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El cine y la teoría de la mente

Por: Rafael H. Pagán Santini

2013-03-20 04:00:00

La base de la cultura es el comportamiento con significado, el cual se expresa con representaciones tanto físicas como simbólicas. La cultura se va generando por los actos con significado los cuales son comprendidos por el otro. Los gestos, los sonidos, las marcas y los colores, que posteriormente se transformaron en lenguaje y escritura, hablan del por qué tienen significado para los interlocutores. La identificación del código o del símbolo utilizado, así como la comprensión de estos, sienta las bases para la comunicación, ya sea escrita o hablada. La evolución que llevó a la aparición del hombre moderno debió compartir la condición sine qua non de toda forma de comunicación, es decir, la condición de paridad, según la cual emisor y destinatario no pueden por menos de compartir la comprensión de lo que cuenta.

En la actualidad, la industria del cine y la televisión son unas de las más prosperas en los medios de la comunicación a nivel mundial. Sin importar el género, desde las infantiles hasta las pornográficas, todas las películas tienen un público ávido y entusiasta. Podríamos pensar que el éxito se deba a la alta tecnología invertida en ellas, sobre todo por los efectos especiales, la alta definición o la recién reinaugurada tridimensionalidad, sin embargo, el cine mudo, en blanco y negro, produjo la misma atracción. Históricamente, la técnica cinematográfica la han usado ampliamente tanto los grupos facciosos ideológicos como los centros educativos. La realidad es que las filmaciones están hechas para atraer nuestra atención, sobre todo si en ella hay acontecimientos emotivos. 

La industria cinematográfica se ha favorecido por los descubrimientos neurocientíficos. Uno de los descubrimientos más influyentes es el conocer que cuando observamos individuos las áreas del cerebro que originalmente se pensaba estaban reservadas para el control de nuestras acciones y de nuestras emociones se activa como se estuviéramos ejecutando la acción que observamos. Lo que implica que, al ver o al escuchar las acciones de otras personas se involucran áreas del cerebro programadas para llevar a cabo acciones similares1. Esto ha llevado al planteamiento de que la comprensión de los estados internos de otros individuos descansan en simulaciones motoras implícitas, en otras palabras, comprendemos lo que otros hacen o piensan porque nuestro cerebro activa programas que utilizaría para llevar a cabo acciones similares2. En las últimas décadas ha quedado bastante esclarecido que la habilidad para leer la mente de otras personas o comprender sus intenciones, así como predecir su conducta radica principalmente en la zona premotora de lóbulo frontal y en varias regiones del lóbulo parietal. Lo que quiere decir desde la perspectiva de la cognición social, es que, las regiones cerebrales motoras y emocionales participan en la percepción que se tiene de otros simulando sus acciones y emociones en nuestro cerebro.

Recientemente se ha sugerido que áreas involucradas en el procesamiento emocional, como lo serían la región anterior de la ínsula y la corteza del cíngulo anterior, podrían estar participando en la simulación emocional de la experiencia de otros individuos. Estas áreas cerebrales se activan cuando experimentamos emociones positivas o negativas o cuando somos testigos de ellas. La evidencia obtenida hasta el momento indica que al estimular eléctricamente estas áreas se obstinen respuesta corporales, lo que señalaría a la simulación emocional no como algo meramente conceptual sino como una representación corporal3. Este último punto podría estar reforzando la vieja tesis que dice: “estamos tristes porque lloramos y no al revés de que lloramos porque estamos tristes”4

Otra región cerebral que participa en la percepción de la experiencia de otros es la somato–sensorial. El sistema somato–sensorial (área cerebral de recepción y procesamiento de estímulos provenientes del cuerpo) se caracteriza por el procesamiento de la información táctil, propioceptiva y nocipercepción (dolor). En esta región se incluye el sistema primario que constituye el área de recepción sensorial principal del tacto y una secundaria, la cual recibe información de la primara para su procesamiento. Una vez la información es procesada en el sistema primario es enviada al sistema secundario donde recibe la influencia de otras áreas de procesamiento sensorial. Este sistema responde a la vista y en algunas ocasiones al estímulo táctil, lo que hace suponer que este sistema secundario, además, acarrea la simulación de percepción táctil. En otras palabras cuando uno ve que están tocando algo, el cerebro lo simula como si lo estuviéramos experimentando. La simulación es completa, ya que no tan sólo se simula la percepción táctil sino las formas y las maneras de lo que uno está viendo. Interesantemente este es el sistema que se activa cuando se observar películas pornográficas y es por esto que nos excitamos cuando vemos tocar zonas erógenas. 

Christian Keysers y col. han revisado el tema de manera excepcional, trayendo a la luz la forma de cómo tanto la región motora y adjuntos, participan en unión con el área somato–sensorial en la elaboración de una dimensión somática de nuestra percepción de la experiencia de otros. Tradicionalmente a esta región se le ha identificado únicamente con el procesamiento de la información sensorial recibida del cuerpo. Sin embargo, para una comprensión mayor de cómo actúa la percepción y procesamiento de la información, se le ha incluido la región de la corteza del cíngulo anterior y la parte anterior de la ínsula, las cuales procesarían el valor emocional del estímulo somato–sensorial.       

Keysers y col. señalan que cuando observamos las acciones de otros, la actividad indirecta del área premotora, de la región parietal posterior y de la zona somato–sensorial contribuye cada una a diferentes aspectos de la percepción de las acciones de otros. Estas regiones programan nuestra respuesta motora, detectando las intensiones de otros y experimentando lo que se sentiría el mover el propio cuerpo en la forma observada respectivamente. En algún momento de nuestra vida todos hemos experimentado lo aversivo que representa el ser testigo del dolor ajeno. Por ejemplo, si vemos la cara de nuestra pareja expresando dolor, nos sentimos fuertemente angustiados. Si en la cocina lo vemos cortarse el dedo con un cuchillo filoso, no tan sólo nos sentimos angustiados sino que nos inclinamos a agarrar nuestro propio dedo. Este conocimiento se aplica en la producción cinematográfica, ya que se sabe que las imágenes y las filmaciones pueden producir el mismo efecto en el cerebro que un acontecimiento en vivo.

Los estudios de imágenes del cerebro a través de la resonancia magnética funcional han corroborado todos estos descubrimientos. Al presentarse filmaciones o imágenes de personas sufriendo experiencias traumáticas, la región del procesamiento nociceptivo se activa en los observadores. Lo que ha podido servir para concluir que la empatía por el dolor involucra los componentes afectivos, aunque no así los componentes sensitivos de éste5. El cine y la televisión tienen su gran éxito gracias a que nuestro cerebro simula las acciones y emociones observadas en la pantalla. Citando a los investigadores antes mencionadas, “parece que las películas pueden meterse bajo nuestra piel como si nosotros fuéramos los protagonistas de ellas”.

 

1 Ricciardi, E. et al. Do we really need vision? How blind people ‘see’ the actions of others. J. Neurosci. 29, 9719–9724 (2009).

2Rizzolatti, G. & Craighero, L. The mirrorneuron system. Annu. Rev. Neurosci. 27, 169–192 (2004)

3Christian Keysers, Jon H. Kaas and Valeria Gazzola, Somatosensation in social perception, Nature Review–Neuroscience, Vol. 11, 517428 ( 2010)

4James, W. (1894). The Physical basis of emotion. Psychological Review, 1, 516–529.

5Singer, T. et al. Empathy for pain involves the affective but not sensory components of pain. Science 303,

 

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