Logo de La Jornada de Oriente
Cargando...

Cultura, religión y violencia

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-07-11 04:00:00

 

Los cambios en la conciencia, producto del ejercicio abstracto del conocimiento y de la manipulación de los espectros de la conciencia permitieron el desarrollo de una cosmogonía propia de finales del paleolítico superior. La interpretación de la realidad inmediata a partir de los estados alterados de la conciencia y de la identificación sustitutiva con el mundo animal, dio base a una mitología, que si bien tiene variantes en cada sociedad especifica, en ellas se retoman la estratificación cosmológica del universo (inframundo–terrenal–los cielos).

En un momento determinado de la historia del ser humano, la conciencia de nivel superior permitió a un grupo de personas dentro de una comunidad más amplia apoderarse de las experiencias de los estados alterados de la conciencia y apartarse de aquellos que, por las razones que fueran, no tenían esas experiencias. Lo que podríamos llamar experiencias místicas o en último de los casos, trances estáticos, se convirtió en el coto vedado de aquellos que dominaron las técnicas necesarias para acceder a visiones. Aunque todo el mundo tiene el potencial neurobiológico para entrar en estados alterados de conciencia, esos estados no están socialmente abiertos a todos1.

Al igual que hoy, la posibilidad de desarrollar las capacidades cognitivas incide firmemente en el estrato social al que uno puede acceder. En este caso, de acuerdo a Lewis–Williams, el espectro de la conciencia humana se convirtió así en un instrumento de discriminación social, no el único, pero sí uno importante, su importancia estribó en la forma en la que la socialización del espectro dio origen a la realización de imágenes. Debido a que la realización de imágenes estuvo relacionada, al menos inicialmente, con la fijación de visones, el arte (por volver al término general) y la religión nacieron de forma simultánea en un proceso de estratificación social. El arte y la religión, por consiguiente, fueron socialmente divisorios. Es así como fueron surgiendo las diversas posturas que posteriormente van a servir para diferenciar a toda costa al “otro”, a quien lo vemos como rival. Este afán de diferenciación va a dar pie a la necesidad de la “verdad”.

Las creaciones artísticas del arte rupestre y los visionarios chamanes significaron el inicio de la división social del trabajo en una sociedad que apenas se agrupaba en pequeños grupos familiares. En esta ocasión, probablemente, el “chamán también era el artista, lo que hacía que su poder social aumentara. El arte, como medio de expresión y comunicación, sirvió de enlace social, el conocimiento cosmología que en él se encerraba proviniendo, en gran medida, de las experiencias de los videntes –aquellos que ven el cosmos y viajan a través de él– se dispersó en el mundo del paleolítico. Si bien, como dice Lewis–Williams, el arte y la religión nacieron juntos, la cultura en su conjunto parece haber descansado sobre la religión. 

El controvertido filósofo francés, René Girard2, resalta una visión de la naturaleza humana que compagina con la interpretación que otros autores tienen de la relación entre cultura y religión. Este autor señala, que la cultura humana se sienta sobre los hombros de la religión, que, a su vez, se deriva de la ritualización de la violencia social a través del mecanismo de hacer chivos expiatorios. Según el análisis de varios autores, Girard opina que, la cohesión unitaria de los miembros de una sociedad en contra de alguien se logra gracias a ciertos hechos de violencia inconfesables, perdidos, sumidos en el olvido, hechos que están presentes, aunque ocultos en los mitos.

El mito es lenguaje y por tanto existe por medio de narraciones y re–narraciones3. Sus narraciones son frecuentes y repetidamente en lo que son circunstancias y lugares con una fuerte carga emocional. Son estos contextos cargados de emociones los que facilitan la evocación de significados “profundos” a partir de lo que puede parecer, a ojos de un extraño, una narración banal salpicada de sucesos insólitos. Según Lewis–Williams, la emoción, aliada de manera estrecha con la conciencia cambiante, interioriza los mitos y los graba a fuego en las mentes de las personas.  Los mitos se sitúan en el seno de la cosmología de la gente que les da crédito; de hecho, los mitos reproducen, o refuerzan, la cosmología cada vez que son renarrados, simplemente por tomar el cosmos como escenario para los orígenes, acontecimientos, viajes, transformaciones y seres que el mito describe. La mayoría de los investigadores coinciden en señalar que los mitos están socialmente situados –los grupos de personas se definen a sí mismos en parte por los mitos con los que se asocian4. Por consiguiente, la sociedad en sí es más importante para la comprensión de un mito que cualquier otro fenómeno incluido en él.

Por otro lado, los sacrificios humanos son parte del pensamiento religioso. Aunque, el concepto de chivo expiatorio es una extensión más desarrollada del propio concepto de sacrificio. En términos más genéricos, el sacrificio puede ser identificado como una costumbre extendida por todo el mundo, donde la literatura intenta explicar las ideas de un trato con los dioses, la propiciación y la sustitución de un ser humano por un animal. En el caso de los orígenes de la práctica del sacrificio, ésta debe ubicarse dentro del cosmos estratificado, producto de la cosmología paleolítica (chamanismo). En este contexto el sacrificio, tanto humano como animal, está postulado sobre una idea de transición entre reinos cosmológicos.

La transición del sacrificio, este proceso de avance cosmológico, está en manos de un especialista ritual que, se cree, guarda las llaves a otros reinos. Los propios sacrificadores ganan así poder mediante el acto del sacrificio. Son ellos los que envían a un ser humano o a un animal desde el mundo material hasta la dimensión espiritual. Controlan la “muerte” como transito cosmológico. La sangrienta demostración de este poder aumenta su propia influencia social como especialista rituales y las de sus colegas5. El poder para afectar emocionalmente a la gente reside en que, el sacrificio conecta las diversas divisiones del cosmos y afecta de este modo a la vida cotidiana. Es sobre esta base sobre la que se construyen los elaborados rituales y mitos.

Aunque el concepto de la muerte es algo complejo, moldeado por las sociedades individuales, en muchos lugares significa “transición al mundo de los espíritus por cualquier medio”. En el mundo chamánico, el origen del sacrificio se debe entender en este contexto. El término expiación, y por con siguiente, chivo expiatorio, es de origen hebreo, varios milenios posteriores al origen de la religión.  En un contexto histórico, debe existir primero el concepto de culpa y pecada para que así se acompañe al de la expiación. Sin embargo, no hay duda, de que tanto la religión como la cultura son elementos de discriminación social, las cuales, desde su origen,  no se han basado en la edad, el sexo o la fuerza física. 

 

1Lewis–Williams D. (2009) Dentro de la mente neolítica, ed Akal, Madrid.

2Girard, René (2005). La violencia y lo sagrado. Editorial Anagrama. .

3Lévi–Strauss, 1995, Antropología Estructural, Paidós Barcelona.

4Ibid, Lewis–Williams

5Ibid, Lewis–Williams.

Si desea más información sobre esta

columna puede escribir al correo electrónico

[email protected]

Share
La Jornada
Nacional Michoacan
Aguascalientes Guerrero
San Luis Veracruz
Jalisco Morelos
Zacatecas  
Tematicas
Defraudados Izquierda
AMLO Precandidatos 2012
Servicios Generales
Publicidad
Contacto
© Derechos Reservados, 2013. Sierra Nevada Comunicaciones S.A. de C.V.