Logo de La Jornada de Oriente
Cargando...

La homosexualidad y su bifurcación histórica en la cristiandad

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-03-06 04:00:00

 

La sexualidad es algo innato, biológico, que se expresa en un contexto histórico y en una sociedad determinada. Esta relación biológico–social es la que hace que un individuo determinado reaccione de forma diferente a estímulos similares bajo contextos históricos diversos. Es por esto que se habla de la construcción social de la sexualidad, aunque el relativismo constructivista niega una realidad existente. Las sociedades construyen su visión particular de un determinado fenómeno en momentos de bifurcaciones históricas. El cristianismo y la caída del Imperio Romano son dos fenómenos históricos que transformaron la forma de ver el mundo y con ello la sexualidad del ser humano. En nuestro análisis nos limitaremos a la cultura emanada de Grecia y Roma que es la que se difunde en las Américas a partir de la conquista europea sobre este territorio.

El cristianismo surge bojo el reinado del emperador Tiberio, heredero de Augusto, y dentro del periodo de gestión del procurador de Judea, Poncio Pilato. El término cristianismo, proviene del griego ΧριστόςChristós, Cristo, literalmente Ungido. Su comienzo se atribuye a las enseñanzas de Jesús de Nazaret, según lo presentado en el canon bíblico y otras escrituras del Nuevo Testamento. Tanto Jesús de Nazaret como sus primeros discípulos y seguidores fueron judíos. El cristianismo, pues, se constituyó a partir de un núcleo pequeño de judíos que utilizaban las escrituras sagradas hebreas como fuente doctrinal, el Tanaj, lo que hoy se conoce como el Antiguo Testamento. Sus doctrinas eran fundamentalmente judías. No es hasta la llegada de Pablo de Tarso (actual Turquía centromeridional), conocido como el apóstol san Pablo, que la doctrina fundamentalista judía comenzó a ser abiertamente cuestionada y se inicia el proselitismo hacia el resto del mundo (los gentiles).

Los primeros dos siglos del cristianismo se caracterizaron por la promulgación de sus doctrinas y de la incorporación de gente inculta proveniente de los estratos más bajos de la sociedad. Durante este periodo hubo un fuerte rechazo a la filosofía griega. Sin embargo, en el siglo siguiente, con los apologistas y pedagogos cristianos se inicia el helenismo de la iglesia cristiana el cual se verá florecer en siglos IV y V y en la cultura bizantina. Uno de los principales exponentes de este proceder fue Clemente de Alejandría, el cual hace un uso masivo de la literatura pagana, que de este modo entra a formar parte de la literatura cristiana y encuentra en ella un apoyo para sus teorías. Una de las filosofías que más influyó en Clemente fue el estoicismo, mismo que toma un carácter de doctrina moral que hasta el día de hoy sigue influyendo. Las prohibiciones y tabúes judíocristianos fueron reeditados con el discurso estoico, haciéndolo extensivo a los sectores de la clase alta de Alejandría y de Roma. Las grandes obsesiones prohibitivas cristianas: el placer, el “sentir de la carne”, la concupiscencia, la sexualidad, fueron el blanco de los líderes religiosos. Por siglos estos han dirigido toda su artillería sobre estos “pecados”. 

Entre los romanos y los griegos que circundantes a la era cristiana (antes y después) la sexualidad era parte de la vida, sus diferentes expresiones no se prohibían sino se regulan de acuerdo al beneficio social y las reflexiones moralizantes. En el caso de los griegos la sexualidad se hizo extensiva a la educación. Según Eva Cantarella1, los griegos y los romanos, más allá de las profundas diferencias entre las dos culturas, vivían las relaciones entre hombres de un modo diferente del que los hacen (obviamente salvo excepciones), los que hacen hoy una elección de tipo homosexual: para griegos y romanos la homosexualidad no era una elección exclusiva. Amar a otro hombre no era una opción fuera de la norma, distinta, de alguna manera desviada. Era solamente una parte de la experiencia vital: era la manifestación de una pulsión sea sentimental, sea sexual que a lo largo de la existencia se alternaba complementaba (quizás al mismo tiempo) con el amor por una mujer.

La sexualidad es una experiencia vital que marca la vida de todas las sociedades. Los diversos actores sociales que ejercen dominio van armando el andamiaje social donde la sexualidad parte constitutiva. Como bien explica Cantarella, en Atenas, donde la homosexualidad es abiertamente pederasta, el amor entre un adulto y un muchacho ocupa un una posición relevante en la formación moral y política de los jóvenes. El lugar privilegiado del amor, la expresión de los sentimientos más elevados, la posibilidad de manifestar la parte más noble de uno mismo se buscaba en la relación entre hombres.

Entre los romanos la ética sexual era completamente distinta de la que inspiraba a la pederastia helénica. Cantarella señala, que la relación homosexual en Roma no desarrollaba la función formativa del joven varón que le estaba confiada en Grecia; el compañero “pasivo” de la relación, por lo menos según la regla, no era un muchacho libre, sino uno esclavo. El joven romano era educado desde la más tierna edad para ser un conquistador: tu regere imperio populos, romane, memento (Tú, romano, atiende a gobernar con autoridad a los pueblos)2. Imponer la propia voluntad, someter a todos, dominar al mundo: esta es la regla vital del romano. Y su ética sexual no era otra cosa que un aspecto de su ética política. Para satisfacer y demostrar a los demás su sexualidad exuberante y victoriosa, debía someter también a los hombres. 

Sin embargo, esta regla de dominio no perduró hasta la ciada del imperio romano. Mucho antes, las relaciones homosexuales dejaron de ser una expresión de opresión social y sexual y se fue transformando en manifestaciones de amores románticos. La clase dominante fue abandonando la regla de oro según la cual los adultos debían adoptar siempre y exclusivamente el papel activo. Para el siglo III diversas constituciones imperiales comienzan a establecer sanciones cada vez más severas, primero con respecto a los homosexuales pasivos y luego también contra los activos. Ya en esta época el cristianismo no era la religión de los incultos y de bajo estrato social. Los creyentes eran parte del imperio y gobernaban el imperio, como pudo verse en el siglo IV con la conversión de Constantino.

El imperio romano tiene un nuevo dios y ese dios vino armado de los textos selectos de los mejores filósofos griegos y romanos. El eclecticismo cristiano se fue imponiendo por en sima de todo logos, ya no había ciencia sino “fe”. Se hablaba inclusive de que Homero profetizaba sin saberlo, la homosexualidad de Sócrates, Platón y Aristóteles fue omitida y se mantiene omitida, podríamos decir, hasta el día de hoy. El imperio romano comenzó a deshelenizarse, ya para el siglo III eran muy pocas las personas que podían leer un texto griego. San Agustín se convierte en el mejor exponente de esa nueva moral asceta, donde el cuerpo no tiene valor y donde las relaciones sexuales fueron degradadas al uso exclusivo de la procreación.         

El mundo greco–romano cambió de tal forma que la higiene pasó a un plano inferior. Los cristianos comenzaron abandonar las prácticas higiénicas, debido a la idea que tenían de que todo lo que se relacionara con desnudez y las relaciones sexuales eran concupiscencia, y por lo tanto era pecado. Las prácticas higiénicas romanas fuero abandonas por su carácter pecaminoso. Las vestiduras pesadas y múltiples, substituyeron las finas telas que arropaban a los latinos, las que se hicieron propicias al desaseo y a que se prohijaran la anidación de diferentes tipos de parásitos que propagaron los padecimientos infectocontagiosos3. El mundo greco–romano cambió de rumbo y con ella su sexualidad. Se abrió paso al abandono del cuerpo, al morbo impúdico, a la tortura y a la persecución. Bienvenida nuestra era cristiana.    

 

1Cantarella E., 1988, Según Natura, La Bisexualidad en el Mundo Antiguo, ed AKAL Universitaria, Madrid, pp 9.

2Ibid pp 12, (Eneida, VI, 847–853).

3Barquin M., (2009) Historia de la Medicina, octava edición, ed Memendez, México pp 172.

 

 

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico

[email protected]

Share
La Jornada
Nacional Michoacan
Aguascalientes Guerrero
San Luis Veracruz
Jalisco Morelos
Zacatecas  
Tematicas
Defraudados Izquierda
AMLO Precandidatos 2012
Servicios Generales
Publicidad
Contacto
© Derechos Reservados, 2013. Sierra Nevada Comunicaciones S.A. de C.V.