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Chamanismo y conciencia

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-05-09 04:00:00

Adiferencia de otras especies, que sólo cuentan con la estructura cerebral para tener una conciencia primaria, el Homo sapiens desde sus orígenes poseyó un sistema nervioso igual al nuestro, capaz de reflexionar y llevar a cabo funciones de orden superior, esto es conocer que conoce. Sin embargo, en su nacimiento evolutivo estuvo rodeado de organismos y especies carentes de las mismas habilidades neuronales que ellos poseyeron, lo que implicó que el lenguaje necesario para ejercitar una conciencia reflexiva tuvo que ser creado. La cultura como comunicación prácticamente partió de cero. Tardó varias decenas de miles de años antes de que pudieran poseer un lenguaje articulado, lo que es igual, antes de que se pudieran ver expresiones simbólicas con sentido. En un intento por conocer la genealogía de la conciencia del ser humano he dividió nuestra historia en tres simples renglones: Las sociedades–familias de cazadoresrecolectores de alimentos, la civilización agraria y la civilización industrial. 

Las diversas clasificaciones de épocas y periodos de la historia del ser humano han dependido en gran medida de la disciplina o el interés del investigador que la estudia. Tanto unos como otros han utilizado eventos sobresalientes que marcan momentos relevantes de esa historia, los cuales ayudan a demostrar la tesis sostenida por ellos. En lo particular he de hacer lo propio. El criterio que utilizaré para clasificar nuestra historia será la forma en que el ser humano ha enfrentado tres presiones evolutivas que, podríamos identificar como tres momentos que han coexistido desde el primer Homo sapiens a la fecha1. El primero consistió en la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades de vivienda, alimentación, bebida, ropa, etcétera, es decir, la producción de la vida material misma. La segunda consistió en que la satisfacción de esta primera necesidad, la acción de satisfacerla y la adquisición del instrumento necesario para ello condujeron a nuevas necesidades, y esta creación de necesidades constituye un aspecto primordial en la supervivencia de la especie. Un tercer aspecto, imprescindible para la continuidad de la especie, es la reproducción.

Una vez comienza la reproducción en la nueva especie, el Homo sapiens, éstos se agrupan en sociedades–familias de cazadores–recolectores de alimentos. Las sociedades–familias se formaron a partir del momento en que entre ellos se establecieron relaciones de comunicación, lo que incluye: la fabricación y el empleo de objetos de uso, y el intercambio parental como núcleo primario de relación social institucionalizada2. La cacería y la recolección de alimentos les permitieron producir los medios indispensables para vivir, a su vez, produjeron y utilizaron las herramientas líticas, las cuales eran gruesas, pesadas, toscas y difíciles de manejar. El trabajo de la piedra y sus expresiones culturales ubica el origen del Homo sapiens al final del paleolítico inferir (150 mil años antes del presente, hasta el Neolítico, al final de la última glaciación, 11,500 años a.p).

Numerosos etnólogos dicen que entre los cazadores–recolectores el chamanismo es el sistema de religión más frecuente3, el chamanismo parece especialmente adaptado a las sociedades de tipo igualitario. Éste es el caso de las poblaciones de cazadores–recolectores. Muchos autores señalan este lazo, reconociendo en la caza el papel de sustrato del chamanismo, lo que se encuentra inscrito en la evidencia de los hechos”4. De acuerdo a Jean Clottes y David Lewis–Williams, esto no significa que otras culturas que tengan economías diferentes no puedan ser chamánicas, ni que los cazadores–recolectores tengan siempre y obligatoriamente prácticas chamanicas. El chamán desempeñó un papel destacado en la mayoría de los grupos–familiares, como intermediario entre los hombres y los “dioses” y como poseedor de conocimientos superiores a los del resto del grupo.

A partir del paleolítico superior, 30.000 años a. p., las prácticas chamánicas comienzan a ser expresadas simbólicamente a través de lo que se ha denominado “arte rupestre”. Estas expresiones simbólicas se refieren a la actividad humana sobre las paredes de cavernas, covachas, abrigos rocosos e, incluso farallones o barrancos, entre otros. Desde este aspecto, no son sólo los dibujos o pinturas las que recogen las expresiones chamánicas, sino que son todas las manifestaciones pictóricas como los grabados, las esculturas y los petroglifos, grabados sobre piedra mediante percusión o erosión.

El arte de las cuevas del paleolítico, de acuerdo a Clottes y Lewis–Williams, tenían una doble función: facilitar las visiones y acceder a los poderes a través de la pared, que era una suerte de velo entre el otro mundo y el nuestro. Así, el uso de relieves naturales cobra pleno sentido: se creía que el propio espíritu del animal estaba presente en la roca, literalmente al alcance de la mano. Mediante las representaciones, se llegaba a él a través del velo de la pared y se conectaba con su poder. El arte rupestre no puede ser considerado arte por el arte, expresión individualista propia de nuestra época, las expresiones pictóricas son una vía de comunicación entre el mundo chamánico, el cual puede incluir tanto lo subterráneo como lo alto, y el mundo natural. Es un mundo vivo por donde se transita a través del trance en éxtasis.

El carácter universal de la cosmología generando en estas sociedades es el producto de la relación de las unidades culturales propias de la comunidad sobre sus experiencias “espirituales” y la internalización que el chamán hace de ellas. En palabras de Mircea Eliade5, no son los chamanes los que han creado, por sí solos, la cosmología, la mitología y la teología de sus tribus respectivas; se han limitado a interiorizar, experimentar y utilizar esas concepciones como el itinerario de sus viajes extáticos. Esto hace que el conocimiento que se asimila entre los que están en “plena conciencia” se relacione con las visones producto del estado de la conciencia alterada en que se encuentra el chaman. La cosmos visión de las sociedades de cazadores–recolectores debió depender casi enteramente de la forma en cómo ellos chamanes del grupo interpretaban el mundo natural a partir de las alucinaciones y visones obtenidas durante trance en las cuevas. 

Es difícil hablar de una civilización o de humanidad en una época como la paleolítica dadas las características poblacionales y su organización en pequeños grupos familiares y con una población mundial no mayor de medio millón de personas. Por tal motivo, como dice Clottes y Lewis–Williams, no se trata de buscar una “mentalidad primitiva”, sino más bien convergencias en las formas de pensar, de concebir el mundo y actuar sobre él –los “universales”– que podrían, si no aplicarse tal cual a los hechos paleolíticos, al menos darnos las claves posibles para su interpretación. Los actos, con conocimiento, en plena conciencia, se recrearon en la retroalimentación que se estableció entre el chamán y su grupo social, estos a su vez compartieron con otros núcleos sociales que de igual forma experimentaban las mismas prácticas extáticas, lo que generó una visión común entre ellos. Esto es posible gracias al carácter neuropsicológico del trance chamánico.

 

1Marx C., Engels F., Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialistas e idealistas, Obras Completas, Traducción al Español, Ed Progreso, Cap. I de la Ideología Alemana, p 26–28, 1980, Moscú.

2Ecco U., 2011, La Estructura Ausente, Introducción a la semiótica, 2ed Debolsillo, México.

3Perrin, M (1955): Le Chamanisme. Paris, PUF, coll “Que saisje?: p. 92–93 (Tomado de Jean Clottes y David Lewis–Williams, ( 2010) Los Chamanes de la Prehistoria, Ariel, España, p 152153).

4 Hamayon, R. (1990) La Chassse á l’ âme Esquisse d’une théorie du chamanisme sibérian. París, Société d’Ethonologuie, Université de parís X, 880 pp. (Tomado de Jean Clottes y David Lewis–Williams, ( 2010) Los Chamanes de la Prehistoria, Ariel, España, p 152153).

5Eliade M., 1982, El Chamanismo y las Técnicas arcaicas del Extasis, FCE, México.

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