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La experiencia espacial y el conocimiento olmeca

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-01-16 04:00:00

 

En las últimas décadas se ha incrementado el conocimiento sobre la evolución histórica de los grupos originarios mesoamericanos, lo que ha permitido contar con piezas claves para la comprensión de global de la región. Las investigaciones de Michael Blake, Mary E. Pye y en especial de John E. Clark han dado luz sobre el origen y la dinámica social de varias comunidades originarias. Ellos han identificado la región de Mazatán, ubicada en la zona agrícola más productiva de Chiapas, al sur del Soconusco, como el lugar de asentamiento de la cultura más antigua de Mesoamérica. Debido a su ubicación geográfica y al mosaico de ecosistemas circundantes, esta región constituyó un corredor migratorio que sirvió como caldero de integración cultural.

La ocupación prehistórica de esta región comienza aproximadamente 4,000 años a.P., durante la fase que los arqueólogos denominan “Chantuto”, en el periodo arcaico. Probablemente esta zona sirvió como asentamiento estacional de grupos nómadas, cazadores–pescadores–recolectores1. De acuerdo a Voorhies, la gente de Chantuto estuvo vinculada por intercambio comercial y social con los Altos de Guatemala, de donde obtenían obsidiana. La distribución de este vidrio volcánico entre los diferentes grupos que habitaban la zona ha servido como evidencia de la integración económica de la región.    

Al investigar las comunidades originarias el registro de las actividades religiosas por lo general se documente con la identificación de ídolos, tumbas o centros ceremoniales. Sin embargo, en la región de Mazatán lo que se encuentra es una cerámica de calidad excepcional. Además de la calidad y la elegancia de estas vasijas su forma es diferente a las que se relacionan con la cocción o la alimentación, las de Mazatán se usan para almacenar o beber líquido. De acuerdo a Clark y Blake2, esto va de la mano con el consumo de maíz, ya que en esa época este vegetal se usó muy poco como alimento de subsistencia. Ellos sugieren que el maíz fue traído a la zona como ingrediente principal de una bebida especial que tenía gran valor en rituales así como en comidas rituales y políticas. Esta bebida es algo parecido a la chicha o un ingrediente con chocolate como el pinole. El uso especial del maíz como bebida alcohólica como parte de las ceremonias y actividades político–religiosas va sentando las bases para la constitución de la cosmología mesoamericana. Durante este periodo las prácticas religiosas heredadas de los antepasados van entrelazándose con las prácticas de gobierno. La capacidad predictiva así como la curativa que poseen los ejecutores religiosos refuerza su prestigio social, el cual van a vincular con el poder político. Esta es la semilla del ejercicio político–religioso–militar que milenios después se utilizará para sojuzgar y mantener imperios en Mesoamérica.

La diferenciación social en las comunidades de cazadores y recolectores no comenzó con la apropiación de los medios de producción por un grupo pequeño, como podríamos interpretar aplicando el análisis lineal de la historia, ya que estos no existían. La división del trabajo, fuera de la establecida por sexo o edad, comenzó entre quienes podían conocer la voluntad de los dioses y la de los que no. Numerosos etnólogos han señalado que entre los cazadores–recolectores el chamanismo es el sistema de religión más frecuente3. De acuerdo a Clottes y Lewis–Williams, esto no significa que otras culturas que tengan economías diferentes no puedan ser chamánicas, ni que los cazadores–recolectores tengan siempre y obligatoriamente prácticas chamanicas. El chamán desempeñó un papel destacado en la mayoría de los grupos–familiares, como intermediario entre los hombres y los “dioses” y como poseedor de conocimientos superiores a los del resto del grupo. Es por esto que las experiencias “chamanicas” dieron pie a la primera diferenciación social. En un momento dado un grupo de personas dentro de una comunidad más amplia se apodera de las experiencias de los estados alterados de la conciencia y se aparta de aquellos que, por las razones que fueran, no tenían esas experiencias. Lo que podríamos llamar experiencias místicas o en último de los casos trances estáticos, se convierte en el coto vedado de aquellos que dominaron las técnicas necesarias para acceder a visiones4. El espectro de la conciencia humana se convierte así en un instrumento de discriminación social, no el único, pero sí en uno importante.

Los concheros o “chantutos” al poblar la zona de Soconusco, específicamente la región de Mazatán forman los que Clark y Blake denominan la cultura “Mokaya”, (gente del maíz, de mok= “maíz” en mixe y haya= “gente” en zoque). La Mokaya, además de ser de las comunidades originarias más antiguas de Mesoamérica, parece que fueron buenos consumidores del licor del maíz. De acuerdo a estos autores, los mokaya, hablantes de lenguas mixe–zoque, durante la fase arqueológica Lacona (1,650–15,000 a.P.) entraron a la zona costera del Golfo formando la cultura Olmeca. En su movimiento por el interior de Mesoamérica, los mokaya entraron a una región poblada dispersamente por grupos proto–maya. Esta intrusión dividió el grupo maya en dos, donde el que se dirigió hacia el norte se conformó en el grupo huasteco. Los de la zona de Mazatán mantuvieron sus grupos de cacicazgos simples con una aldea central y varias más pequeñas sojuzgadas a la central. Este es un modelo de control político que se irá perfeccionando con los siglos y servirá para gobernar vastas zonas territoriales. El grupo del Golfo, los olmecas, continuaron su intercambio comercial con los mokaya del Pacífico pero extendieron sus relaciones comerciales, culturales y políticas con grupos mayas del norte y sur, con los grupos hablantes del otomangue al norte y oeste, particularmente en los valles de Oaxaca, Tehuacán y Guerrero. Paralelo al desarrollo económico los olmecas irán consolidado el ejercicio político–religioso–militar donde integrarán en una sola cosmovisión sus conocimientos matemáticos, astronómicos, artísticos y lingüísticos.      

El análisis lingüístico olmeca confirma el origen territorial de esta cultura. Desde la publicación de Lyle Campbell y Terrence Kaufman5 se cristalizó, de forma contundente y aceptable entre la comunidad científica, la hipótesis de que los olmecas hablaron una lengua de filiación mixe–zoque. Alfonso Lacadena García–Gallo6 sintetiza las líneas argumentativas de ambos autores señalando que: la propuesta de ellos se basa en primer lugar en que, la zona geográfica considerada como zona nuclear de la cultura olmeca coincidía con la región donde desde tiempos etnohistóricos se hablaban las lenguas de la familia mixe–zoque, que formaban un grupo espacialmente compacto en la región del Istmo de Tehuantepec, desde la Costa del Golfo hasta el océano Pacífico. Además de que, la profundidad temporal de 35 siglos que las estimaciones glotocronológicas asignaba a esta familia coincidía con el surgimiento de la civilización olmeca a finales del Formativo temprano o comienzos del Formativo medio. En segundo lugar las lenguas mixe–zoques habían prestado numerosos vocablos a otras lenguas mesoamericanas, incluso a lenguas muy distantes geográficamente. Algunos vocablos se referían a objetos y actividades económicas, intelectuales y rituales que se encontraban en la misma base de la tradición cultural mesoamericana compartida, era de suponer que la lengua de los olmecas, considerados en muchos aspectos iniciadores y difusores de la tradición cultural mesoamericana, dejara huella en las lenguas de los pueblos con que directa o indirectamente estuvieron en contacto y participaron del mismo universo cultural. En tercer lugar, las características culturales que se podían deducir del vocabulario reconstruible para el protomixe–zoque coincidían con la cultura material recuperada de los olmecas arqueológicos.

De acuerdo a Clark y Blake, la cultura olmeca fue la primera cultura mestiza de Mesoamérica, una cultura que combinaba lo mejor de todos sus vecinos mayas, otomangues y mixe–zoques. Según los autores, los olmecas no fueron tanto la cultura madre, sino más bien la primera gran cultura mestiza de Mesoamérica. El genio de la cultura olmeca consistió en su manera de incorporar las varias tradiciones de sus múltiples raíces. En este sentido, continúan los autores, podemos considerarla como un desarrollo local o indígena de las tierras del Golfo. Sus expresiones culturales propias pueden datan del año 1,300 a. P. Se localizada en una pequeña comarca entre los ríos Coatzacoalcos y Chiquito, en la zona de San Lorenzo al sureste del estado de Veracruz, El complejo San Lorenzo está formado por tres sitios conocidos como San Lorenzo, Tenochtitlán (no debe confundirse con la capital mexica) y Potrero Nuevo.

 

1Voorhies, B., (1976) The Chantuto people: An Archaic period society of the Chiapas littoral, Mexico. Papers of the New World Archaeological Foundation 41.

2Clark J., Blake M. El origen de la civilización en Mesoamérica, los Olmecas y Mokaya de Chiapas, México, El preclásico o formativo, avances y perspectiva, Seminario de Arqueología Dr. Roman Piña Chan, INHA.

3Perrin, M (1955): Le Chamanisme. Paris, PUF, coll “Que saisje?: p. 92–93 (Tomado de Jean Clottes y David Lewis Williams, ( 2010) Los Chamanes de la Prehistoria, Ariel, España, p 152153).

4Lewis–Williams D. (2009) Dentro de la mente neolítica, ed Akal, Madrid.

5Campbell, L., and T. Kaufman (1976), “A Linguistic Look at the Olmecs”, American Antiquity, 41.

6Uriarte MT., González Lauck RB., 2008, Olmeca, Balance y perspectiva Memoria de la Primera Mesa Redonda, Lacadena García–Gallo A. La escritura Olmeca y la hipótesis del mixe–zoque: implicaciones lingüísticas de un análisis estructural del monumento 13 de la Venta, Tomo II, p 607, impresión UNAM, México.

 

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