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Los catalizadores psíquicos de la visión chamánica

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-05-23 04:00:00

Como parte de las técnicas para obtener el trance
extático está el utilizar drogas que actúan
sobre el sistema nervios, como el peyote

He señalado anteriormente que las prácticas chamánicas de las sociedades de cazadores y recolectores, en la época del paleolítico superior, marcaron el inicio del pensamiento abstracto, del cual se han nutrido todas las grandes religiones de nuestra época. Sin embargo, no creo correcto identificar a éstas como actos religiosos o espirituales, más bien los considero catalizadores cognitivos. Las técnicas para alcanzar el trance extático no son rituales de sacrificios ni invocaciones a dioses o a espíritus, son ejercicios que estimulan el sistema nervioso llevándolo a un estado donde las visiones y las alucinaciones se entremezclan con el conocimiento cultural del individuo. Las actividad o comportamientos cognitivo de hace 50 mil años atrás tuvieron que ser de carácter creativo o de descubrimiento ya que, carecían de las explicaciones teórico–conceptuales propia de nuestra época. Ninguno de los conceptos modernos relacionados a la espiritualidad o a religión existía en ese momento.

De acuerdo a Francisco J. Rubia1, existen dos técnicas para alcanzar la experiencia del éxtasis. Aunque, algunos autores dividen las técnicas en personales, donde el individuo  por ejemplo, utiliza la meditación, o colectivas, como pueden ser las danzas o ceremonias, donde el individuo entra en éxtasis acompañado por otros. Rubia prefiere dividirlas en pasivas y activas. Entre las técnicas pasivas está la privación de alimentos mediante ayunos prolongados, con y sin flagelación, en algunos casos se llega al estado de anorexia. Es muy común utilizar la privación del sueño para entrar en el trance extático. Experimentos realizados en humanos han demostrado que la privación del sueño al cabo de tres o cuatro días produce en los sujetos síntomas psicóticos con delirios y alucinaciones. Otra manera de provocar estados alterados de conciencia es la llamada privación sensorial, es decir, la privación de estímulos del entorno, que los sujetos consiguen retirándose a las montañas, al bosque, al desierto, a una cueva o la celda de un monasterio. Experimentos en humanos demuestran que esta técnica produce despersonalización, trastornos de la imagen corporal y alucinaciones, entre otros. Entre estas técnicas también se encuentra la de manipular la propia respiración.

Las técnicas activas tienden a estimular el sistema nervioso simpático, aunque el efecto final es igual. Esto ocurre, por ejemplo, con la danza, donde los adeptos son “poseídos” por la divinidad. Generalmente estas danzas van acompañadas de otros estímulos que también ayudan alcanzar el éxtasis, como el sonido rítmico de tambores y otros instrumentos de percusión y la música. Se ha demostrado que el sonido rítmico de los tambores es capaz de modificar la actividad eléctrica cerebral, al igual que lo hace la estimulación visual repetida, que puede incluso provocar un ataque epiléptico en determinadas personas.

Como vemos, las visiones pueden suscitarse de múltiples maneras. El ayuno prolongado, la fatiga, la falta de sueño, la fiebre y la enfermedad, la repetición de sonidos monótonos (el tambor), la danza frenética y la concentración intensa son susceptibles de inducir estados de trance, así como la privación sensorial, es decir, la ausencia o disminución de estímulos exteriores. Así pues, una persona que busque una visión se dirigirá a un desierto o a un lugar especialmente aislado y permanecerá allí durante largo tiempo hasta que le llegue la visión2.

Como parte de las técnicas para obtener eltrance extático está el utilizar drogas que actúan sobre el sistema nervioso. A las drogas que generan estados alterados de la conciencia se les ha llamado alucinógenas, por producir alucinaciones, enteógenas (que significa “dios dentro de nosotros”) o psicomiméticas, por el parecido de sus efectos con los síntomas psicóticos. Entre ellas están: las fenilalquilaminas (mezcalina, sustancia activa del peyote), los derivados del ácido lisérico (el LSD), los indoles (psilocibina en los hongos manos), los canabinoides (la mariguana), los derivados de la familia de plantas solanáceas, otros como el hongo Amanita muscarina. Estas drogas pueden aumentar la intensidad de las percepciones, visuales o auditivas, los colores pueden parecer mucho más vivos y los objetos más plásticos. Se producen alucinaciones visuales, auditivas, olfativas, síntomas de despersonalización o des–realización, modificaciones de la imagen corporal, separación del ego del resto del mundo, visones sagradas de la realidad, experiencias místicas, alegrías y bienestares profundos, también puede haber visones apocalípticas, torturas y crueldades, muertes, sentimientos paranoides, miedo y pavor3.

Las investigaciones neuropsicológicas, llevadas a cabo en laboratorios, han demostrado que se pueden distinguir tres grandes etapas en la ruta hacia el trance extático4. Aunque, esto no quiere decir que necesariamente hay que transitar por cada una de las ellas para entran en trance extático. La primera etapa una vez iniciadas las técnicas, según Lewy–Willam y Dowson, es ver formas geométricas tales como puntos, zigzags, parrillas, conjuntos de líneas o curvas paralelas entre sí y de meandros. Estas formas tienen unos colores vivos que centellean, se mueven, se alargan, se contraen y se entremezclan. Este tipo de “visiones” se conocen como fosfenos. En el segundo estado, los chamanes se esfuerzan por racionalizar sus percepciones geométricas. Se alcanza el tercer estadio por medio de un torbellino o de un túnel. El individuo se siente atraído por el torbellino, al final del cual se ve una luz viva. En esta etapa el chaman observa sus primeras verdaderas alucinaciones en forma de personas, animales u otros elementos. Cuando sale del final del túnel se encuentra en el extraño mundo del trance: los monstruos, los humanos, y el entorno son intensamente reales, las imágenes geométricas están siempre allí, pero sobre todo en las periferias de las figuras.

Aunque estos estadios son universales, ya que son parte integral del sistema nervioso humano, los significados atribuidos a las formas geométricas del Estado 1, los objetos transformados del Estado 2 y las alucinaciones del Estado 3, están todos condicionados por la cultura. La alucinación es el resultado de las expectativas de quien la practica5. El contenido de las visiones, tal como sabemos, es variable. Depende de tres factores principales: la personalidad y la vida de quien la percibe; su cultura, susceptible de condicionar considerablemente la alucinación cuando eltrance es objeto de un largo aprendizaje, como es el caso en las sociedades chamánicas; y las constantes neurofisiológicas6.

Llamar a las práctica chamánicas del paleolítico superior religión o espiritualidad, pienso yo, es un abuso antropológico. El término religión proviene del latín, religio derivada del verbo relegere, releer, o del verbo religare, que significa “unir”, “atar”, ninguno de los dos tiene más de 2 mil años. Esto no quita que el desarrollo cultural de la civilización agraria haya tomado las prácticas chamánicas y su cosmos visión y las haya transformado en rituales de negociación con divinidades y muertos.

Umberto Ecco señala: la cultura existe precisamente porque se hace reconocible en una lengua, y en este caso, la única expresión simbólica que nos permite reconocer esa cultura es el arte rupestre. En ella no se ven dioses ni espíritus, tampoco se observan sacrificios o plegarias, sino animales y teriántropos, que nos pueden parecer sobre naturales, pero en el  mundo recién descubierto pueden ser una forma más de existir. La cultura que tomaba forma en las sociedades de cazadores y recolectores utilizó las prácticas chamánicas para intensificar las capacidades cognitivas incipientes de sus integrantes como forma de conocer y relacionarse con su mundo. 

 

1Rubia FJ., 2004, La conexión divina, Crítica ed. Barcelona.

2Clottes, Jean y Lewis–Williams, David (2001). Los chamanes de la Prehistoria. Ariel, Barcelona.

3Ibid, Rubia.

4Lewis–Williams, J.D. and Dowson, T.A., 1988. The signs of all times: entoptic phenomena in Upper Palaeolithic art. Current Ahropology, 29, (2): 201–245.

5Ibid.

6Clottes Jean, (2003). “Chamanismo en el paleolítico europeo” (en español). Consultado el 19, 06 de 2012.

 

 

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