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La cimentación del conocimiento y nuestra historia

Por: Rafael H. Pagán Santini

2012-09-05 04:00:00

Existe un fuerte debate entre las diferentes ciencias que estudian el cómo se adhiere el conocimiento al cerebro, en otras palabras, cómo el conocimiento se adhiere a nuestro “pellejo”. Y digo pellejo porque, pareciera que el conocimiento que poseemos siempre ha estado con nosotros, que es parte de uno. La verdad es que esto es parte de la ilusión que el cerebro–memoria produce en nosotros, cuando en realidad si el grupo de neuronas que atesora nuestros recuerdos muere, también estos desaparecerían. Nada como la demencia senil, el Alzheimer o un accidente cerebral para demostrarnos este hecho. Sin embargo, los mecanismos y la forma en que el conocimiento va tomando significado en nuestras vidas es motivo de debate entre las ciencias del cerebro.

De acuerdo con Lawrence W. Barsalou1, el punto de vista tradicional sostiene que la cognición es un cálculo (computacional) de símbolos amodales en un sistema modular, independiente de los sistemas modulares del cerebro como lo serían la percepción, la acción y la introspección. Esto quiere decir que, el conocimiento residiría en el sistema de memoria semántica, separado de los sistemas modulares del cerebro encargados de la percepción (eje., visión, audición), de la acción (eje., movimiento, propocepción) y de la introspección (eje., estados mentales y afectivos). La visión tradicional entiende que las representaciones del sistema modal (conglomerado de neuronas que forman un área específicas para una actividad cerebral determinada) se transducen en un sistema de símbolos amodales que representan el conocimiento de la experiencia en la memoria semántica. El punto central en esta teoría es que el conocimiento se adquiere a través de la percepción de estímulos, los cuales el cerebro los transduce en códigos para almacenarlos y reorganizarlos en diferentes partes del cerebro, dependiendo del área de percepción que los recibe, donde luego son evocados en el momento del recuerdo a través de la memoria semántica.

La teoría alternativa, la que en inglés llaman “Groundend Congnition”, Cognición Cimentada, señala que el conocimiento se arraiga en el cerebro a través de la simulación modal, los estados corporales y la acción situada. La simulación modal sería la recreación de los estados perceptivos, motores e introspectivos adquiridos durante la experiencia con el mundo, el cuerpo y la mente. Algo muy importante en esta teoría es el papel que el cuerpo juega en la generación del conocimiento. De acuerdo con los autores que defiende este punto de vista, el cuerpo desarrolla diferentes estados, los cuales tienen significado y se adhieren al cuerpo de conocimiento que el cerebro va dando significado. La acción situada se refiere a la experiencia inmediata, que mientras va ocurriendo, el cerebro la captura a través de diversas modalidades y las integra en un sistema representacional  multimodal que almacena en la memoria.

Como es muy común entre teorías polarizadas, ambas se sostinen con fuerte evidencia experimental, de otra forma ninguna de las dos hubiera podido salir del tintero de los autores. Además, en muchas ocasiones las dos teorías están describiendo diferentes aspectos del mismo objeto de investigación. Es indudable que las bases de la memoria y del funcionamiento cognitivo superior se forma a través del circuito neural responsable de la percepción, los cuales forman conexiones sinápticas que son fijas, asegurando así la precisión de nuestro mundo perceptual. El circuito neural responsable de la memoria tiene conexiones sinápticas que cambian en fortaleza con el aprendizaje. El problema con este punto de vista es su explicación reduccionista no su valides. Por otro lado, en el proceso de cimentación del conocimiento participan las diferentes capacidades cognitivas que el ser humano posee. No es ajeno a nuestra experiencia el hecho de que nos torcemos ante un evento traumático, este acto muy probablemente nunca se nos olvidará. La recreación del conocimiento es una capacidad reflexiva de orden superior que los animales no poseen. Además, tanto la captura de los estados corporales, así como la los estados situacionales, los cuales se integra en un sistema representacional multimodal, no son más que la adquisición de información consiente o inconsciente del cerebro de un evento específico el cual será recordado posteriormente. Estos momentos sólo pueden almacenarse utilizando los mecanismos reduccionistas antes expuestos.

Probablemente podemos comprender mejor este debate si utilizamos algunos ejemplos de nuestra historia. El amerindio que pobló lo que hoy se identifica como Mesoamérica contó con la estructura neuronal que el hombre moderno posee, sin embargo, sus capacidades cognitivas tuvieron que ser estimuladas para que éstas pudieran llevarnos a lo hoy conocemos como la cultura mexicana. La adquisición de conocimiento vino a la par con el desarrollo del lenguaje, producto de la propia experiencia. El aprendizaje de nuevos conceptos abstractos posibilitó nuevas conductas más complejas y elaboradas. Gracias a la recreación–interacción entre pensamiento y lenguaje la cognición fue evolucionando. Recordemos que el desarrollo cognitivo es una consecuencia de la función comunicativa, es la que va a cambiar la propia configuración de nuestro pensamiento y de nuestras propias acciones. Así, toda comunicación sirve de enriquecimiento de nuestro pensamiento, pues la experiencia de la sociedad pasa a ser nuestra de una forma ágil y rápida, incluso en cada cambio generacional2.

Aproximadamente 3 mil 500 años atrás el simbolismo arquitectónico tomaba forma, aparecieron los montículos y las pirámides. Se acentuó la división del trabajo creando una masa indígena–campesina explotada por menos de 2 porciento de la población total. Por ejemplo, para la construcción de la principal pirámide de La Venta se necesitaron, por lo menos, 800 mil días de trabajo individual, en una población de aproximadamente 18 mil personas3. Aunque, no existe evidencia de que los olmecas fueron los primeros en iniciar los sacrificios humanos en Mesoamérica, se ha encontrado evidencia de un entierro primario donde la persona fue mutilada de sus cuatro miembros. Este descubrimiento, hecho por Alfonso Medellín Senil, y pertenece al periodo preclásico (abarca aproximadamente desde los años 4500 a.C., fecha probable de la elaboración de la primera cerámica mesoamericana; hasta el 200 d.C.). No existe discusión alguna sobre el hecho de que en Mesoamérica la práctica del sacrificio humano fue algo generalizado y culturalmente utilizado para gobernar. Esta práctica político–religiosa moldeó la mente de los observadores y los participantes e influyó en la cosmovisión y en la práctica político–religiosa de todas las generaciones subsecuentes. 

Durante milenios se fue desarrollando una civilización evidentemente superior a muchas del mundo amerindio. Su conocimiento de las matemáticas fue excepcional (los mayas desarrollaron el concepto del cero) y su precisión astronómica se expresa claramente en sus calendarios. Su capacidad arquitectónica no es discutida por nadie. Sin embargo, ese conocimiento perteneció al 2–4 por ciento de la población, que en diferentes tiempos, etnias o lugares, gobernó a la población mesoamericana. El conocimiento se transmitió sólo a los miembros del grupo gobernante, entre sacerdotes y sus descendientes o aprendices.

Frente a nosotros tenemos dos ejemplos que han marcado el desarrollo cognitivo de la sociedad mexicana: por más de 3 mil años se vivió con la imagen del sacrifico humano como forma de poder, sobre todo, en el último milenio ante de la conquista española, y la otra, el conocimiento abstracto producto de un intenso estudio experimental, con prueba y error, hasta alcanzar la precisión exacta del conocimiento científico. La información con capacidad de toma de decisión para gobernar, sólo la poseyó la oligarquía  gobernante. La conquista española sólo repelló y reforzó lo que ya existía, una diferencia de clase donde sólo gobernaba 2 por ciento de la población. Ambas teorías cognitivas nos ayudan a comprender cómo la observación de miles de sacrificios humanos genera un terror suficientemente arraigado en un pueblo como para inmovilizarlo e impedir cualquier acción contraria el gobernante. Nuestra historia no es más que otro ejemplo de cómo el aprendizaje por experiencia se perpetúa en la memoria a través de los cambios neuronales. Es interesante especular cómo nuestra historia ha marcado muestra vida moderna.

1Barsalou LW., 2008, Grounded Cognition, Annu. Rev. Psychol. 59:617–645.

2Rivera–Arrizabalaga A., Arqueología del lenguaje, 2009, ed Akal, Barcelona

3Christian David, 2005, Mapas Del Tiempo, Introducción a la Gran Historia, ed Crítica, Barcelona, España. p 236.

 

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