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Jueves, 8 de septiembre de 2011
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Hay vándalos en el gobierno que quieren destruir el patrimonio, sostuvo Montserrat Gali

 

Montserrat Gali expuso que Alois Riegl, considerado como el padre de la historia del arte, fue un funcionario imperial que entre otras cosas dirigió el Museo de Artes Decorativas de Francia /  Foto Abraham Paredes
PAULA CARRIZOSA

La historiadora del arte Montserrat Gali Boadella comparó un episodio particular que sucedió durante la Revolución Francesa cuando un grupo de “vándalos republicanos” destruyó todo tipo de obras de arte con la excusa de la novedad y la modernidad, con lo que sucede actualmente cuando sigue “el empeño de los gobiernos por conquistar a las masas a través de construcciones en las que gana la novedad y que recuerdan, lo menos posible, al pasado”.

“Ahora existen otros vándalos que gobiernan y que pretenden hacer lo mismo con nuestra ciudad”, afirmó la académica de la UAP al participar en el primer Congreso Nacional sobre patrimonio regional–Puebla que comenzó el día de ayer, el cual tiene el objetivo de discutir el concepto del patrimonio y, sobre todo, cuestionar de manera indirecta las obras que el gobierno estatal realiza, como es el caso del viaducto Ignacio Zaragoza.

Pese a la poca asistencia que hubo en el Paraninfo del edificio Carolino, la académica del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” ofreció la ponencia inaugural de este congreso organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UAP.

A través de la revisión del libro El culto moderno a los monumentos, escrito en 1903 por el francés Alois Riegl, un teórico que planteó la forma en que debe considerarse el patrimonio cultural tangible e intangible; Galí Boadella refirió a los conceptos que a pesar de su antigüedad y su contexto son aplicables a la realidad mexicana.

Señaló que a pesar de que Riegl fue un intelectual que teorizó en torno al patrimonio francés, sus ideas parecen ser más actuales que la ley de 1972, la última de las enmiendas que el gobierno mexicano hizo sobre el patrimonio cultural del país.

“Hace 40 años se notó el predominio de los arqueólogos y lo antropólogos, dos grupos orgánicos del sistema que prevalecieron a lo prehispánico y relegaron los valores históricos y artísticos al Instituto Nacional de Bellas Artes”, manifestó la experta, quien consideró que es momento de revisar la legislación, ya que es urgente proteger y salvaguardar de una mejor manera al patrimonio cultural.

“¿En qué momento nació la preocupación por resguardar las construcciones y las obras antiguas? preguntó Montserrat Gali, para responder que paralelo a la Revolución Francesa (sucedida en 1789) y las acciones que algunos “vándalos republicanos” hicieron en contra de los edificios emblemáticos que hablaban del “pasado monárquico” de aquel país, surgió un grupo de intelectuales que comenzó con la defensa del patrimonio.

En ese tiempo en que “las prostitutas se vestían de monjas y se hacían fogatas con los óleos y los tapices, y los edificios viejos eran considerados como ruinas”, apareció Alois Riegl, considerado como el padre de la historia del arte.

Brevemente, Montserrat Gali expuso que este pensador fue un funcionario imperial que entre otras cosas dirigió el Museo de Artes Decorativas de Francia, fue catedrático de la Universidad de Viena y escribió tres libros teóricos de arte: Teoría de los estilos, en el que abordó la ornamentación, la cual definió como la expresión artística en donde se concentra el estilo fundamental de la cultura; Arte tardo romano, en el que estudia y pondera el arte regional, y El retrato holandés de grupo.

Sobre El culto moderno a los monumentos refirió que fue una publicación en la que se recopilaron algunos de sus pensamientos teóricos. Uno de ellos define al monumento como “una obra que conserva y vincula la memoria, que puede ser cualquier cosa ya sea una escultura, una construcción o hasta un lugar” como un cenote, una cueva o un campo de batalla, como lo serían los cerros de Loreto y Guadalupe en Puebla.

En dicha publicación, Riegl definió al patrimonio como “los bienes o haciendas que unas personas heredan hacia otras con el fin de transmitir la memoria, misma que trae consigo un conjunto de derechos y obligaciones”.

A los “monumentos–documentos”, denominados así porque en ellos se puede “leer” la memoria de las sociedades, el teórico francés adjudicó varios valores: el monumental (que devela la intención para la que fueron erigidos), el rememorativo (que refiere a su carácter memorioso), el artístico (que puede existir o no de acuerdo al contexto) y el histórico (que concibe a la obra como un eslabón de una cadena evolutiva, que permite conocer la historia de un pueblo).

“¿Qué conservamos?”, volvió a cuestionar la historiadora del arte, al referir que Alois Riegl propuso que el “monumento artístico está en contraposición del histórico, y viceversa”, dado que lo artístico supone la novedad y lo moderno, mientras que el segundo concepto refiere a lo antiguo, lo pasado y lo hecho por las generaciones anteriores.

Por último, Montserrat Gali leyó una de las frases escritas por el teórico francés en la que expuso que “los gobiernos construyen obras para conquistar a las masas, ya que éstas agradan a quienes tienen poca cultura artística y los convence la modernidad, además de que ayuda a terminar con lo histórico que usualmente es viejo, descolorido y feo”.

Como en aquellos tiempos, “ellos (los gobernantes) no quieren puentecitos del siglo XVIII, sino edificaciones novedosas que puedan conquistar a la gente y suprimir lo antiguo, quitándonos con ello el goce estético”, concluyó la académica.

 
 
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