abstracción de tiempo–espacio que los olmecas–mayas elaboraron a partir del conocimiento astronómico fue un “eterno presente”. Al deificar el tiempo éste dejó de representar lo transcurrido y pasó a ser el presente, los dioses son siempre “en presente”. En el eterno presente, los mismos acontecimientos o fenómenos se suceden sin cesar en el mismo orden, dentro de un proceso de nacimiento, muerte y renacimiento, o creación, destrucción y recreación. Esta concepción del universo mantuvo una individualidad que no estaba limitada ni definida debido a que no se era consciente de ella y su vida no tiene un seguro principio ni un bien marcado, dado que no concibe la vida del Yo desligado de sus infinitas prolongaciones6.

El tiempo materializado como objeto medible, el cual “los dioses cargan sobre la espalda utilizando un mecapal apoyado en la frente”, día–dioses, es el que interviene en las acciones individuales y colectivas. El individuo negocia con las entidades deificadas para evitar cualquier calamidad. La filosofía determinista–fatalista mesoamericana, con el cual es hoy una filosofía de vida, se encuentra fuertemente arraigada en toda la región. El concepto astronómico de la repetición rítmica de los ciclos y orbitas se tradujo en la concepción de la repetición de la historia. Por ejemplo, de acuerdo al calendario cada 52 años (tiempo simbólico equivalentemente a un siglo nuestro) ocurre un cataclismo que termina con la vida, para cualquiera, la pregunta inmediata es cómo poder evitarlo. Los dioses, que son los mismos que las fuerzas que lo producen, son los únicos que pueden contrarrestarlo. ¿Cuál es el precio? El sacrifico. ¿Cuál es el sacrifico a ofrecer? La vida por la vida. El sacrifico humano es el precio por cambiar lo fatal y lo determinado.

En Mesoamérica la construcción de un sujeto de voluntad tuvo que esperar todavía varios siglos después de la conquista. Jamás existieron prácticas como las que Michel Foucault llama técnicas del Yo: conocimiento de sí, cuidado de sí y dominio de sí, a no ser por la búsqueda de la salvación cristiana. El oscurantismo medieval, donde el Yo es renunciado en aras de la salvación y la toma de decisiones se somete a las autoridades tanto eclesiásticas como a las sobrenaturales, se extendió por lo menos hasta mediados del siglo XIX. Aun en muy pocos sectores dominantes se pudieron observar las ansias de libertad. Siempre recordamos que esto son eventos que ocurren primero en las clases dominantes y posteriormente se comparten con la masa, como ocurrió después de la Revolución de 1910. Obviamente, son los sujetos de voluntad los que encabezan los cambios sociales y a ellos se adhieren las masas permitiendo socializar el cambio. Al día de hoy son muchos los que piensas que sus actos son dirigidos por la voluntad de dios, argumento comúnmente utilizado por los grandes dictadores cuando a sí mismos se llaman “el brazo de dios” al poner orden en un pueblo en rebelión.

 

1Zoltan Torey, The crucible of consciousness, 2009, First MIT Press Edition, Cambridge, MA, USA, p 147154.

2B. Libet, C. A. Gleason, E. W. Wright, and D. K. Pearl, Time of conscious intention to act in relation to onset of cerebral activity (readiness potential): The of conscious intention of a freely voluntary act, Brain 103: 62342.

3Vernant JP., VidalNaquet P., (2002) Mito y Tragedia en la Grecia Antigua, ed. Paidós, Barcelona, Vol I pp. 45.

4Metzinger T., (2006), Disorders of Volition ed Natalie Sebanz and Wolfgang Prinz, Chap 2, Counscious Volition and Mental Representation: Toward a More FineGrained Analysis, MIT Press, MASS.

5RiveraArrizabalaga A., (2009) Arqueología del lenguaje, ed Akal, Barcelona.

6Castiglioni A., primer reimpresión 1981, Encantamiento y Magia, ed. FCE, México.

 

 

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